Hace tiempo que vengo dándole vueltas a esta cuestión que pulula por mi cabeza en un torbellino de razones que creo tienen que ser explicadas para intentar salir de esta encerrona política a la que nos vemos sometidos casi siempre los que defendemos la República como forma de Estado. En primer lugar he de decir que por definición yo soy de izquierdas, ya que pertenezco a la clase social obrera que no creo pueda ser representada por otra tendencia política. Todo esto de pura lógica y no creo que haga falta dar más detalles, pero lo que sí quiero dejar bien claro es que cuando alguien defiende la República no por eso ha de ser tachado irrefutablemente como un hombre de izquierdas, pues no es ésa la única opción política que permite este sistema de gobierno. Todas las demás formas de soberanía que adopta un país son para mí puros artificios de confusión que nada tienen de liberales, pues están basados en argumentos tan ancestrales como la herencia del Estado por una familia determinada o el poder dictatorial instaurado bajo las directrices de un partido único o de una cúpula de poder inaccesible.
Tras la Revolución francesa, para poder entrar también en esta era de tendencias democráticas que adoptaban muchos países en occidente, los sectores más conservadores en Europa aceptaron a regañadientes la idea de que el Rey sólo fuese el representante del Estado, como lo es la bandera o el escudo de una nación. Sin más poder que ése, perdía así todas las demás funciones de gobierno que tomarían los representantes de los partidos políticos elegidos por sufragio universal en las urnas. Esta forma de Estado funcionó en España, no muy bien por cierto, durante aquella época de la Restauración Monárquica (finales del siglo XIX y principios del XX), e irracionalmente fue la que volvió a adoptar nuestro país tras la muerte de Franco, para seguramente no tener que recurrir de nuevo a lo que legalmente fué establecido en 1931, como si aquel sistema, verdaderamente democrático, de la República fuese una creación diabólica de unos locos, o eso fue lo que nos intentaron inculcar.
Hay quien piensa que si se hubiese preguntado a estos pueblos de España, la muerte del dictador Francisco Franco, que si deseaban restaurar el legítimo Estado republicano derribado por la Guerra Civildel año 1936, los ciudadanos españoles habrían respondido, para evitar más conflictos, que preferían la Monarquía; otros dicen que incluso en el caso de que se hubiese votado la República otra vez hubiera habido muchos problemas, pues los aristócratas de siempre (la ultraderecha tradicional de esta país) no lo habrían consentido y tal vez se hubiese iniciadootra guerra. Si esto es así, yo me pregunto: ¿acaso quiere decir eso que el confuso sistema que tenemos ahora es debidoa la decisión de ese sector de la ultraderecha que, tras el escudo de una falsa democracia, sigue gobernando este país? ¿tenemos por eso que seguir pidiendo permiso a esos señores para cualquier cuestión política de relevancia de la que nos queramos dotar sin importar mucho lo que pensamos la mayoría? ¿De quien es y qué representa el Estado español entonces? ¿Hay todavía miedo en este país de plantear cuestiones tan abiertas en otros países europeos como la simple exposición de unos argumentos como éstos, que bajo mi punto de vista no llevan balas ni amenazas, sino razones fiables sobre una forma de entender el estado español, mi Estado y vuestro Estado, el Estado de todos los españoles sean de la tendencia política que sean?
simbióticas