Corren buenos tiempos para los fundamentalismos de todo tipo (ideológico, religioso, cultural,...) o especie (pseudoizquierdas y derechas, cristianos y musulmanes, occidente y los demás,...) y nos invaden diariamente, en su necesidad de ganar más adeptos que se apunten en sus cruzadas contra los "Otros", sean quienes sean, a través de todos los medios de comunicación y hasta en los supuestos programas de entretenimiento que cuentan lo que sus imanes-sacerdotes, o dirigentes lanzan por su boquita.
Inició el alistamiento a nivel mundial el viejo amigo de Bush, Bin Laden, cuando habló de recuperar un Al-Andalus que nunca fue musulmán (aclaro: exclusivamente musulmán); le siguió el emperador Bush con la invasión de Irak; continuó el medallista de oro en el congreso de los Estados Unidos, medalla comprada con el dinero de los españoles y españolas, el señor Aznar, cuando recordó que los problemas de ahora vienen de cuando la España cristiana, que nunca fue cristiana (vuelvo a aclarar: exclusivamente cristiana), expulsó a los "moros" (pido disculpas, fueron sus palabras); y corrobora ese discurso el PP cuando se manifiesta abiertamente "humanista cristiano" mezclando la ideología y la política con la religión cristiana (para nada le sirvió al Cristo de los evangelios insistir en aquello de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, sus autoproclamados seguidores ni los deben leer) en un acto de fe que reivindica el cristianismo, como adjetivo ideológico, ese cristianismo que cuenta entre sus logros como institución las guerras de religión que asolaron Europa cuando lo de los protestantes, las inmensas masacres que supusieron las Cruzadas medievales, la Inquisición cristiano-española y la evangelización de comunidades enteras a golpe de espada en América, Asia o África. A partir de ahora ser o votar al PP, lo han aclarado para todo el mundo, supone el apoyo al cristianismo (también al evangélico del séptimo día, a los testigos de Gehová o los mormones, supongo ya que todos forman parte del pensamiento y la herencia cristiana) y a sus "verdades". O sea, preparómosnos para la Cruzada contra los infieles o los "moros", según Aznar, que no tienen derecho ni a su cultura ni a su religión.
Pero si eso es lo que ocurre a nivel nacional e internacional cuidado con lo que se nos avecina a niveles más "cotidianos". La Iglesia católica española ya ha puesto el grito en el cielo ante las "propuestas" de un PSOE que dice que va a revisar los acuerdos con la "Santa" Sede, legislar una educación más laica o un Estado realmente aconfesional y laico como señala la Constitución, y cambiar la legislación sobre el matrimonio y las adopciones o el aborto. Y ante esos gritos el propio PSOE ya se ha puesto a matizar, a aclarar, a posponer,... Y es que cuando la cruz y la espada se unen de nuevo muchos se ponen a temblar y con razón porque el peligro es evidente.
Sin embargo, me parece vergonzoso e impresentable cuando no un atentado contra los derechos humanos que, a estas alturas de la historia, se siga amparando, apoyando y financiando desde el Estado a una ¿asociación? ¿institución? ¿organización? ¿secta? lo que sea que lleva dos mil años predicando y extendiendo la discriminación de la mujer como culpable de un "pecado original" por el que se ha condenado a toda la humanidad, relegándola, según su doctrina, a criar hijos y cuidar maridos como único futuro posible, negándole, por el hecho de ser mujer, insisto, por el hecho de ser mujer (se nos olvida que "nuestra" Constitución no permite este tipo de discriminaciones), la posibilidad de formar parte de sus puestos dirigentes; a una lo que sea que se niega a repartir carnés entre sus afiliados para saber realmente quienes son y así poder jugar con la ambigüedad y la mentira de que son el 93% de la población (según Miguel Ángel Rodríguez en la tele), ¿cuentan y utilizan en sus números hasta los niños y niñas que todavía no han nacido, a los turistas que entran con su cámaras en las iglesias, a las personas que hay en los cementerios,...? ¿aceptarían un sistema democrático basado en encuestas y cálculos "a ojo" para elegir presidentes o repartir impuestos como ellos hacen para mantener sus privilegios?; a una lo que sea que entre sus normas "democráticas" elige a sus dirigentes con la participación única de su casta sacerdotal, sin tener en cuenta para ello a sus "afiliados" y "afiliadas", y que tiene una jerarquía de poder absolutamente dictatorial; a una lo que sea que lleva siglos frenando el progreso y los avances de la humanidad llegando incluso a quemar a los científicos y pensadores y sus escritos; a una lo que sea que quiere difundir todas esas ideas, doctrinas y "verdades" en los centros escolares públicos, no les basta con hacerlo en sus "bienes inmuebles" y a través de los medios de comunicación, ¿se le va a seguir dando amparo y apoyo sin pedirle ni siquiera que se atengan a la Constitución? ¿dónde está la diferencia (solamente en la cruz o la media luna, en el idioma, en las vestimentas,...) con los musulmanes que llevan a cabo sus enseñanzas e imposiciones religiosas en todos los espacios públicos en aquellos países dónde son mayoría y a los que criticamos por "su" fundamentalismo, o con otras religiones, como los judíos en Israel, que hacen lo mismo cuando alcanzan cuotas importantes de poder?
Como decía al principio, buenos tiempos para los fudamentalismos y los fundamentalistas, para los discursos únicos de uno u otro bando (¿o será banda?), para las guerras contra el "Otro", para la revitalización de organizaciones, o lo que sean, que no respetan "nuestra" Constitución,... Habrá que estar muy atentos ante las trampas mediáticas y resistir los embates que se nos avecinan con, quizás, las mejores "armas" de los seres humanos, el pensamiento, la imaginación y la palabra, frente a la utilización obscena que hacen de los sentimientos individuales y colectivos (incluso escuchaba estos días con estupefacción a dirigentes socialistas, supuestamente de izquierdas, hacer profesión de fe, con el pecho henchido de ardor guerrero, sobre la defensa a ultranza de la patria, la bandera y el himno, o defender el catolicismo como valor en el que atrincherarse, simplemente, por formar parte de "nuestra" más honda, -rancia, atávica y lamentable, habría que añadir-, tradición cultural y patrimonial) y de la fuerza, estrategias que hunden sus raíces, se alimentan y alimentan el microfascismo, para conseguir sus fines imperialistas o puramente lucrativos.
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