Redacción / @Contactar
ediciones simbióticas

"El problema es que la clase política que tiene acceso al poder debe cumplir unas determinadas características de mediocridad. Las personas muy inteligentes evidentemente son sensibles, tienen sensibilidad. Son gente considerada peligrosa para ejercer el poder porque a veces tienen contradicciones, sentimientos, ideas, cambios de orientación en (...) [ Sigue... > ]
Portada del sitio > DOCUMENTOS > Los movimientos feministas como motores del cambio social

Los movimientos feministas como motores del cambio social

De Sonsoles Cabo Mesonero y Laura Maldonado Román en Hegoak

Lunes 11 de abril de 2005, por ediciones simbioticas

La Historia tiende a presentar los avances sociales conseguidos por las mujeres como la consecuencia de un progreso que marcha por sí solo, como el resultado de un proceso en el que, en todo caso, las mujeres no han influido. En cambio, la reconstrucción de la Historia muestra que las mujeres sólo han logrado conquistas sociales allí donde y cuando ha habido mujeres luchando y protagonizando esas conquistas. Han sido las luchas de muchas mujeres, las que nos permiten hoy gozar de derechos que en un pasado muy próximo fueron negados. Mientras no cambien las sociedades en las que vivimos, serán básicamente las reivindicaciones y éxitos de las mujeres las que permitirán seguir avanzando en la igualdad formal -legal- en unos casos y en la igualdad real -de oportunidades y trato.

Las mujeres, igual que los hombres, tienen opiniones y actitudes políticas e ideológicas muy diversas porque tienen intereses muy diferenciados, pero como seres humanos tienen una serie de derechos comunes que van desde el derecho al trabajo, a la libertad de expresión, a participar activamente en la política, a estudiar, al sexo, y también al merecido descanso después de largas jornadas de trabajo, el derecho al ocio, la cultura y los aspectos lúdicos.

Ridiculizar las cuestiones que afectan a los derechos de las mujeres es una estrategia en la que se han empeñado siempre los sectores más inmovilistas de la sociedad.

Frecuentemente, muchos de los problemas de las mujeres han sido problemas "invisibles", desde la "doble jornada" (en el trabajo y en casa) hasta el llamado "techo de cristal" (barrera no explícita que suelen encontrar las mujeres para alcanzar puestos directivos en las empresas públicas y privadas).

El hecho de intentar mantener a la mujer oculta en casa ha sido una forma de mantenerla oculta. Lo que no se ve no existe. La nueva mujer, la mujer con derechos, se ha hecho presente precisamente al salir a trabajar fuera de casa y al llegar a exigir lo que a una le corresponde sin sentirse mal por ello, en definitiva, ser personas independientes que actúan en consecuencia. Pero en estos momentos en los que la estrategia de ridiculización no se considera políticamente correcta, algunos tienden a adoptar la estrategia del silencio. Se oculta no sólo lo que tiene que ver con el feminismo sino lo que tiene que ver con las mujeres, sus derechos y sus organizaciones.

Lo que está pasando en estos momentos en los movimientos feministas suscita una serie de reflexiones: en primer lugar, el feminismo está actualmente visible básicamente en los ámbitos académicos, en la investigación y en el enunciado de los cambios sociales, pero más escasamente en la opinión pública. Como movimiento social, aparentemente está poco activo.

No podemos decir que no haya mujeres trabajando por el feminismo, reivindicando la igualdad, luchando por ella, pero no se facilita su presencia pública, con el argumento de que no interesa ,que carece de sentido. Ciertos sectores de la sociedad, a los que no les interesa la igualdad, han intentado, aislarlo, ocultarlo. Por eso, han dejado que sea una cosa de mujeres y para mujeres, pero que no merece mucho la pena compartir entre todos.

Sin embargo, las mujeres están saliendo adelante y en muchos países se han dado avances importantes en los últimos años. La principal causa para que esto sea así es que la educación se impone, y en los países más adelantados no sólo se está alcanzando la igualdad en los niveles educativos más altos, sino que es está haciendo con grados de aprovechamiento más fructíferos.

En las sociedades más avanzadas de nuestro tiempo, en general, y los movimientos feministas en particular, son fuerzas vivas y muy activas que difícilmente van a poder ser paradas por muchas estrategias que se invente para contrarrestarlas.

El proceso es tan imparable que la mayoría de la opinión pública ha asumido que se trata de uno de los principales motores actuales del cambio social. Los cambios logrados para alcanzar la igualdad formal y las acciones positivas para avanzar en la igualdad real han sido instrumentos de utilidad para la igualdad de la mujer.

Este es el camino para que interpretemos bien la declaración Universal de Derechos del hombre, que empieza diciendo: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos". Este es el camino para hacer ciudadanos , es decir, personas libres iguales, autosuficientes, a las que su comunidad reconoce el derecho a ejercer todas sus capacidades y potencialidades, porque ser ciudadano o ciudadana no es sólo tener derechos civiles (libertades), ni sólo derechos políticos (participación en la res pública), es también tener derechos sociales (económicos, culturales y sociales) para poder sentir que todos y todas formamos parte de una comunidad.

