De acuerdo con la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de Belem Do Pará), la cual ha sido aprobada por el Estado Mexicano, la violencia contra la mujer es:
Cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado y puede suceder en la familia, centros de trabajo, escuelas, instituciones de salud, en la calle o en cualquier otro lugar.
La violencia contra la mujer constituye una violación a los derechos humanos y las libertades fundamentales y limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades.
La Convención establece que la violencia contra las mujeres incluye la violencia física, sexual o psicológica:
- Que tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio que la mujer, y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual;
- Que tenga lugar en la Comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que comprende, entre otros, violaciones, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar, y
- Que sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, dondequiera que ocurra.
- La violencia de género limita el sano desarrollo, disminuye la autoestima de la víctima, pone incluso en peligro la vida, su salud y su integridad, se infiere de manera sistemática, puede conformarse por un solo acto, o bien puede consistir en una serie de agresiones que, sumados, producen un daño, aunque cada una de ellas, aislada, no forzosamente lo produzca. Se da en todo tipo de relaciones: de noviazgo, de familia en matrimonio, amasiato, concubinato o cualquier parentesco; de personas que convivieron en un grupo familiar que ya se ha disuelto, de jefe o patrón, maestro, etc.
La violencia de género puede manifestarse en cualquiera de sus formas, pero puede también combinar dos o más de sus formas.
Violencia sexual. Puede ir desde una mirada o comentario malicioso, un manoseo, hasta la penetración forzada del pene o algún objeto.
La violación, el hostigamiento, el abuso sexual, el tráfico de niñas y niños, la prostitución forzada son algunos ejemplos de violencia sexual.
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La violencia sexual ataca, entre otros, los derechos a la libertad sexual y a la integridad corporal, y puede suceder en la calle, en un centro de trabajo, en una institución educativa o en la misma familia, como parte de la violencia intrafamiliar.
Violencia física. Es la violencia que se comete directamente en el cuerpo de la persona, son las agresiones que se hacen con las manos, el puño, las uñas, los pies, armas blancas u otros objetos al alcance del agresor. Este tipo de violencia puede ser fácil de observar por las huellas que deja en el cuerpo, pero también pueden ser golpes leves que no dejan huella aparente, pero que repetidos con frecuencias, también minan la salud de la víctima.
Violencia psicológica. La violencia psicológica daña directamente el valor, la estima y la estabilidad emocional de la persona que la sufre, son las humillaciones, insultos, menosprecio, abandono, amenazas, omisiones, silencios y otras conductas similares a las que se somete cotidianamente a una mujer y a otros miembros vulnerables de la familia, y que tienen repercusiones de tipo psicológico, y seguramente en toda la salud de la persona que las sufre.
Violencia económica. Este tipo de violencia se refiere al control que tiene el hombre hacia la mujer por medio del chantaje económico. El hombre administra y maneja el dinero, las propiedades y en general todos los recursos de la familia a su libre conveniencia. Esta violencia se traduce en algunas de las siguientes conductas:
- Tener que decirle siempre en qué, cuándo, dónde, con quién y cuánto se gasta.- No manejar, ni tener dinero en ninguna situación.
- Privarte a ti y a tus hijos y/o hijas de sus necesidades básicas por mantener a otra mujer y/o familia.
- Negarse a aportar el gasto o la pensión alimenticia aún cuando tenga posibilidades de hacerlo.
- No permitirte tomar decisiones que implican dinero.
- Reclamarte o recriminarte los gastos que haces.
- Quitarte o disponer sin tu consentimiento de tu salario, herencia o ahorros.
- Tener todas las propiedades derivadas del matrimonio a su nombre.
¿Por qué sucede la violencia?
La violencia tiene su origen en muchos factores. No es hereditaria, no es natural, no es propia de los varones, no es un modo de ser, ni una necesidad biológica para desfogarse. Pero sí es, ante todo, una actitud cultural que durante siglos consideró que las mujeres eran posesiones y no personas con derechos y sentimientos propios, por lo que todo lo que les sucediera dependía de otros.
