¿Qué queremos decir de verdad cuando hablamos de cultura para el desarrollo local? Decir que la industria cultural es fundamental para el desarrollo económico es lo mismo que decirlo de la industria del automóvil. Un brindis al sol. Es evidente en cuanto a industria. Pero ¿a qué cultura nos referimos? La cultura tiene un sentido semiótico y de transmisión de valores muy concreto. La cultura occidental, la oriental, la cultura amazónica… todas ellas son poseedoras de valores determinados que en ocasiones chocan, se enfrentan. ¿Estamos hablando de una occidentalización de la cultura? Y dentro de este modelo occidental ¿cuál es el que nos proponen? ¿el modelo de la sociedad futbolizada?
Para empezar se ha conseguido reducir la cultura a su carácter objetual y la hemos introducido en el mercado. El nuevo capitalismo ya no comercia con tangibles, comercia sobre todo con signos y valores. La cultura como recurso. (Por ello podríamos decir que la industria del automóvil también es una industria cultural ya que su posesión tiene un marcadísmo carácter semiótico: comunican rasgos de identidad muy definidos.)
No debemos olvidar que la cultura es y ha sido siempre también un arma para la domesticación (costumbre, tradiciones, religión…) Está claro que hoy lo es más que nunca. ¿Podemos hablar de la trampa de la cultura? Reverenciando las industrias culturales, colocándolas en el pedestal del discurso para el desarrollo no hacemos sino otorgar poderes plenos para que este entramado, controlado y gestionado por la oligarquía internacional, entre en nuestras casas a través de los mass-media para insuflarnos unos modelos dúctiles y manejables, narcotizados. Esta es la cultura que nos invade.
No todos hablamos de lo mismo cuando decimos cultura.
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