LOS MOVIMIENTOS FEMINISTAS

Se considera que los movimientos feministas tienen su origen en la Declaración de los derechos universales de igualdad y de libertad promovidos en la Revolución Francesa y en la Ilustración, donde las mujeres tomaron conciencia de su situación y comenzaron a reivindicar la igualdad en todos los terrenos, tanto en derechos como en oportunidades y no solo para varones.

Recientemente, muchas voces sabias nos dice que el feminismo ya no es necesario porque las mujeres ya han resuelto sus problemas. ¿Es este análisi correcto? es evidente que se pueden dar respuestas diferentes, todas con argumentos convincentes.

En los setenta se afirmaba que el movimiento feminista era un fenómeno nuevo, desde sus propias filas surgió la tesis contraria. Apoyado por le trabajo de las historiadoras, las feministas y con ellas los interesados en los movimientos sociales redescubrieron el sufragismo. El olvido del movimiento sufragistas que contrastaba con la memoria sobre el movimiento obrero del siglo XIX formaba parte de la "invisibilidad" de las mujeres. Un movimiento que había sido importante, potente y que ningún análisis político histórico riguroso podía ignorar, había caído, sin embargo, en el más completo olvido.

El descubrimiento del sufragismo permitió ver que las mujeres no convertirían por primera vez en un movimiento social en los setenta y que por tanto no eran un "nuevo" movimiento. Las mujeres, al calor de la Revolución francesa se habían cuestionado su situación social y el rol que les había asignado. Se comprometieron con la revolución porque pensaron que sus demandas serían atendidas. Mientras los revolucionarios debatían sobre los derechos del hombre, plantearon los derechos de las mujeres indicando que como grupo social tenían una especificidad que debía ser tomada en cuenta. No sólo sus demandas finalmente no se incorporaron a la agenda política, sino que se las persiguió, se las encarceló y, en muchos casos se las guillotinó por defender estas ideas.

Las sufragistas recogieron el testigo es esta generación de mujeres. Aceptaban el análisis sobre la situación de inferioridad de las mujeres, es decir, su discriminación y pedían el acceso al mundo público del cual habían sido excluídas. Si bien, planteaban diversas reivindicaciones como el derecho a la educación y a poder tener un trabajo remunerado, convirtieron a la participación política en el medio para conseguir las otras demandas. El derecho al voto se convirtió, así, en el aglutinante de la movilización de las mujeres. Esto demuestra el respeto al parlamento y a la democracia representativa que tenían, cuando otros sectores sociales consideraban que sus reivindicaciones jamás podían ser atendidas por los parlamentos democráticos y que éstos debían ser eliminados.

El movimiento sufragista se desintegra poco antes de que se les otorgue el derecho ,al voto a las mujeres en muchos países occidentales. Al igual que ahora, conseguido el voto para las mujeres se estimó que el feminismo ya no tenía razón de ser. Sin embargo, a finales de los setenta hay una nueva rebelión de las mujeres en contra de sus situación social que se considera que es discriminatoria. resurge el feminismo como un movimiento social y su movilización no es sólo social, sino que se traslada también a las instituciones políticas económicas y culturales.

En este momento, las reivindicaciones de las mujeres se plantean en tres grandes áreas de actuación, no sólo piden acceso a las actividades y puestos de los que están excluidas.

En primer lugar, señalan que su biología no las condiciona para ser exclusivamente madres. Que tienen derecho a la sexualidad, al control de su cuerpo y a decidir libremente sobre su maternidad.

En segundo lugar, plantean que las relaciones entre los hombres y mujeres tiene un componente de poder.

En tercer y último lugar, señalan que existe una dicotomía entre lo público (la economía, la política y cultura) y lo privado (la familia) y que el rol que tiene en el ámbito privado es tan importante para el funcionamiento social como el público. La familia es también una unidad de producción de bienes y servicios.

En estas tres nuevas áreas de demandas feministas surgen las reivindicaciones concretas que centran las movilizaciones: el derecho al aborto; la paridad como forma de terminar con la jerarquía hombre/mujer y el poder masculino; y la exigencia de que el trabajo doméstico y los servicios que hacen las mujeres en el hogar sean reconocidos y compartidos. Muchas de estas demandas son incorporadas a la agenda de los poderes públicos que comienzan a implementar políticas específicas. Sin embargo, en muchos casos esta incorporación a la agenda pública no ha hecho que las actuaciones cambien efectivamente la realidad. Las estadísticas siguen mostrando que existe discriminación hacia las mujeres.

¿Ha desaparecido el movimiento feminista? Quizás conviene comenzar por recordar que un movimiento social no es un partido político o una organización que mantiene su existencia independientemente del grado de participación, movilización o acceso a los medios de comunicación. Un movimiento social. Esta diversidad es la que ha caracterizado a los movimientos feministas antes y ahora.

