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Sobre la verdad inútil

Miren Eraso entrevista a Belén Gopegui en Zehar #57

Sábado 14 de enero de 2006, por ediciones simbioticas


Entre mayo y junio de 2005 se celebró la tercera edición de los encuentros Periferiak, que se desarrolló en Bilbao y San Sebastián. Democracias de guerra y devenir territorio de una economía mundo, fue el título general de la edición de este año, y Belén Gopegui (BG) una de sus protagonistas. En esta entrevista, realizada por e-mail, hemos querido abordar algunas de las cuestiones que lanzó en la lectura pública de su conferencia y continuar indagando sobre su relación con la política, la .cción, lo real, y la escritura.

ME En tu conferencia titulada Sobre la verdad inútil, el hombre que apoya la mano en el cristal mientras mira a la calle ya no sueña con la revolución. ¿En qué momento dejó de soñar con ella?

BG El hombre de esa conferencia dejó de soñar gradualmente. Desde unos años antes de la caída del muro hasta hoy. Sin embargo, creo que en el fondo, esa conferencia trata del factor humano, de la resolución, de hasta qué punto, así como en unos minutos, es posible equivocarse, hasta qué punto es posible acertar, elegir bien en unos minutos. Un fogonazo de conciencia. Mi teoría es que podría darse ese fogonazo si hay un contexto que lo impulse y refleje. Cuando el hombre logra acceder a ese contexto, vuelve a soñar con la revolución, con una revolución que, citando a Cernuda, podría también definirse como lo contrario de un Katrina en un país capitalista: “un mar cuya ira azul tragase tanta fría miseria”.

ME En tus últimos escritos las críticas a la sociedad capitalista actual son continuas, y encierran cierta nostalgia del pasado, tiempo en el que el cambio fue posible.

BG Recelo bastante de la idea vigente de nostalgia, no creo que hayamos perdido nada magnífico y creo que el cambio hoy es posible. Visto lo visto, no parece que en la transición el cambio estuviera tan cerca; en todo caso, algunas personas, pocas al final, lo exigían pero, como se sabe, el PCE pactó entonces renunciar a lo fundamental. La crítica se hace siempre desde el futuro, se hace porque se piensa que hay un espacio para la rectificación. Es mi visión, otra cosa es que los libros míos contengan errores y puedan inspirar esa ambigüedad que habita en la nostalgia. Libro a libro, he tratado de alejarme lo más posible de la ambigüedad. Mi crítica al capitalismo quisiera estar hecha, y así lo procuraré, con el optimismo de la voluntad pero también con lo que quizá podría llamarse el optimismo de la necesidad.

ME En algunas de tus novelas y películas se dibuja la salida individual como opción para hacer frente al presente paisaje neoliberal. El abandono del éxito profesional (social y económico) a favor de una vida personal menos “poderosa” económicamente pero más “rica” personalmente suele ser el destino de algunos de tus personajes. Éstos, de alguna manera, en su transformación, relativizan, incluso subvierten, las opciones de fracaso y éxito social. Pero, ¿cómo podemos dejar de desear lo que tenemos, y lo que nos queda por poseer?

BG Creo que la salida “personal” de mis personajes siempre ha estado configurada como una salida si no política, al menos a la espera de la política. Nunca he construido ese tipo de personaje que encuentra su camino cultivando tomates o fabricando quesos, con todos mis respetos a ambas actividades. Son personajes que saben que no hay tierra de nadie, los quesos se venden en el mercado y el mercado que hoy existe está bajo el dominio de los grandes grupos económicos. La autocontención de la que hablas creo que podría ser una consecuencia de un cambio revolucionario, pero no un camino para llegar hasta él. El capitalismo, como ha descrito y casi diría demostrado Santiago Alba, es víctima de su hambre, no puede dejar de comer, se ha comido lo que Alba denomina los bienes generales, la electricidad, la educación, etcétera, y ahora está empezando a comerse los bienes universales, el aire, el genoma, el color azul. Al capitalismo no se le puede decir: por favor, sé un poco ás moderado, contamina un poco menos, explota un poco menos. Hay que elegir e instaurar otro sistema. Y eso no se logrará sólo con la buena voluntad individual; es condición necesaria organizar esa buena voluntad, organizarla políticamente. Quizá no sea condición suficiente, pero sabemos que en cualquier momento multitud de tensiones dormidas pueden precipitarse por un error, una catástrofe, un acto de valor insignificante que sin embargo se enlaza con otro y con otro hasta provocar una reacción en cadena, etcétera.

