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Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho. Cartas desde la prisión. Ricardo Flores Magón
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Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren

Daniel Bensaid en Revista Globalización

Miércoles 17 de agosto de 2005, por ediciones simbioticas


"Nos encontramos con una doble responsabilidad: la transmisión de una tradición amenazada por el conformismo, y la exploración de los contornos inciertos del futuro".

En el transcurso de la última década (desde la desintegración de la Unión Soviética y la unificación alemana), algo se terminó. Pero ¿qué? ¿El "siglo corto" del que hablan los historiadores, iniciado con la Primera Guerra Mundial y terminado con la caída del Muro de Berlín? ¿El corto período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, marcado por la bipolaridad de la Guerra Fría e ilustrado, en los centros imperialistas, por la acumulación y la regulación fordista? ¿O también un gran ciclo dentro de la historia del capitalismo y del movimiento obrero, abierto con el desarrollo capitalista de los años 1880, la expansión colonial, y el surgimiento del movimiento obrero moderno simbolizado por la formación de la IIª Internacional?

Los grandes enunciados estratégicos de los que aún somos hacedores datan en gran parte de este período de formación, anterior a la Primera Guerra Mundial: se trata del análisis del imperialismo (Hilferding, Bauer, Rosa Luxemburgo, Lenin, Parvus, Trotsky, Bujarin), de la cuestión nacional (Rosa Luxemburgo de nuevo, Lenin, Bauer, Ber Borokov, Pannekoek, Strasser), de las relaciones partidos-sindicatos y del parlamentarismo (Rosa Luxemburgo, Sorel, Jaurés, Nieuwenhuis, Lenin), de la estrategia y los caminos del poder (Bernstein, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky). Estas controversias son tan constitutivas de nuestra historia como las de la dinámica conflictiva entre revolución y contrarrevolución inaugurada por la Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

Más allá de las diferencias de orientación y de las opciones a menudo intensas, el movimiento obrero de esta época presentaba una unidad relativa y compartía una cultura común. Se trata, hoy en día, de saber qué queda de esta herencia, sin dueños ni manual de uso. En un editorial muy poco claro de la New Left Review, Perry Anderson estima que desde la Reforma el mundo nunca estuvo tan desprovisto de alternativas de cara al orden dominante. Charles-André Udry, con mayor precisión, constata que una de las características de la situación actual es la desaparición de un movimiento obrero internacional independiente. Estamos entonces en medio de una transición incierta, donde lo viejo agoniza sin ser abolido, y donde lo nuevo se esfuerza en surgir, atrapado entre un pasado no superado, por un lado, y por la necesidad cada vez más acuciante de un programa de trabajo autónomo, que permita orientarse en el mundo que emerge frente a nuestros ojos, por el otro. Debido al debilitamiento de las tradiciones del antiguo movimiento obrero es, en efecto, grande el peligro de resignarnos ante la mediocridad de nuestros interlocutores y contentarnos con algunas conquistas de eficacia comprobadamente polémica. Por cierto, la teoría vive de los debates y confrontaciones: siempre somos tributarios de sus defensores y sus adversarios. Pero esta dependencia es relativa.

Es fácil constatar que las grandes fuerzas políticas de la izquierda plural, el Partido Socialista, el Partido Comunista, los Verdes, son bastante poco estimulantes cuando se trata de abordar los problemas de fondo. Pero también hay que recordar que, a pesar de sus ingenuidades y a veces de sus excesos juveniles, los debates de la extrema izquierda de los años setenta eran mucho más enriquecedores.

Hemos iniciado entonces el peligroso tránsito de una época a la otra y nos encontramos en el medio del río, con el doble imperativo de no permitir la pérdida de la herencia y de estar dispuestos a recibir lo nuevo a inventar. Nos encontramos entonces comprometidos y con una doble responsabilidad: de transmisión de una tradición amenazada por el conformismo, y de exploración de los contornos inciertos del futuro. A riesgo de parecer chocante, me gustaría encarar esta terrible prueba con un espíritu que calificaría como de "dogmatismo abierto". "Dogmatismo", porque, aun si esa palabra tiene mala prensa (según el sentido común mediático, siempre vale más ser abierto que cerrado, light que pesado, flexible que rígido), en toda teoría, la resistencia a las ideas en boga tiene sus virtudes: el desafio a las impresiones versátiles y los efectos de modas exige plantar serias refutaciones antes de cambiar de paradigma. "Abierto", porque no se trata de conservar religiosamente un discurso doctrinario, sino de enriquecer y de transformar una visión del mundo ensayando prácticas necesariamente renovadas.

Propondría entonces, a modo de ejercicio, cinco teoremas de la resistencia a las ideas en boga cuya forma subraya deliberadamente el necesario trabajo por la negativa.

1. El imperialismo no se disuelve en la mundialización mercantil.

2. El comunismo no se disuelve en la caída del stalinismo.

3. La lucha de clases no se disuelve en a las identidades comunitarias.

4. La diferencia conflictiva no se disuelve en la diversidad ambivalente.

5. La política no se disuelve en la ética ni en la estética.

Frente a postulados indemostrables que requieren la aprobación del interlocutor, o de axiomas que apelan a la fuerza de la evidencia, los teoremas son proposiciones demostrables. Los escolios subrayan ciertas consecuencias de las mismas.

TEOREMA 1: El imperialismo no se disuelve en la mundialización mercantil.

El imperialismo es la forma política de la dominación que corresponde al desarrollo desigual y combinado de la acumulación capitalista. Este capitalismo moderno cambia de apariencia. No desaparece. Pasó, en el transcurso de los siglos pasados, por tres grandes etapas: la de las conquistas coloniales y de las ocupaciones territoriales (imperios coloniales francés y británico); la de la dominación del capital financiero o "estadio supremo del capitalismo" analizado por Hilferding y Lenin (fusión del capital industrial y bancario, exportación de capitales, importación de materias primas); después de la Segunda Guerra Mundial, la de la dominación compartida del mundo, de las independencias formales y del desarrollo dominado.(1)

[...]

Si quieres leer el texto completo, es muy extenso y sólo hemos incluido el comienzo, puedes descargarte el archivo del final.

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