Si comparamos las distintas oleadas feministas lo que tienen en común sus demandas es que se basan en la constatación de que el sexo biológico se convierte en género social. Es decir, el hecho de ser mujer no es sólo un fenómeno biológico; sobre la biología se le construye un rol social y unos ámbitos de participación que constituyen su género. A este género se le asigna un estatus inferior que se traduce luego en la discriminación. Las sociedades y su organización social, económica y cultural ha cambiado históricamente. Sin embargo, en cada caso se ha mantenido esta jerarquía entre los géneros y esta discriminación. Por eso el feminismo reaparece a través del tiempo. Como la expresión en cada período histórico es diferente, las mujeres se han encontrado con discriminaciones de diferente tipo y en cada uno de los períodos de "resurrección" del feminismo se plantean reivindicaciones específicas.

Existe un movimiento de mujeres que es más amplio que el movimiento feminista. Esto es verdad. Pero no se puede olvidar que las conquistas de las mujeres han estado asociadas a la movilización feminista. Si hoy muchas mujeres no feministas o antifeministas tienen derechos políticos y pueden realizar otras actividades en el mundo público, es porque otras mujeres, las feministas lucharon por ello, en algunos casos dejando su vida en el camino.

LA MUJER ESPAÑOLA

La situación de las mujeres en los últimos años del siglo XX en este país. Todas estas mujeres parecen que han conseguido la igualdad con respecto a los hombres, pero esto es sólo apariencia. Las libertades y los aspectos en los que estas mujeres han logrado la equiparación con el grupo masculino en realidad sólo representan la espuma de la sociedad y todo ello, por tanto, no representa una situación de igualdad sino solamente la apariencia, en aspectos concretos y formales, de esta pretendida equiparación.

La situación de las mujeres del llamado primer mundo es muy semejante aunque hay matices que diferencian diversos grupos atendiendo a la clase social, al nivel cultural, al nivel de desarrollo político del país en el que reside, etc.

La clase social, el nivel cultural, el espacio geográfico concreto en el que habita, la religión dominante y la fuerza de la misma en la sociedad, el desarrollo político, etc., son, entre otros factores, categorías de análisis de las que no se puede prescindir al valorar la situación femenina, pues también es muy diversa según los diferentes grupos que se deducen de las anteriores categorías citadas. Por todo ello e insistiendo en lo anteriormente dicho, la situación femenina no puede generalizarse ni siquiera dentro del propio Estado español. A pesar de ello, todas las mujeres, en mayor o en menor medida, tienen algo en común, esto es la subordinación al género masculino. Esta subordinación ofrece variadas perspectivas y mayor o menor intensidad, pero todas las mujeres sufren y muchas de ellas pugnan por eludirla, lamentablemente no todas.

Tampoco puede olvidarse el nivel laboral e incluso la situación familiar de cada mujer para poder definir su grado de subordinación y las posibilidades de igualdad con el grupo masculino. Todo esto es matizar demasiado pues llevaría a la afirmación de que cada mujer es una situación determinada y diferente y, aunque hay cierta verdad en esta afirmación, una cierta globalización puede hacerse y es útil para intentar un acercamiento a la situación actual de las mujeres españolas.

Sólo un grupo muy reducido puede demostrar a la sociedad su emancipación con respecto a los hombres de su familia. Es una minoría integrada por mujeres encuadradas en los grupos privilegiados. Son mujeres que gozan de una desahogada situación económica debida a su origen familiar o a su condición de buenas profesionales de cualquier ámbito. Pero esta mujeres que socialmente se desenvuelven solas, con autonomía y libertad, son una minoría si se tiene en cuanta a la totalidad del país. La mayoría de las mujeres españolas viven en sus casas dedicadas a las tareas domésticas. Esto no es impedimento para que también tengan una actividad laboral fuera de sus casas cuando la unidad familiar requiere su colaboración económica. Estas mujeres sufren la presión social que las responsabiliza de todo lo doméstico, a pesar de ser buenas profesionales. El patriarcado mantiene la asignación de tareas, y aunque tolera que desempeñen trabajos públicos remunerados, de cualquier nivel, desde registradoras de la propiedad hasta asistentas por horas, esto se debe a que en cada caso la economía familiar precisa de su contribución pero no las exime del cumplimiento de sus obligaciones familiares.

Esta actividad laboral de las mujeres puede inducir a pensar que las mujeres han logrado la igualdad con los hombres pues se les permite acceder a cualquier puesto de trabajo. La ley defiende esta situación que en realidad es una falacia, puesto que, aunque existe la posibilidad teórica de acceder a cualquier puesto de trabajo, hay que valorar las posibilidades reales que tienen las mujeres para ello. Pero además, hay que reconocer que esto supone una doble carga, ya que no se les exime en la mayoría de los casos, como antes señalaba, de sus obligaciones domésticas, que no suelen compartirse. Su trabajo les permite gozar de los bienes suficientes para comprar ayuda doméstica en algunos casos, pero la mayoría de las mujeres trabajadoras soportan la doble jornada, el cumplimiento de ambas obligaciones, profesionales y domésticas.