ME Sospecho que la educación que hemos recibido, y seguimos fomentando, basada en el trabajo y en el consumo debería cambiar. Quizá como propusiera Paul Lafargue con el derecho a la pereza.

BG No creo que sea posible educar a un niño para no consumir cuando todo su entorno, los juegos, las películas, pero también la exigencia bajo la que viven sus padres, todo le está gritando: ¡Consume! La educación tiene que ver con el para qué: ¿cómo va un profesor de instituto a educar a aquellos habitantes de suburbios que saben que no van a poder hacer nada con esa educación? Educar es formar, y el hueco en donde se tiene que meter la gente es el hueco de la ley del más fuerte. Cuando esté vigente otra ley, entonces será posible otra educación. En cuanto al derecho a la pereza, la cuestión es quién decide lo que hay que producir. En una sociedad capitalista lo decide el caos, que es a su vez consecuencia de la voracidad inherente a las grandes corporaciones; sobran galletas hechas con grasas dañinas y faltan proyectos de investigación que tengan valor de uso y no sólo valor de cambio, pero a ningún político de un país capitalista le importa eso, tienen tanto miedo a la planificación que han renunciado a ser políticos, en realidad no lo son: ¿cómo va a ser político alguien que no puede decidir sobre las cosas que necesita el país que está gobernando, alguien que entrega esa competencia en manos de unas empresas que nadie ha elegido y que la mayoría de las veces ni siquiera son del país sobre el que finge gobernar el político?

ME En Lo real, retrato de la transición española, el espacio común, del que has hablado en más de una ocasión, ha desaparecido dando paso al enriquecimiento personal. Y el poder queda ligado a la oportunidad de éxito. ¿Qué relación estableces entre la realidad y la ficción?