La violencia también está relacionada con la fuerza física de los varones para imponer su punto de vista, y por supuesto, con la sumisión de las mujeres a las decisiones que otros tomen sobre su vida.
Lamentablemente cuando la mujer se da cuenta que esto es falso y hace cosas diferentes como: ganar su propio dinero, tener libertad para decidir sobre su vida, dedicarse no sólo a la familia y la casa, ocupar lugares importantes, acceder a lugares públicos y divertirse, casi siempre se enfrenta a una respuesta violenta por parte del hombre.
¿Qué hacer para cambiar esto?
En la medida que se reconozca que la violencia se aprende (la principal fuente de aprendizaje es la familia y en general lo que aprendemos socialmente) y que no surge de manera espontánea; que es una realidad que ocurre en muchísimos hogares mexicanos y de todo el mundo y da vergüenza hablar de ella, por eso se oculta, se encubre, se calla.
La violencia familiar es un grave problema de salud pública que tiene efectos destructivos en el desarrollo de las mujeres, pero, particularmente en las y los niños. De ahí también que se considere que la violencia intrafamiliar viola los derechos humanos.
Es importante reconocer que las acciones y los esfuerzos de atención, prevención e información que el gobierno, la sociedad civil y la academia han realizado para combatir la violencia de género, así como la unión de los esfuerzos contribuyen a la creación de una cultura de igualdad y equidad libre de violencia, donde las relaciones de los hombres y las mujeres se basen en el respeto, la tolerancia y la responsabilidad compartida.
¿Cómo saber si existe violencia en mi relación de pareja?
Cuando uno de los integrantes de la pareja, acumula tensión, enojos y frustraciones derivadas de problemas laborales, económicos, familiares, de salud y otros, reacciona de manera violenta bajo cualquier pretexto.
Poco a poco la violencia se convierte en una forma de vida, las personas se acostumbran a ella y la viven como si fuera natural, sin darse cuenta que tienen una relación donde los episodios de violencia son cada vez más frecuentes y más intensos; es como si estuvieran dentro de un espiral.
Nota: Para conocer si vives violencia o si te encuentras en una situación de riesgo puedes utilizar un Cuestionario para el Autodiagnóstico de la Violencia Intrafamiliar.
¿Por qué es tan difícil terminar con una relación violenta?
Una de las razones más importantes es justamente la forma en que ésta se presenta y también porque generalmente proviene de personas a las que queremos y dicen querernos.
Los episodios de violencia suelen manifestarse en etapas donde paulatinamente se incrementa la agresión así como las peticiones de perdón.
En la primera etapa se da inicio a pequeños actos violentos que son minimizados y justificados, atribuidos al cansancio, los problemas económicos, laborales, familiares y otros. La tensión crece cuando alguno de los integrantes de la pareja “no cumple” con lo esperado.
Generalmente el hombre expresa su enojo suavemente. Entonces la mujer intenta calmarlo, evita hacer aquello que a él le pueda molestar, cree erróneamente, que puede controlar la situación y a menudo justifica la conducta de su compañero.
Por ejemplo, si él tira la comida al piso, ella piensa que cocinó mal o que la tiró accidentalmente, mientras limpia puede pensar que la respuesta del hombre fue excesiva, pero también que el incidente no fue de los más graves con lo cual se siente agradecida y prefiere no enojarse. Sabe que ese incidente podría haber sido más grave. Ante el cansancio por la tensión y el miedo y la vergüenza de que alguien más lo sepa, se refugia en ella misma.
Pero, la tensión seguirá aumentando, el hombre se sentirá cada vez más desesperado y bajo cualquier pretexto insultará, humillará y gritará a la mujer.
En la segunda etapa se pierde toda forma de comunicación y entendimiento, sobreviene una descarga de agresividad y tensión acumulada en el hombre. No hay control, los golpes aparecen.