Por tanto, aunque hay libertad laboral y en teoría las mujeres se han equiparado en este aspecto con los hombres, esto oculta una situación injusta, pues las profesionales femeninas siguen siendo responsables de las tareas domésticas, cosa que repercute en su actividad laboral sobre todo en las actuaciones relacionadas con la promoción, ascensos, etc. Junto a esto, es necesario valorar también las dificultades y costes que las mujeres han sufrido para conseguir un puesto de trabajo y si han sido equiparables a las de los hombres de su mismo nivel. Habría también que valorar la cualificación de cada uno en niveles semejantes.

Mi segundo punto de reflexión, que aunque las posibilidades laborales para las mujeres no suponen la igualdad con los hombres, si son una vía de acceso a la libertad. Esta es una idea muy importante, sobre todo para las mujeres delas jóvenes generaciones. La mayoría de ellas luchan por tener su puesto de trabajo y ser independientes. La situación es muy diferente para las mujeres nacidas en los años cuarenta y cincuenta. De este grupo es sólo una minoría las que han accedido al mundo laboral. La mayoría permanece como amas de casa, que es para lo que se les había educado, tanto las de las clases altas como las de las bajas. Las que no han accedido al mundo laboral dentro de las clases altas, cuando los hijos son mayores, las más inquietas llevan a cabo algunos trabajos eventuales y subsidiarios y las de las clases inferiores, si las necesidades económicas familiares lo requieren "echan horas" en alguna casa.

La situación es muy diferente según la edad de las mujeres. No puede considerarse un solo modelo o una sola mentalidad femenina, hay que tener en cuenta todos los cambios políticos y socioeconómicos que se han desarrollado a lo largo del siglo XX y que han influido en la evolución de la educación y actividad de las mujeres.

La guerra civil del 36, había sacado a las mujeres de sus casas y las había llevado a trabajar ocupando los lugares de los hombres que combatían. Luego fue difícil que volvieran de buen grado a sus casas, perdiendo la libertad que habían tenido. Otro hecho importante fue el mayo del 68. En él se planteaba un nuevo pensamiento para la sociedad occidental. Los/as niños/as que nacieron a partir de entonces fueron educados a partir dentro de otros esquemas mentales; bien es cierto que no siempre, pero sí en bastantes casos. Esto ha dado lugar a que las mujeres y algunos hombres hijas/os de aquel acontecimiento, tengan una mentalidad diferente. Esta situación para el caso español se unió a la llegada de la democracia a partir de 1975. Todo ello ha dado lugar a que se hay producido un importante cambio para estas nuevas generaciones. Ahora casi la totalidad de las mujeres son conscientes de que no debe haber restricciones a su proyección social y que no tienen porque estar subordinadas a maridos, padres, hermanos, hijos, etc. Por ello lucha y reivindican la igualdad de derechos, obligaciones, etc. Además, como algunos hombres son conscientes de esta situación, sería deseable que todo ello tuviera una proyección social que ofrezca un futuro mejor y más justo para las mujeres.

LA ESTRUCTURA FORMAL DE IGUALDAD

"Pobreza y desigualdad, una lucha de izquierdas: la lucha contra la pobreza en cada país y entre países, y la lucha por la igualdad real entre mayorías y minorías y entre hombres y mujeres".

El feminismo, como filosofía política de la igualdad.

Primer feminismo, a las pioneras les tocó denunciar a los pensadores y a los interpretadores de la Ilustración y de la Revolución Francesa porque excluyeron a las mujeres.

Primeras sufragistas

XIX en Estados Unidos e Inglaterra. Convención que celebraron en Séneca Falls en 1848 y la "Declaración de Sentimientos", el punto de partida para la conquista del derecho al voto de las americanas. 1918, la mayoría de los feminismos conciben su trabajo por la igualdad.

Libertad e igualdad

Definición de libertad: persona que es libre; debe tener una esfera de actividad personal protegida de la injerencia de cualquier poder externo; participar directa o indirectamente de la creación de normas que regulen la conducta colectiva y poseer en propiedad individual o colectiva bienes suficientes para una vida digna. Significado tradicional de libertad negativa (hacer o no lo que las leyes permitan o impidan). De Hobbes y Montesquieu a Rousseau.

Igualdad: desde la Declaración Universal, es igualdad en dignidad y derechos, ya no hay conflicto entre la igualdad jurídica, la política y la social, pleno reconocimiento de los derechos sociales. Igualdad entre todos.

El camino hacia la igualdad real en la España democrática empezó con la aprobación de la Constitución, significó el reconocimiento legal, por primera vez, de que las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres en educación y trabajo. El cambio de leyes no es suficiente para alcanzar la igualdad real. Hay que transformar estructuras sociales, actitudes, comportamientos y formas de vida profundamente ancladas en la historia de la sociedad española que han servido para perpetuar situaciones de desigualdad., cambios profundos.