BG El enriquecimiento personal como motor fundamental de la burguesía tradicional y de lo que Jean-Claude Milner llama burguesía sobreasalariada existió en el franquismo y continuó vigente después. Por eso resulta tan fácil descifrar los editoriales de los grandes medios o los artículos de la inmensa mayoría de columnistas; leyendo a través de aquello que conviene o perjudica al enriquecimiento personal, ya se trate de la persona que escribe o de la persona jurídica de la empresa propietaria del gran medio, es muy fácil prever de qué van a hablar, y cuándo y en qué términos. Pongo el ejemplo de los medios porque están a la vista de muchos, pero lo mismo valdría para otro tipo de trayectorias profesionales.¿Qué principio hay que se oponga a éste del enriquecimiento? Que se opongan, pocos. El espacio común del que hablo en mis novelas y que podría oponérsele es un modo estético, griego, eufemístico y tramposo si quieres, o tal vez sólo estratégico, de llamar al comunismo. Es un modo de que esta palabra pueda ser oída, aunque como siempre que uno modifica su discurso, en función de la presión del adversario, está en el fondo dejando actuar ante esa presión. Es un dilema que me interesa mucho: la astucia es necesaria en política, pero seguramente no puede actuarse de un modo astuto con respecto a lo fundamental. Bueno, volviendo al tema, en estos momentos al enriquecimiento personal en Europa apenas sí se oponen algunos restos de la aristocracia de lo bien hecho, hay aún editores, quizá escritores, quizá médicos, etcétera, que piensan que con el buen hacer se puede construir un espacio a salvo del hambre del capitalismo. Es una posición respetable pero residual. También permanecen restos de cultura obrera y de conceptos como la propia estimación, hacer bien el trabajo, porque es una elección libre y no una forma de aumentar el beneficio del patrón, beneficio que, por otro lado, las más de las veces, aumentará igual si el trabajo no se hace tan bien. Pero por ninguna de estas dos vías se puede matar al monstruo, se le puede alejar, retardar el momento en que acabe con todo. Pienso sin embargo que una mezcla de instinto de supervivencia y de alegría política colectiva y estructurada pudiera oponerse al principio del enriquecimiento personal, y vuelvo ahora a Jean-Claude Milner y a la interesante tesis que expone en El salario del ideal. Describe allí cómo a la burguesía rentista del siglo XIX se suma en el XX una burguesía remunerada con más de lo que, en principio, el capitalismo estaría dispuesto a pagarle por su trabajo. Ese salario de más no lo recibe a cambio de las aportaciones de su trabajo -por el contrario, cuanto más útil es el trabajo de muchos profesionales peor pagados suelen estar-, sino que lo recibe a cambio de su anuencia con respecto al poder capitalista, lo recibe para convertirse en aliada cómplice de ese poder. Sin embargo, en estos momentos el capitalismo, como es fácil observar, se ve obligado a reducir, y a veces suprimir, el sobresalario que normalmente pagaba en sueldos altos o en condiciones privilegiadas de trabajo, como en el caso de muchos profesores universitarios. Si el proceso continúa, el gran colchón de defensa que el capitalismo había construido se desmoronará y aunque quizá no se vuelva contra él, al menos constituirá un factor de debilitamiento. Por así decir, sería la dificultad de obtener un enriquecimiento personal sin que medie la violencia directa -hoy se obtiene a través de la violencia indirecta, la que otros realizan en nombre del burgués asalariado o no- la que acabaría cuestionando realmente ese motor. Entre la realidad y la ficción, para responder al final de tu pregunta, establezco una relación desigual: diría que la ficción tiene una capacidad discreta de modificar la realidad, mientras que la realidad, en tanto constructo social, actúa gravemente sobre la ficción.

ME Tu escritura es crítica con los valores establecidos, pero en alguna ocasión has expresado tus dudas sobre la capacidad que tiene la literatura de poner en circulación ideas que entren en conflicto con el discurso dominante. Como escribiera Hélène Cixous en La risa de la medusa refiriéndose a la escritura: “Todo el mundo sabe que existe un lugar que no está obligado ni económica ni políticamente a todas las bajezas y a todos los compromisos. Que no está obligado a reproducir el sistema”. ¿Podría ser la literatura capaz de horadar el sistema? BG No conozco ese libro, y no comparto que todo el mundo posea ese conocimiento. Me gusta la estrategia retórica de darlo por hecho pero no es así: ¿dónde está ese lugar? Si está en el futuro o si está en la imaginación entonces no es un lugar. Si está en Cuba, por ejemplo, entonces no todo el mundo lo sabe. Yo creo que un país socialista es un país donde lo que se entiende aquí por economía, es decir, los intereses económicos de las grandes corporaciones, incluyendo en ellas a veces los ministerios de defensa de los Estados, bien, es un lugar donde la economía no está por encima de la política. Por otro lado, las bajezas son malas en sí mismas, pero los compromisos no tienen por qué serlo; por ejemplo, Cuba se sentía comprometida con el pueblo saharaui y eso le hizo renunciar a mantener relaciones comerciales con Marruecos, a pesar de que económicamente le interesaban mucho esas relaciones. Imagino que la autora más que a un lugar se refiere a una actitud. He escrito alguna vez que una actitud es un sentimiento pensado. Cixous hablaría acaso de la actitud de no doblegarse ante el injusto, de la actitud de ser leal a un proyecto de igualdad, justicia y libertad. Si la literatura tiene algún valor, en mi opinión, essólo porque algunos textos, la mayoría de las veces no los más celebrados ni alabados, han tratado de alimentar esa actitud, y hacerla durar, y darle espacio.