Casi siempre el hombre que golpea a la mujer, considera que con eso le esta dando una buena lección. Después de la agresión viene la negación y la duda de lo sucedido, las personas agredidas justifican su conducta bajo cualquier pretexto, sienten culpa y responsabilidad de los hechos, intentan tranquilizar al maltratador siendo amables, serviciales y cumpliendo sus deseos, no saben qué hacer, difícilmente buscan ayuda. La vergüenza, el miedo, el amor por los hijos y/o hijas entre otras razones le impiden dejarlo.
- ¿Estaba borracho, drogado, no sabía lo que hacía?.
- “Eso me pasa cuando estoy muy cansado”.
- “Con tanto trabajo y el estómago vacío es fácil que me ponga así”.
- “Tú sabes que en mi familia todos somos así de bravos cuando nos hacen enojar”.
En la tercera etapa conocida como luna de miel el maltratador se arrepiente, pide perdón y promete que no volverá a ocurrir. Es amable, cariñoso, complaciente, generoso, y encantador. Sabe que ha ido demasiado lejos e intenta reparar el daño.
La mujer confía en que todo será distinto, tiene la esperanza de que nunca más volverá a pasar algo igual. Cree firmemente que con amor y disposición ella puede ayudarlo a cambiar. Esta etapa hace más difícil que la mujer termine con la relación.
Estos se repiten una y otra vez; a medida que pasa el tiempo, es más fácil reconocerlo como un agresor y darse cuenta de que se tiene que buscar ayuda.
¿Qué hacer en caso de violencia?
- Trata de estar en un sitio que tenga salida a la calle y en donde no haya armas.
- Identifica a uno o más vecinos a quienes puedas hablarles y pedirles ayuda.
- Si te quedas en tu hogar, asegura las ventanas y cambia las cerraduras de las puertas de la casa.
- Desarrolla un plan de seguridad con tus hijos e hijas para cuando no estés con ellos.
- Informa a la escuela, la guardería, etcétera sobre quién tiene autorización para recoger a tus hijos e hijas.
- Cambia constantemente tus rutas para ir y venir cuando salgas de casa.
Si piensas que tendrás que abandonar tu casa:
Procura llevar a casa de una persona conocida una bolsa con:
- Duplicado de las llaves de tu casa
- Un cambio de ropa
- Actas de nacimiento (tuya, de tus hijos e hijas)
- Acta de matrimonio
- Tarjeta del seguro social,
- Dinero
- Credencial de elector
- Tarjeta de teléfono
- Directorio telefónico de las personas que puedan ayudarte
- Medicinas que tengas que tomar
- Objetos sentimentales.
La violencia no es natural, se enseña y se aprende y puede cambiar
No estás sola
Todas las mujeres tenemos derecho a una vida sin violencia
Referencias:
Apoyo para Mujeres en Crisis (Women’s crisis suaport) Folleto. 10 25 Center Sta. Cruz C.A. 95060 Office (408). S/F.
Convención Interamericana para Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.
Convención Interamericana para Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. Salinas Beristáin et al. CIM. Inmujeres, UAM- Xochimilco, UNICEF. S/F.
Menchaca A. y Ortiz E.. Eficacia de interferencia. Terapia en la Disminución de ansiedad en mujeres maltratadas. Tesis. VIA.1999.
Violencia contra las mujeres. Salud XII. Ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales, Instituto de la Mujer. España. S/F.
Violencia en la familia. Los libros de mamá y papá. Secretaría de Educación Pública. México, 2000.
(1) Depositada por la Organización de Estados Americanos y adoptada en Belem do Para, Brasil el 9 de junio de 1994, ratificada por México el 12 de noviembre de 1998 y aprobada por el Senado el 26 de noviembre de 1996, según decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 12 de diciembre de 1996. Entró en vigor por la OEA el 5 de marzo de 1995 y por México el 12 de diciembre de 1998 y fue publicada por el Diario Oficial de la Federación el 19 de enero de 1999.
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