*Aún existen actitudes y formas de vida en nuestra sociedad que ayudan a perpetuar situaciones de desigualdad para la mujer.

Acción positiva

La apuesta colectiva por desarrollar el valor de la igualdad de oportunidades y trato y el compromiso político de proteger y extender tal valor es lo que explica: el crecimiento de la participación de las mujeres, llegando al 50%, en el sistema educativo elemental y medio, así y como en los niveles de formación profesional y universitaria donde el número de alumnas se ha duplicado llegando a ser el tercer país de la Europa Comunitaria con un porcentaje mayor de mujeres entre 17 y 24 años en la Universidad.

Futuro inmediato

Compromiso de:

1- Seguir erradicando el autoritarismo de nuestra sociedad porque las sociedades muy jerarquizadas se oponen al diálogo.

2- Seguir apostando por la razón frente a los mitos.

3- Seguir priorizando la redistribución de la riqueza y la solidaridad frente al individualismo.

Hombres y mujeres tendremos que negociar y discutir sobre el reparto del trabajo, de responsabilidades públicas y privadas y de la riqueza en cada país y entre países "ricos" y países en "vías de desarrollo".

La igualdad en las leyes (o igualdad formal), es decir, la prohibición de que las normas jurídicas discriminen a los ciudadanos por su sexo, raza, religión, opinión, condición social, etc., es un valor consagrado hoy en día tanto en las Constituciones de la mayor parte de los Estados del mundo como en los Tratado internacionales sobre Derechos Humanos. Este amplio reconocimiento no se ha conseguido sin esfuerzo, al contrario, es el fruto de muchos años de lucha de amplios colectivos de la población: la clase trabajadora, las mujeres, las minorías étnicas, etc.

La igualdad formal es, por tanto, un logro importante. Sin embargo, no es suficiente. Tantos siglos de desigualdad han creado una sociedad injusta en la que persiste la discriminación contra los colectivos históricamente marginados. Frente a esta situación, la aplicación estricta de la igualdad en las leyes, esa trascendental conquista, resulta paradójicamente contraproducente: tratar igual a los que están en un plano de desigualdad real ayuda a perpetuar ésta.

Entre esos colectivos están, sin duda, las mujeres. Su situación actual revela que la discriminación contra ellas. históricamente asentada tanto en las leyes como en los usos sociales, no ha sido todavía superada. Ahí están para constatarlo las estadísticas del desempleo en España, la ocupación de las categorías de trabajo peor pagadas, su posición minoritaria en los órganos de poder político y económico.

Frente a ello, el Estado social y democrático de derecho ha de actuar con medidas que ayuden a las mujeres a superar esta situación. A estas medidas se les conoce como acciones positivas, y van desde la concesión de una subvención al empresario para contratar a una mujer hasta la creación de cursos de formación y reciclaje sólo para ellas. En abstracto, se puede definir como aquellas acciones exclusivamente dirigidas a favorecer a las mujeres por su condición y que tiene como finalidad superar la situación de discriminación que padece el colectivo.

La mayoría de estas medidas han tenido una pacífica acogida y una rápida difusión tanto en el resto del mundo occidental como en nuestro país. En general, son medidas consideradas como necesarias cuya adopción no suscita rechazo alguno.

Pero hay una modalidad de acción positiva que no ha resultado tan pacífica, es la llamada "discriminación positiva". La controversia que genera se basa en que suponen la introducción en la selección para un bien codiciado (como, por ejemplo, un puesto de trabajo) de un criterio (ser mujer) que es ajeno a los méritos individuales.

La Comisión Europea ha adoptado en su propia política de selección de personal un sistema de discriminación positiva racionalizada o flexible, en sintonía con el apoyo que la Unión europea ha otorgado desde los años ochenta a las acciones positivas a favor de las mujeres.

En cuanto a nuestro país, la adopción de "cuotas flexibles" de mujeres en el acceso y promoción en el empleo es prácticamente inexistente. Las políticas de apoyo a la integración laboral de la mujer se circunscriben a acciones positivas menos polémicas como las subvenciones, las campañas de información y concienciación o los cursos de formación, pero todavía no se ha entrado de lleno en la más efectiva de todas: la discriminación positiva. Si constitucionalmente sería viable, políticamente no parece que ningún gobierno esté dispuesto a asumir las airadas reacciones que a buen seguro un impulso de medidas como éstas acarrearía. En esta inacción juega también un papel importante el escepticismo que gran parte de la sociedad alberga respecto a la magnitud de la discriminación que padece la mujer, fruto de una sociedad machista que no es capaz ni de reconocer su condición como tal.

Así, nuestro país, sonde la situación social de la mujer es claramente inferior a la de otros países que aplican medidas de discriminación positiva (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Alemania, EEUU, etc.) carece por ahora de este instrumento de superación de la desigualdad, el más efectivo de todos ellos. Equipararnos a estos ordenamientos jurídicos en esta cuestión nos ayudaría a conseguir una sociedad más desarrollada y más justa.

