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Trabajo inmaterial. Formas de vida y producción de subjetividad

Autores: Maurizio Lazzarato y Antonio Negri. Publicado en Pete Baunmann

Miércoles 1 de diciembre de 2004, por ediciones simbioticas


Los cuatro primeros capítulos presentados en este libro corresponden a artículos escritos por Maurizio Lazzarato en períodos diferentes y que fueron todos publicados en la revista francesa Futur Antérieur [1]. El primero y el más importante de ellos ("Trabajo inmaterial y subjetividad") fue escrito con Antonio Negri en 1991. Tratase de un verdadero programa de trabajo teórico y empírico que se desenvuelve y se desarrolla, inclusive, en otros capítulos de Maurizio Lazzarato propuestos en este libro.

La mayoría de estos artículos fueron escritos en el marco del debate francés sobre reestructuración productiva, crisis del fordismo y transformaciones del trabajo. El quinto capítulo fue escrito por Lazzarato en ocasión de la publicación de una colección destinada al público italiano (Lazzarato, 1997). En este, por un lado, Lazzarato reivindica la línea teórica a lo largo de la cual se desenvolverán las investigaciones que condujeron a la noción de trabajo inmaterial. Por otro, dialoga con otros autores italianos que, perteneciendo a la misma línea, avanzaron con contribuciones originales al proyecto teórico y político lanzado por el artículo de trabajo inmaterial. Por un lado pues, Lazzarato coloca la elaboración de la noción de trabajo inmaterial dentro de la corriente neomarxista italiana de la década de 1960 conocida como operaismo [2]. Por otro, intenta avanzar en el debate de las nuevas figuras del trabajo discutiendo con las contribuciones empíricas y teóricas de Sergio Bologna sobre "trabajo autónomo" (Fumagalli & Bologna, 1997; Bologna, 1998), de Christian Marazzi sobre las "acciones del lenguaje" en el trabajo (Marazzi, 1994) y, en fin, de Paolo Virno sobre la noción marxista de General Intelect y, más en general, las relaciones entre trabajo y acción (Virno, 1994)

Inicialmente limitada a círculos políticos y académicos estrechos, el abordaje en torno al trabajo inmaterial acabó desbordándose y se convirtió, a fines de esa década, en una referencia obligada. Encontramos un marco fuerte para la propuesta de Negri y Lazzarato en el espacio que le fue dedicado en un reciente libro de André Gorz (Misères du présent. Richesse du possible) [3] y también en la pintura monumental que Luc Boltanski y Eve Chiappello dedicaran al análisis del "nuevo espíritu del capitalismo" (1999). En la medida que la noción de trabajo inmaterial encontrara su legitimidad en la importante crítica al nuevo régimen de acumulación capitalista, esta literatura de origen operaista comenzó a llegar a Brasil.

En realidad, la integración de estas contribuciones teóricas al debate brasilero sobre reestructuración productiva y globalización se hace en un marco general de crítica al trabajo bastante estancada y, paradojalmente, "conservadora". Las causas de estas resistencias, en Brasil, en las innovaciones de las herramientas teóricas en la crítica al trabajo son múltiples. Buena parte de ellas son de origen ideológico. Otras, también muy importantes, están inscriptas en las específicas dimensiones estructurales del mercado de trabajo y de la relación salarial en Brasil.