ME En relación con este tema, aludamos a un caso práctico: tras la publicación de El lado frío de la almohada, tu novela fue criticada por no haberse alineado con “el establishment” anticastrista. ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Ha repercutido tu posición en las ventas?

BG Ha sido una experiencia interesante porque me ha permitido una cierta discusión política más allá de los lugares digamos alternativos pero minoritarios donde esa discusión es posible. Sin embargo pienso que eso ocurrió debido, una vez más, a la estrategia, en este caso la estrategia de hacer una novela con un lenguaje literaturizado y unos pronunciamientos que rozaban la ambigüedad de tal modo que se me concediera la palabra. Después, pude ir más allá en las entrevistas de lo que había ido en la novela. Al mismo tiempo, se ha puesto de manifiesto lo que por otro lado ya sabíamos, que los grandes medios nunca concederán espacio real -por real quiero decir no simbólico, no excepcional en una ocasión y punto- a posiciones que estén a favor de la revolución cubana. Una vez que se supo lo que había en el interior del caballo, desapareció la posibilidad de seguirhablando en los grandes medios. Esto pone de manifiesto los límites del sistema en que habitamos. No es que no se pueda hacer apología del terrorismo, es que no se puede hacer apología del socialismo, y entiendo por socialismo cuestionar la propiedad privada de los medios de producción. En teoría, está permitido hacerlo, pero sólo en lugares marginales, nunca en aquellas tribunas que puedan llegar a más de diez mil personas. El PSOE es un partido capitalista, nadie ni dentro del partido ni fuera sostendría otra cosa. Izquierda Unida, por el momento, es un partido que intenta “mejorar” el capitalismo, es decir, capitalista también. Ni en el parlamento ni en los grandes medios de comunicación existe un debate sobre el sistema en el que vivimos. En cuanto a tu pregunta por las ventas, yo tengo una venta media en casi todas mis novelas, y en ésta ha sido igual; quizá se vendieran un par de miles de ejemplares más por la polémica, pero pienso que lo único que ocurrió es que se vendieron más rápidamente, porque a medio plazo acabaré vendiendo más o menos lo mismo que de los demás libros, si bien imagino que se habrán producido algunos desplazamientos con abandonos e incorporaciones de distintos tipos de público. Resultará, por último, curioso ver las repercusiones de la polémica a largo plazo. Cómo será la discusión cuando publique mi próxima novela, si es que escribo otra novela: ¿se hablará de política, se hablará de la forma, se utilizará la forma para hablar de política?

ME En este sentido, también podemos hablar de los derechos de autor y la propiedad intelectual. En más de una ocasión te has manifestado a favor de la difusión libre de los contenidos. ¿Cómo entiendes esta idea desde tu posición de escritora que vive de la venta de sus libros?

BG Creo que el copyleft es imprescindible y trataré que mi próximo libro aparezca bajo él. El copyleft, por otro lado, no afecta a la venta de los libros, es una medida muy suave. Lo que a mí me gustaría es que se abolieran los derechos de autor pero al mismo tiempo poder mantenerme, que mi trabajo me sirviera como el de cualquier otra persona para poder vivir. No veo por qué el llamado trabajo intelectual debe tener un régimen distinto. Lo que pasa es que esa abolición de los derechos de autor debería darse en un sistema que permitiera vivir a los escritores, como a cualquier otro ciudadano, sin explotar y sin ser explotados.

ME La psicología, la física, la política, la geografía, o la historia son algunas de las disciplinas con las que has trabajado en tus novelas. Éstas se cruzan con la historia y los sentimientos de tus personajes, que como comentaras, hacen, conocen, imaginan y procuran. ¿Cómo construyes tus novelas?