MUJER Y TRABAJO

A pesar de los logros conseguidos en el intento por equiparar a hombres y mujeres, todavía quedan importantes obstáculos que salvar; es decir, que la igualdad no es absoluta.

Se puede observar la predisposición existente por parte tanto de mujeres como de hombres, para actuar y llevar a cabo planes y políticas de actuación , siendo e l principal problema que en la mayoría de los casos, dichas actuaciones no llegan a ponerse en práctica, o si lo hacen, los procesos que llevan a la consecución de metas resultan penosamente lentos.

Ciertas hipótesis, en concreto la de Victoria Camps, apuntan como causa de que la mujer se vea igual que el hombre en el ámbito de los derechos civiles, pero no en el de los derechos sociales y políticos el que la mujer siga pensando, en cierta manera, "de modo masculino" con lo que continúa teniendo ciertos impedimentos para integrarse de lleno en el mundo laboral, y consecuentemente, para conseguir la libertad que la independencia económica proporciona. El Estado ha ayudado en cierta medida a la mujer, proporcionando centros como residencias de ancianos o guarderías que la liberan de tareas a las que tradicionalmente, en su rol de esposa y madre, se ha dedicado, pero de las que no acaba de desligarse por completo; debido, en cierta medida, a su propia voluntad de ir cambiando paulatina y lentamente , en lugar de radical y definitivamente; esto se manifiesta claramente en hechos como el que las principales ocupaciones remuneradas a las que se dedica la población femenina, y en las que destacan por ser mayoría sean la enseñanza, la sanidad, dentro del sector servicios destacan los trabajos administrativos, o dentro de la industria el textil y la confección.

En este avanzar con pies de plomo, se observa la importancia que el arraigo de unos valores sociales, así como de una muy determinada educación ejercen, y que conllevan, desde la no separación de la vida pública y de la vida privada, hasta el freno que algunas mujeres se ponen a sí mismas a la hora de ascender en el terreno profesional, o de ocupar puestos relevantes en el ámbito de las decisiones políticas.

Teniendo en cuenta la variable nivel educativo, se observa que, si bien la tasa de actividad de varones es mayor para todos los grupos de edad, las diferencias con las tasas de actividad de mujeres disminuyen a medida que aumenta el nivel de estudios. Esto se debe al incremento que el porcentaje de mujeres que realiza estudios superiores ha experimentado en los últimos tiempos. Para hacerse una idea, y atendiendo a datos de la EPA del 2º trimestre de 1990, la situación era la siguiente:

Tasas de actividad atendiendo a diferencias de sexo y distintos niveles de estudios;

- Grupo de analfabetos y sin estudios que trabajan: hombres 42,3%, mujeres 13,46%.

- Estudios primarios: hombres 71,5%, mujeres 26,8.

- Estudios medios:

Bachillerato y COU; hombres 69,8%; mujeres 47,5%.

Formación Profesional; hombres 77,03%; mujeres 8,57%.

- Diplomados: hombres 71,54; mujeres 65,75%.

- Estudios superiores: hombres 83,59%, mujeres 80,75%.

Así pues, se puede decir que aunque los datos no reflejen a qué tipo de ocupaciones se dedican hombres y mujeres, para poder observar si realmente las condiciones para uno y otro grupo son las mismas, sí se puede decir que a medida que la mujer realiza estudios superiores, las diferencias diminuyen a nivel de porcentajes de empleados. Es decir que la variable nivel de estudios parece ser una posible vía para contrarrestar el efecto negativo que los factores tradicionales de asignación de roles en función de sexo ha venido ejerciendo.

Atendiendo a sectores de actividad, las mujeres destacan en el sector servicios, que da trabajo a un 62%, frente al 43,7% de los hombres. Dentro de éste las principales ocupaciones de la mujer son las actividades relacionadas con sanidad, cultura y educación. En sectores como la agricultura, la mujer no está plenamente integrada, a pesar de representar porcentajes similares al de varones (9% mujeres y 12,7% varones), no supone una competencia para la población ocupada masculina: "Las mujeres se mantienen en una categoría donde no reciben un salario, sino que trabajan en la esfera familiar, constituyendo una mano de obra auxiliar y barata, lo que se corresponde con la consideración tradicional de que, en el campo, el trabajo de la mujer es algo normal y más una colaboración que presta al mismo como hija, esposa, o madre, que en calidad de productora. Es una continuación de las tareas del hogar en el campo".(Martine Weiler; 1977:37-38). La mayoría del trabajo de la mujer en el campo suele ser eventual o de temporada, con lo que su posición de asalariada es muy débil. Tampoco la mujer tiene una gran representación en la industria, (24,6% hombres y 14,9% mujeres), tradicionalmente, las ocupaciones de la mujer en este sector van ligadas al ámbito textil y de la confección. En el sector donde más claramente se observa la minoría de mujeres frente a los hombres es en la construcción, (14,2% frente al 0,9%).

