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Sobre la democracia

Viernes 3 de septiembre de 2004, por José Luis Murillo


La democracia no deja de ser la instauración aceptada por una amplia mayoría de una forma de sociedad y de gobierno basada en una lucha de clases, disfrazada para desactivar cualquier intento de enfrentamiento contra ella, y necesaria para mantener el poder de determinadas personas y grupos sociales sobre una población amplia que está a su servicio (económico, militar, social,...). No olvidemos que la mayor dictadura conocida y el mayor fascismo, que incluso se atrevió a quitarse su máscara democrática y mostrarnos los grados de crueldad y abyección de los que son capaces, si se sienten seguros de su fuerza, esos grupos de poder, surgió de las "democráticas" urnas alemanas, no de un golpe militar.

No sé cual será la mejor forma de organizarnos socialmente los seres humanos, pero tengo claro que no podemos ni debemos dejarnos adormecer por los cantos de sirena de las "democracias occidentales" que permiten, e incluso en muchas ocasiones causan con sus tentáculos multinacionales guiados por fines puramente economicistas, la muerte de millones de seres en este planeta, inmensos movimientos de población hacia campos de refugiados o hacia la hambruna más absoluta, esclavitudes encubiertas, violación de derechos humanos, o, sin ir más lejos, admiten sin ningún rubor y sin ninguna vergüenza las injusticias y miserias sociales que encontramos a nuestro lado, todo ello convenientemente "digerido" por unos medios de comunicación que consciente o inconscientemente distribuyen el "soma" huxleriano entre la población.

Poco podemos esperar de las actuales estructuras, partidos políticos o sindicatos de "clase", ya que se han convertido en dóciles y felices correas de transmisión del poder real, preocupados y viviendo de las subvenciones a cambio de colaborar en que las personas no despierten del "sueño democrático", ayudando a "mejorar" sus condiciones de vida (cooperativas de viviendas, cursos de formación, reformas sociales,...), y ocupados con los "juegos" de las elecciones y de los sillones ("a ver quién pilla uno", "a que no me echas", "quítate tú para ponerme yo"...), siempre dentro del marco conceptual en el que nos han metido culturalmente y sin cuestionar para nada las reglas del juego, no del democrático, vaya pantomima y vaya tapadera, sino del poder de decisión real y del reparto de la riqueza en el mundo y, por supuesto, sin plantear otras opciones de futuro que pudieran obligarles a abandonar las ilusorias y mezquinas parcelas de poder en las que están instalados.

Pienso que es importante e imprescindible imaginar nuevas formas de organización humana, o estar atentas a las personas que llevan años imaginándolas, para que alguna vez sean posibles, para que el triunfo del "democratismo" (la defensa a ultranza de la democracia sin margen para el análisis y la reflexión como única opción, como la "única") sobre comunismos, capitalismos descarnados (una democracia con menos maquillaje), o liberalismos (esa democracia supuestamente humanista que defiende por encima de todo la libertad de que los que más tienen hagan lo que quieran y los que menos tienen sean también "libres" de elegir, pero en este caso el callejón donde pudrirse), no nos lleve al "mundo feliz" y totalmente narcotizado, repleto de seres humanos sufriendo y muriendo miserablemente, pero convenientemente convertidos en inocuo serial de televisión o en folletín de revista.

Como dice Deleuze, tenemos que recuperar el "pensar" como un acto de creación, "crear" como un acto de "resistencia", "resistencia", añadiría yo, como una acto de "transformación", una "resistencia" activa plagada de propuestas abiertas de cambio y pequeñas acciones concretas, que se vayan saliendo de rutinas y automatismos insolidarios o acomodaticios, para que podamos mirarnos cada día en el espejo sin sentir vergüenza al recordar lo que esta ocurriendo en nuestro mundo para que unos pocos puedan mantener sus privilegios y ampliar su poder y sus riquezas. Tenemos que pensar, tenemos que actuar y tanto importa en lo cotidiano como en lo general, pues en ambos espacios supone creación, resistencia y transformación.

Quizás por primera vez en la historia somos las personas individualmente o como grupos desestructurados, pero con enormes posibilidades de comunicación e intercambio a través de internet, los que podemos iniciar y conseguir esos cambios. Quizás nunca antes las responsabilidades y las posibilidades individuales en nuestro mundo y en nuestra vida diaria habían sido tan claras. Quizás, a su vez, nunca antes habíamos estado tan adormecidos y acomodados en nuestras agradables y seguras vidas de sociedad de consumo y bienestar frente a los problemas del vecino de al lado, ya sea de nuestra propia calle o de nuestro continente. Habrá que despertar alguna vez y asumir nuestro papel, aunque sólo sea en las pequeñas acciones de cada día para ir abriendo nuevos caminos, digo yo.

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