BG No tengo un método, normalmente he tratado de responder a una pregunta a través de la narración, y si he abordado esas disciplinas que nombras es porque considero que cuando se trata con personajes que trabajan, no conviene limitarse a mencionar el trabajo de forma anecdótica sino que hay que saber qué pasa dentro del centro de trabajo y qué pasa en el tiempo de trabajo que es tiempo de vida. Hoy gran parte de la narrativa se ha privatizado, no sólo ha dejado fuera la política militante, sino que se ha retirado a las zonas de los conflictos familiares o de las fantasías metaliterarias. A mi modo de ver, esos campos ni son suficientes ni se pueden deslindar de la vida diaria; las fantasías y los conflictos familiares son distintos según lo sea la presión para ganarse la vida, ya la misma expresión de ganarse la vida, no por cotidiana menos terrible, indica que las condiciones de explotación en que se lucha por ganar esa partida no pueden ser dejadas de lado. La pregunta que me hago ahora es cómo construir la próxima novela y aun cuando sólo estoy pensando lo que cada vez intuyo con más precisión, es que las reglas de lo que se entiende por una buena novela están trucadas como los dados del jugador tramposo, y por tanto hay que empezar a pensar desde un lugar anterior a esas reglas.

ME La dificultad de decir yo, al que Christa Wolf alude en Noticias sobre Christa, ha sido un tema debatido por la crítica feminista por su relación con la tradicional ausencia de autoridad de la mujer en la sociedad. Este es un tema que, de una u otra manera, siempre está presente en la escritura, y como tal, también en la tuya. Vayamos por un momento al final del primer capítulo de La escala de los mapa, donde la autoridad del sujeto se desvela inesperadamente, sorprendiendo al lector y planteando sin equívocos la multiplicidad del yo, narrador y protagonista. Esta ambivalencia marcará toda la lectura, que ya no plantea la dificultad de decir yo porque está asumida, sino que juega con ella.

BG Ser mujer es una condición que no está al margen de la lucha de clases sino que se cruza de un modo transversal con esa lucha. Ser mujer supone tener un conocimiento mayor de la explotación que el conocimiento que en las mismas condiciones tendría un hombre. A decir de Juan Carlos Rodríguez, la dificultad de decir yo procede del yo soy, ¿yo soy qué?; en el capitalismo la mayoría de las personas tenemos que añadir el predicado de la explotación, y por lo tanto la libertad del yo soy ya no es tal libertad. Si a esto se le añade el género, la explotación aumenta. En mi primera novela traté de sortear esa dificultad, por la vía de lo oblicuo. Ha de haber otros caminos más directos, en busca de ellos procuré incluir ese doble yo soy explotada en la narradora de Lo real. En cuanto al contexto en que se escribe, en la literatura sigue estando vigente el paternalismo con respecto a lo que han escrito y escriben las mujeres en unos grados que no dejan de asombrarme.

ME Las dedicatorias de los libros suelen ser muestras de reconocimiento y gratitud. Tu último libro se lo dedicabas a cuatro mujeres, entre las que se encontraba María Moliner. ¿Podrías desvelar el secreto que esconde estadedicatoria?

BG Tal como la Iglesia pide ahora perdón a Galileo, espero que la Real Academia haga un día un acto de desagravio y pida perdón por haber cometido el mayor absurdo de su historia al no nombrar académica a María Moliner. Por supuesto, si el autor del diccionario hubiera sido Pedro o Jaime Moliner, los hechos habrían sido otros. Al margen de esta circunstancia, en la dedicatoria menciono una deuda contraída con el diccionario más hermoso y preciso que conozco. Lo poco que pueda saber de cómo se escribe, la mayor parte lo he aprendido a través de ese diccionario. Y reivindico por cierto su edición original, la que ordena las palabras por familias y no por orden alfabético. En el entorno de cada palabra hay tanto conocimiento como en la palabra misma. El criterio funcional del orden alfabético priva de ese conocimiento; la eficacia, como en tantas ocasiones, coloca la rentabilidad a corto plazo por encima de cualquier otro valor. 

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