En la detección de los problemas sociales, en concreto de los que puedan afectar a la mujer y en el diseño de las políticas de actuación necesarias, se hace indispensable la colaboración de disciplinas como la historia, la sociología o la antropología, y se observa el aumento de los estudios realizados sobre la mujer en el mundo laboral. Carrasco, Borderías y Alemany los clasifican en cuatro vertientes:

Estudios centrados en actividad y empleo.

Estudios centrados en trabajo doméstico.

Estudios centrados en el trabajo asalariado.

Estudios centrados en la producción y reproducción.

Se identifican como principales problemas, consecuencia de los últimos cambios globales, fundamentalmente en el ámbito económico, y con repercusión directa para la mujer, la participación activa de ésta en la producción, además del reconocimiento de la aportación en trabajos no remunerados, (que, en concreto, en países como España, han contribuido a la consecución del nivel de vida alcanzado); consiguiendo con ello, la anterior mencionada independencia económica, y a su vez e indirectamente, una transformación de valores, mentalidades y creencias que la desligan de su tradicional rol de cuidadoras. Dicho cambio no ha sido totalmente asimilado por una sociedad que sigue poniendo obstáculos tanto físicos como morales, que repercuten a la hora de ocupar los peores puestos, los peores remunerados o menos reconocidos.

A pesar de todo, coincidiendo con los nuevos tiempos de cambio estructurales que ha traído consigo la formación de la UE, las tasas de participación de la mujer en el mercado laboral han aumentado de forma satisfactoria, e indirectamente han contribuido al surgimiento de otros cambios en ámbitos como la composición de la población activa (los jóvenes entran más tarde en el mercado laboral debido al alargamiento del período de educación y los mayores salen antes al anticiparse la edad de jubilación); el descenso de las tasas de natalidad y de mortalidad, así como la proliferación de núcleos familiares de menor tamaño.

Las mujeres siguen siendo minoría en el mercado de trabajo en su conjunto. Según datos de Eurostat, la tasa media de actividad en 1995 fue del 66% para hombres y del 45% para mujeres, ocupando España junto con Italia uno de los últimos puestos.

MUJER Y FAMILIA

En opinión de Violante Martínez, (profesora de sociología de la UNED), el futuro de la mujer se encamina a compatibilizar el trabajo con la vida familiar, consiguiendo una mayor equiparación en los roles de padre y madre y estudiando ampliamente los sectores económicos en los que la mujer contribuye con un trabajo no remunerado. La clave de la marginación de la mujer está en la realización de dichas tareas.

En cuanto que parece observarse que la raíz del problema parece situarse en la no equiparación a nivel real entre hombres y mujeres debido a unas pautas marcadas por las formas de educación imperantes, que contribuyen a perpetuar unos determinados estereotipos de mujer y de familia; se justifica la necesidad de aplicación de ciertas políticas sociales, que beneficien directamente a las mujeres, tanto en formación como en acceso a oportunidades; son las llamadas medidas de discriminación positiva. Asimismo, se necesita reorientar la educación, para conseguir cambiar los sistemas de normas y valores. Para Victoria Camps, mientras las costumbres no cambien, las leyes proteccionistas serán necesarias.

Un aspecto importante a la hora de estudiar los cambios que supone el avance de la mujer, es ver la repercusión de los mismos, a pesar de no encontrarse fuertes posturas encontradas, tampoco se contribuye o se prestan importantes ayudas a la mujer, sino que es ésta individualmente quien tiene que ir alcanzando unos logros por sí misma. Se acepta la nueva imagen de relaciones sociales y de familia que el nuevo rol de mujer conlleva, pero no se hace nada por incorporarla, por hacerla real y desplazar a las anteriores formas, con lo cual, se pone de manifiesto la insuficiencia de las acciones emprendidas. Las nuevas necesidades que la nueva situación de alternancia de tareas domésticas con trabajo fuera de casa por la mujer genera no se ven cubiertas. En efecto, los hombres siguen dedicando muchísimo menos tiempo, (ocho veces menos), que las mujeres a las tareas domésticas.

Josune Aguinaga, (profesora de sociología de la UNED), opina que a pesar de haber conseguido importantes logros como que el aumento de la participación femenina en la toma de decisiones del ámbito familiar, o al compartir tareas domésticas como el cuidado de los niños, (según datos del CIRES en el 59,1% de los casos los dos miembros toman parte en la decisión final; dato que aún está lejos del 100%), todavía quedan importantes barreras por salvar, y ante las que hay que actuar: habría que exigir colectivamente que los trabajos domésticos se valoraran más además de compartirse, las mujeres han de ser conscientes del trabajo que desempeñan y concederle la importancia que merecen. No obstante, lo más importante sería cambiar los papeles que la Teoría sociológica de los roles diferenciales reconoce como asignados tradicionalmente, en concreto, al hombre el rol instrumental, proporcionar alimento a la familia, y a la mujer el rol expresivo, cuidar y dar afecto a la familia.