En el plano ideológico, los diferentes tipos de "resistencias", podemos fácilmente atribuirlas (sin por ello querer reducirlas) a la hegemonía de una visión teórica, heredada de un cierto marxismo ortodoxo y de una cierta tradición de "movimiento obrero organizado", que ve la emergencia de la clase (y de sus organizaciones) como una consecuencia de la relación con el capital: identificando el destino de los trabajadores con la relación salarial, hipoteca la vitalidad de las luchas a la evolución de la curva de empleo (formal y preferiblemente de tipo industrial!) De manera paradojal y grotesca, un batallón de críticos fieros del capital acaba postulando que el horizonte de las luchas depende de la sumisión a la "maldición" del trabajo asalariado. Es desde este punto de origen general, que se oscurece cualquier posibilidad de pensar la constitución del trabajo (y por tanto su crítica) "fuera" de la relación con el capital (que se convertiría en la "maldición" del trabajo asalariado "disponible") y también otros ángulos ideológicos que hacen del trabajo material un valor en sí. Estos recusan el concepto de trabajo inmaterial por el simple hecho de que continúan repitiendo el enredo de un "desenvolvimiento de las fuerzas productivas (que) posibilitan la ruptura con las antiguas concepciones religiosas" (Lessa, 2000, p. 43) y de una noción de trabajo que termina reivindicándose en el método marxista (la centralidad ontológica del trabajo), o subordina la instrumentalización dinámica y técnica (y de sus "transformaciones de la naturaleza") [4]. De manera menos conservadora, otros autores intentan ir más allá de estas posturas. Más, muchas veces se trata de una apertura bien superficial, puesto que lo inmaterial es integrado y reducido en lo material (Antunes, 2000). Es esta la operación que hace Ricardo Antunes: la presentación de la tesis sobre desmaterialización del trabajo es finalizada por el mantenimiento de las duplas tradicionales que oponen "trabajo e interacción, (...), praxis laborativa y praxis interactiva o intersubjetiva" (Antunes, 1999, p. 134) [5] y, por fin, destinada a poder afirmar que el "extrañamiento (...) del trabajo se encuentra, en su esencia, preservado" [6]. En el fundamento, estos autores nos dicen en la medida en que "la Internet solo es virtual ante la venta de las mercaderías, cuya producción y entrega se sigue dando en el campo de la ‘nueva economía’ podemos continuar confiando en las ‘leyes básicas del sistema capitalista’ " (Fiori, 2000) [7]

En el plano más estructural el desenvolvimiento "contraído" (en lo periférico) de la relación salarial de tipo económico [8] hace que, en el Brasil, el mercado del trabajo formal siempre convive con importantes bolsones de miseria y con un trabajo informal que era (y aún es) profundamente correlativo. Al mismo tiempo la explosión de la informalidad y toda forma de precarización del trabajo (y de la vida) acontece en una situación de ausencia de un verdadero sistema de welfare y de los diversos dispositivos de cobertura social de los cuales los trabajadores precarios pueden disponer en la Europa Occidental (y también ahora en menor medida en EUA). En efecto, la mezcla de antiguas y nuevas formas de informalidad y flexibilidad impone, en el caso brasilero, oportunas traducciones de las contribuciones teóricas basadas en las transformaciones de las economías centrales [9]. Pero estas restricciones suenan de manera mucho más problemáticas para los defensores de una centralidad del trabajo fundamentalmente ligada a sus modelos de fábrica: por un lado, por el hecho de que la relación salarial de tipo fabril solo envuelve porciones restringidas de la población brasilera; por otro, por el hecho que, menos en el caso (importantísimo pero restringido) del polo automovilístico del gran ABC paulista, tiene acceso por la relación salarial de tipo fabril hasta ahora fue garantía de acceso material a los derechos, o sea de una verdadera inserción ciudadana de los "trabajadores" [10].

En fin, la modernización de los procesos de trabajo (acelerada de manera irreversible por la apertura económica del país a lo largo de la década de 1990) ya apunta de manera dramáticamente clara la divergencia entre dinámica industrial y dinámica del empleo industrial (Cardozo, 2001).

El desafío es, pues, sobrepasar estas limitaciones ideológicas y/o estructurales, alcanzar un nuevo nivel en la reflexión crítica sobre las transformaciones del trabajo y enfrentar, de la manera más abierta posible, el debate sobre la fuerza de fragmentación social que el nuevo régimen de acumulación acarrea. Esto significa abandonar, al mismo tiempo, toda nostalgia por las grandes homogeneidades de la época taylorista y todo determinismo implícito en los análisis que señalan la emergencia de los paradigmas productivos del posfordismo, con sus determinantes de reorganización, especializada y flexible del capital y sus firmas. La reestructuración industrial, la emergencia de un nuevo régimen de acumulación globalizado, basado en la producción de conocimientos y en el trabajo vivo (cada vez más intelectualizado y comunicativo), pueden (y deben) ser pensados como procesos contradictorios, donde las contradicciones no son las de un pasado de homogeneidades fabriles, pero que se encuentran en el presente en las nuevas formas de exploración y de la composición técnica del trabajo, en las nuevas luchas del proletariado, y, en particular, del proletariado urbano. Esto pasa, justamente, por la recuperación de las dimensiones constitutivas, y por eso revolucionarias, del trabajo vivo.

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