
De la Plaza de Cibeles a la Puerta del Sol fue el trayecto que recorrió la manifestación por la República en Madrid el pasado sábado 19 de abril. Durante más de tres horas a partir de las seis de la tarde, los participantes –que fueron varios miles-, convocados por diversas organizaciones republicanas y de derechos humanos, bajo una incesante lluvia, que por momentos llegó a arreciar con fuerza, querían reivindicar con su presencia los valores republicanos, y reclamar el advenimiento de la tercera República para España. Una enorme bandera tricolor encabezaba la manifestación, así como una pancarta en la que se leía:
Por la III República.
No a la Constitución Monárquica del 78
Durante todo el recorrido, se jaleaban vítores a favor de la República y del laicismo en un ambiente entusiasta, aunque pacífico y respetuoso. Se hacía evidente en el ambiente, a poco que se observara con un mínimo de profundidad, que esos miles de personas habían vivido, directa o indirectamente, el velo de oscurantismo y el desprestigio feroz que la propaganda franquista tendió sobre las voces republicanas a lo largo de cuarenta años. Eran voces desgarradas por la mordaza de muchos años.
Es bien verdad que en España las palabras “república” y “republicano” siguen aún teniendo unas connotaciones negativas que no se corresponden en absoluto con la realidad, sino, quizás, todo lo contrario. Un republicano defiende la igualdad de derechos, el gobierno legitimado por el sufragio universal, las libertades, el laicismo y el respeto incondicional a los derechos humanos. Francia, por ejemplo, es un país con gobierno republicano desde hace muchos lustros, y un ejemplo a seguir en muchos aspectos, en especial en los que se refieren a los derechos ciudadanos.
No se trata de ir contra la monarquía (el gerifalte fascista lo hizo más que nadie), sino de reivindicar la legitimación de la estructura política mediante el derecho al voto de todos los ciudadanos. En este sentido, una de las reivindicaciones que se aclamaban en la manifestación es el sometimiento a elecciones generales de la institución monárquica; y, en efecto, para asegurar el asentamiento democrático que casi todos deseamos para este nuestro país, probablemente llegará el día en que los españoles decidirán en las urnas la permanencia o no de una institución que ha estado y sigue estando ligada (de manera más o menos evidente) al poder totalitario y teocrático.
Concluido el recorrido, en la Puerta del Sol la actriz Paca Gabaldón ha leído el Manifiesto por la Tercera República, manifiesto en el que se ha reclamado la abolición de cualquier potestad totalitaria, la derogación del Concordato Iglesia-Estado, (acuerdo directamente concertado con el franquismo), la mejora de la situación económica y laboral de los estratos sociales más desfavorecidos por la crisis económica, y la renovación del poder judicial en base a los preceptos democráticos vigentes. Igualmente se ha exigido al gobierno de la nación que no apoye el intervencionismo norteamericano en su afán imperialista sobre el pueblo cubano.
Definitivamente la voz republicana tiene el mismo derecho que cualquier otra a expresarse y a reivindicar unos derechos que les fueron amputados drásticamente a partir del golpe de Estado de 1.936; la ideología republicana fue y, quizás aun hoy sigue siendo, la gran víctima del triunfo del totalitarismo que dio lugar a la dictadura. Fueron cruentamente fusilados, exiliados, acallados...; hombres y mujeres republicanos hoy pueden y deben clamar por sus ideales que no son otros que los valores democráticos de justicia, solidaridad, igualdad y libertad. Y tienen derecho a clamarlo.
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