Apreciado amigo Barraza:
No voy a explayarme demasiado sobre el tema de la matanza de Carmen de Patagones [1], que ya demasiado tendremos con las opiniones de:
los expertos en todo, visitadores de aire de radio y canales de TV,
los mendicantes de la “mano dura”,
los impresentables modelos de vestiduras rasgadas,
los apocalípticos que-ya-sabían-todo-lo-que sucedería-
y sigue la lista
En fin...
Lo que yo quiero, humildemente, introducir en el debate es la cuestión de la responsabilidad social (y no estoy hablando de la responsabilidad del/los gobierno/s, ni de los gobernantes, ni de la escuela, ni de los medios de comunicación, ni de ninguna superestructura ideológica del estado al decir de Althusser), sino responsabilidad de todos: tuya, mía, de tu mujer y de mi hermano... (retomo) la responsabilidad social acerca del modelo que aplicamos para la resolución de los conflictos en cada uno de los ámbitos de nuestra existencia. Convengamos en que los conflictos pueden ser de distinto tipo, y que su dimensión abarca, muchas veces, aspectos absolutamente subjetivos.
Creo (veo, veo) que hay un importante sector de la sociedad que sostiene, absolutamente convencida, que los conflictos (violentos y no) se resuelven con más violencia... Pero claro, amiguitos, no confundamos la violencia negligente y desastrada de los que asesinan a sus compañeros enfrente del resto o los que se tapan la cara y cortan la ruta; con la violencia delicada y diligente de los que tienen el poder en un par de números de teléfono.
Lo que veo, veo también es mucha, muchísima intolerancia; lo que veo es un extremado fanatismo, lo que veo es un temor imponente a todo lo que es distinto, al que ES distinto, al que piensa distinto, al que habla distinto, al que se viste distinto, al que escucha música distinta...
Quizás llegue un día en que los humanos podamos aceptarnos en nuestra solitaria y única individualidad, sabiendo que esa individualidad es lo que nos convierte en valiosos para enriquecernos en experiencias, proyectos y utopías compartidas.
Quizás ese día se empiecen a disipar los fundamentalismos, quizás ese día se desmoronen los estandartes de los “mejores”, las glosas eternas de los abanderados de todas las respuestas...
Quizás el día ése que nos sintamos... así... únicos... perdamos el miedo a lo diferente y, lentamente, de a poco, comencemos a escucharnos y a intentar entender porqué suceden las cosas.
un beso
Denise
simbióticas