Se habla frecuentemente del mobbing entre profesores y alumnos y menos del que se da entre los propios alumnos en la Universidad. Los móviles son los mismos, empero. La envidia, la rivalidad son fuentes clásicas de acoso moral. Se da tanto entre mujeres como entre hombres pero el que se da entre mujeres es mucho mayor en número y vistoso en calidad. Las mujeres que acosan a sus compañeras usan las técnicas más sofisticadas que imaginarse se pueda. Desde difamar hasta hacer el vacío, inventarse y distorsionar historias. Son muy creativas. ¿Pero qué pasa si esto ocurre en una facultad de Psicología virtual? Los que asisten al hecho no saben si hablar o callar. Algunos pocos toman partido por una u otra. Vivimos inmersos en una sociedad que se ha olvidado por completo de la palabra ética. No solo de la palabra, sino del contenido. Estamos perdidos en una violenta lucha persona- persona que azota al que carece de defensas. ¿Cómo prepararnos para enfrentar esta guerra? ¿A qué responde? ¿Qué consigue el acosador? ¿Cuál es la salida para el acosado? Consultores y rectores se ponen del lado del acosador. ¿Cómo se explica esto? A mí me sugiere que esto no es más que nazismo renaciente solo que no organizado desde el estado. Las personas lo han incorporado como aquél que calza sus mejores zapatos. Es cierto que la sociedad vibra de inquietud. La sociedad entera está sumergida en la incertidumbre y el caos y no puede esperarse de ella que se maneje con los criterios básicos de la ética. La confusión reinante empuja a los más fuertes a atacar a los más débiles. ¿No es una especie de eugenesia? Es el darwinismo social que vuelve empaquetado de otra forma guerrillera. Sutil, a veces no tan sutil. Se desecha a los talentosos, a los mansos de carácter, a los generosos. Hay quienes atraemos a este tipo de asesinos morales y somos los únicos que pagamos las consecuencias.
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