Se demuestra que la variable estado civil influye gran importancia en las tasas de actividad femeninas. En efecto, las mujeres solteras mantienen prácticamente su actividad laboral en todas las edades, mientras que las tasas correspondientes a mujeres casadas son siempre inferiores. Atendiendo a diferencias de género (según datos de la EPA), existe cierta similitud entre los porcentajes de hombres y mujeres solteros que trabajan: 62,88% y 53,07% respectivamente; no siendo así en el caso de hombres y mujeres casados que trabajan: 70,94% frente a un 29,12%. La baja tasa de actividad de la mujer casada, suele estar sesgada por una alta proporción de este sector que dedica parte de su tiempo a trabajar en al economía sumergida, donde tienen una relación laboral marcada por la no existencia de derechos, de seguros sociales y en ocasiones reforzada por la precariedad laboral, la explotación y las condiciones ínfimas de seguridad, debido a que los empresarios suelen ser reticentes a la hora de contratar a una mujer, alegando que faltan más horas laborables por cuestiones como quedarse a cuidar de los hijos...

Un importante cambio surgido en los últimos tiempos, es la situación a la que fenómenos como el divorcio origina, ya que la mujer divorciada se ve obligada a reincorporarse al mercado laboral, al igual que las viudas, igualándose a las tasas de mujeres solteras.

CONCLUSIONES

Si algo queda claro, al contemplar la realidad actual, es que a pesar de los logros conseguidos por el movimiento feminista, desde sus orígenes allá por la Revolución Francesa y la reivindicación de la Ilustración de los derechos de igualdad y de libertad, pero en los que no se incluía a la mujer, aún hoy no se ha llegado a una igualdad plena de derechos para hombres y mujeres, y se siguen observando posiciones de desventaja para la mujer en diferentes ámbitos, tanto en el plano laboral como en el doméstico.

Cabe mencionar a importantes mujeres cuyo nombre ha quedado grabado en la historia del feminismo, como luchadoras que trataban de defender algo que creían legítimo, tal es el caso de Alejandra Kollontai o Zetkin, que tras el movimiento sufragista, donde Pankhurst como una de las principales representantes, defenderá la idea de sufragio universal, abogaban por el fin de la sociedad de clases. Más tarde mujeres como Simone de Beauvoir o Betty Friedman tratarán el problema entre los sexos.

El feminismo tomó diversos rumbos, dependiendo del elemento de desigualdad al que se diera mayor relevancia; así el feminismo liberal ponía énfasis en la división del trabajo atendiendo a razones de sexo, que dejaba peor parada a la mujer, ya que la esfera pública de autoridad y de ventajas, e indirectamente de acceso a educación y oportunidades, y por tanto de reproducción cultural, se limitaba al hombre. Por su parte el feminismo socialista, dentro de la corriente marxista denunciaba que las desigualdades entre hombres y mujeres estaban íntimamente ligadas con la existencia de una serie de instituciones de carácter cultural, pero atendiendo y diferenciando entre distintas clases sociales a las que las mujeres puedan pertenecer, ya que los problemas que las afecten en cada caso no serán los mismos, es decir que las mujeres son una subclase dentro del sistema de clases; en los últimos tiempos esta corriente ha centrado su interés en el análisis de cuestiones concretas como fuentes de desigualdad, como es el posicionamiento de las mujeres en ciertos ámbitos: la clase trabajadora, la reproducción, la sexualidad, los procesos de socialización; y proponiendo ciertas soluciones: reivindicación del lesbianismo como un derecho, la fecundación artificial, lo que supondría una "maternidad sin hombres", o la lucha por llegar a una sociedad asexuada, en la que no haya una socialización que asigne roles en función del sexo. El feminismo radical reta a la dominación patriarcal del hombre, mediante la cual controla y tiene sometida a la mujer.

La consolidación de la ideología feminista como tal se produce en Mayo del 68, donde se intentará redefinir las relaciones de poder. Se defiende que la consecución de la liberación económica conducirá inexorablemente a una liberación social. Empieza a vislumbrarse el modelo de mujer independiente, que se labre su propio futuro.

Una de las principales características del feminismo como tal, es que, a pesar de haber ido evolucionando y tomando diferentes posturas, los logros anteriores no se pierden. Actualmente se reivindican más una serie de valores, como la recuperación de la sensibilidad o del razonamiento femenino que sitúen a la mujer en un lugar central, que objetivos materiales, pero esto se hace sobre la anterior base de metas alcanzadas, (esta postura recibe el nombre de feminismo postmoderno) La pretensión de conseguir reformas graduales en las instituciones, anteriormente reivindicadas desde fuera del sistema, ahora defiende hacerlo desde dentro.

Comentar este artículo


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

¿Quién eres? (opcional)
  • [Conectarse]
Texto
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)

    texte


Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Espacio privado | SPIP | esqueleto | Esqueleto Adaptado de: Rouge sang