Creo de verdad que cuento con una auténtica fortuna: una gran y continua capacidad de ilusión y de utopía. Una capacidad que me permite sentir con cierta asiduidad la magia del asombro, la seducción de lo desnudo. Que me permite gozar plenamente con la certeza de pertenecer a una totalidad en la que sólo se puede participar cuando la sensibilidad es patente, libre y arriesgada, cuando te impide cerrar los ojos. Después de todo es una suerte huir de esa red de seria impertinencia que nos rodea, de esa red de maximalismo que consolida privilegios a partir de accidentes (¿no es un accidente nacer?); una compostura que lo único que consigue es borrar con espanto lo poco, o mucho, que el ser humano tiene de sorprendente.
LA SIMBIOSIS RADICAL. La sensación del pensamiento paralelo, tanto en el espacio como en el tiempo, es algo que frecuentemente dispara mi cerebro hacia afuera. Me reconforta conocer reflexiones ajenas que conciertan en sus grandes líneas con los planteamientos que yo mismo voy desarrollando. Y es porque me hace participar de esa sensación de globalidad trascendental de la que hablaba al principio. Siempre me ha sucedido, sobre todo con los “razonamientos nuevos”, con aquellos que, creyéndolos propios, les he procurado mimo e ilusión. Cierto que sobrecoge y alienta. Y lo que a mí me parece más estimulante: te hace reflexionar desde la humildad o, como poco, acercarte a ella. Así sucedió cuando estaba desarrollando este escrito, por pura casualidad, que cayeron en mis manos tres cuentos publicados por Circe bajo el titulo "Equilibrio" de una autora rusa, para mí hasta entonces desconocida, llamada Viktoria Tókareva. Nada más y nada menos que venia a comulgar conmigo en una de las observaciones que los últimos días barajaba. Y lo hacia desde lejos, transgrediendo espacio y tiempo, vaciando sus contenidos en una auténtico recipiente universal. Refrendando simple y auténticamente esas leyes en un cuantos argumentos habituales. "Porque, ¿qué es la cultura? No es la cantidad de conocimientos que se pueden acumular. Ahora todos lo saben todo. !La verdadera cultura es la benevolencia!" Ella lo expresaba así y yo me sobrecogí por esa sensación de participar en su mismo cosmos.
EL MUNDO INTERIOR. Cierto es que la idea de pertenecer a un cosmos compartido, a un universo simultáneo (la idea de Metacultura en definitiva) actúa como revulsivo. Supone en primer lugar una adecuación personal a través de la depuración de las ofertas externas. Una depuración que permite crear un entorno abierto y compartido a partir de un filtro conceptual en el que las necesidades de desarrollo igualitario son las que dominan. Se provoca así un concepto de vida que amplía las nociones básicas de prosperidad a las que nos hemos ido acostumbrado, realizando, en definitiva, un descrédito selectivo hacia aquellas normas de uso excluyentes y clasistas. Se trata pues de una transgresión, de una modificación de las actitudes; una cura de humildad frente a las frenéticas actitudes de agresividad gratuita.
LA SENSIBILIDAD GENERADORA. La emotividad como génesis. Del sentimiento como motor alrededor del que giran y se desenvuelven conceptos tan básicos como son los encuentros con uno mismo y con los demás. De la sensibilidad como fuente del resto de los principios. Creo, por ello y definitivamente, que la transcendencia decisiva del ser humano reside en el sentimiento y que el resto de lo que desde fuera puede llegar a apreciarse no es sino parte minúscula de lo que éstos generan. Los actos no son sino esos residuos, algunas veces tóxicos, que quedan de la combustión de los sentimientos
LA NEGACION DEL EXCLUSIVISMO. Qué hace si no delante de nosotros toda esa conjunción de pretendidas casualidades que conforman una vida cualquiera, esas coincidencias. Esa simultaneidad de pensamientos de la que hablaba al principio no es gratuita. La infinitud del Cosmos no es sino la repetición multiplicada y variada de los mismos sencillos movimientos. Un acto no es sino la transcripción de otras múltiples alteraciones en un espacio concreto. Qué sentido de transcendencia podemos darle a algo que se multiplica hasta la infinitud cuando creemos que somos nosotros los únicos portadores de su verdad. La negación del exclusivismo es un útil y edificante ejercicio con el que salvar más de alguno de los abusos a los que estamos acostumbrados. Como poco estaría bien erradicar la paradoja del yo, mi, me, conmigo. Seamos conscientes: la perfección de la multiplicidad nos roza y cuando estamos integrados en ella es porque una corriente irremediable fluye por nosotros Cuando no servimos nos aparta. La tiranía de la perfección no es paralela al caos.
DE LA CONTEMPLACION A LA RAZON. Y por ello nada más gratificante que la placidez que otorga ser espectador de los bullicios. La "escuela del bordillo", como tantas veces hemos comentado con mi amigo José Luis, es la que sin duda te ofrece una perspectiva múltiple, la que te garantiza, sobre todo, una ingente cantidad de estímulos que se van acumulando sobre esa pasividad aparente, tantas veces mal interpretada y condenada por los mezquinos. Y es que cuando el cerebro está obsesivamente ocupado por la acción es cuando acaba resultando verdaderamente inútil. Sería realmente interesante aplicarse en los ejercicios de reflexión y empatía propiciadores en extremo de esa necesaria dosis de sensibilidad generadora.
DE OTRA MANERA. El individuo comprometido o la responsabilidad como referente; unos buenos amigos de vez en cuando; el humanismo técnico; la conciencia de la soledad; el privilegio del respeto; el homo ludens; no entender la puñetera manía de totalizar y totalizarse; huir de la gran trampa de lo fortuito; temer al mezquino salvador, al que no duda, al cretino disfrazado de erudito; desconfiar del sospechoso amor al trabajo; la misantropía como defensa; el escape por respuesta; que les den puerta a los que se permiten pensar por mi; la alegría de lo simple; la felicidad de lo evidente; la entropía humanista; la belleza de lo estéril; el progreso rebelde; la tecno acracia; la multiparidad; la anulación d todo nacionalismo por fascista; la negación del exclusivismo; la ausencia de ambición como síntoma de inteligencia; la revolución simbiótica de los sexos; el ejercicio de la empatía; el derecho a la pasividad como génesis; la formación renacentista; la emotividad de lo cotidiano; a la razón por la contemplación.
A esto me refiero cuando hablo de Metacultura. Posiblemente un revulsivo contra las múltiples tiranías.
simbióticas