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Lenguas Vernáculas: La escritura como estrategia defensiva

Lelia Inés Albarracín Jorge Ricardo Alderetes en Asociación Investigadores en Lengua Quechua

Viernes 23 de septiembre de 2005, por ediciones simbioticas

A nivel internacional la protección de los derechos lingüísticos de las minorías ha adquirido las características de una problemática de tanta importancia como la conservación del medio ambiente. Esta preocupación contrasta con la marcada indiferencia en Argentina por esta temática. Así como el inglés ejerce una suerte de imperialismo lingüístico - consecuencia del fenómeno de globalización - que amenaza a otras lenguas, hacia el interior de nuestro país es la imposición del español como “lengua nacional” lo que amenaza a nuestras lenguas vernáculas. En este trabajo analizaremos algunos aspectos controversiales referidos al uso de la escritura en las lenguas vernáculas y en particular nos referiremos a la situación de la lengua quechua de Santiago del Estero, que cuenta con aproximadamente 160.000 hablantes en dicha provincia y con una cifra similar de hablantes distribuidos por todo el país.

ESCRITURA Y DERECHOS LINGÜÍSTICOS

La Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos (Barcelona, Junio de 1996), en su Preámbulo señala algunos de los factores que contribuyen a poner en riesgo la diversidad lingüística del planeta: «La secular tendencia unificadora de la mayoría de los Estados a reducir la diversidad y a favorecer actitudes adversas a la pluralidad cultural y al pluralismo lingüístico. El proceso de mundialización de la economía y, en consecuencia, del mercado de la información, la comunicación y la cultura, que afecta a los ámbitos de relación y a las formas de interacción que garantizan la cohesión interna de cada comunidad lingüística. El modelo economicista de crecimiento propugnado por los grupos económicos transnacionales, que pretende identificar la desregulación con el progreso y el individualismo competitivo con la libertad, cosa que genera graves y crecientes desigualdades económicas, sociales, culturales y linguísticas». Y en su Artículo 3.2, la Declaración señala como derechos de los grupos lingüísticos: «el derecho a la enseñanza de la propia lengua y cultura; el derecho a disponer de servicios culturales; el derecho a una presencia equitativa de la lengua y la cultura del grupo en los medios de comunicación; el derecho a ser atendidos en su lengua en los organismos oficiales y en las relaciones socioeconómicas», Si analizamos los derechos lingüísticos en el contexto de los derechos humanos, encontraremos que hay dos situaciones que se interrelacionan pero que requieren un análisis por separado. Por un lado tenemos el derecho de los individuos y comunidades lingüísticas minoritarias “a no ser discriminados por hablar una lengua diferente de la oficial” y por el otro el derecho de esas comunidades “a usar, desarrollar y promover su propia lengua”. La preservación y promoción de la lengua quechua, entre otras lenguas minoritarias, la producción de textos destinados a la alfabetización bilingüe intercultural, el uso de la lengua con fines administrativos, jurídicos, de salud pública, etc., son derechos para cuyo efectivo ejercicio obviamente la escritura ocupa un lugar preponderante.

ESCRITURA Y ETNICIDAD

Así como los pueblos indígenas son doblemente discriminados y excluidos, por ser pobres y por su origen étnico, en nuestro país hay comunidades que no se consideran indígenas pero que también sufren una doble discriminación y exclusión, en este caso por ser igualmente pobres y por ser portadores de una cultura diferente a la de la sociedad dominante. Es el caso de la comunidad quechuahablante del dialecto de Santiago del Estero, cuya población es principalmente criolla. Sus hablantes están dispersos por todo el país, pero las mayores concentraciones están en las provincias de Santiago del Estero y Buenos Aires. En particular, el área quechuahablante santiagueña es una de las regiones más pobres del país: en Santiago del Estero el 55,9% de la población está por debajo de la Línea de Pobreza. En este apartado nos interesa señalar que el tratamiento de la problemática de las lenguas vernáculas desde un punto de visto exclusivamente étnico, conduce a nuevas exclusiones. La mejor prueba la tenemos con el Censo Nacional 2001 de Población, Hogares y Viviendas, en donde la segunda pregunta de la cédula censal interroga por la pertenencia a 17 etnias posibles y ninguna de ellas incluye a los quechuahablantes. Otro ejemplo lo constituye el Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe para los Países Andinos (PROEIB Andes), del que nuestro país forma parte, que en las bases de su Segundo Concurso Regional de Investigación (2001) establece: “También podrán presentar propuestas investigadores residentes en la Argentina, cuando sus propuestas se refieran de manera explícita a la problemática educativa indígena de uno o más de los siguientes países andinos: Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú o a poblaciones indígenas migrantes de los mismos en territorio argentino.” Es evidente entonces que la comunidad quechuahablante del dialecto de Santiago del Estero, queda explícitamente excluida ya que su población ni se considera indígena ni es oriunda de esos países. Esto nos demuestra que la cuestión de la preservación de la lengua (vinculada de algún modo con la escritura, como veremos más adelante) debe, en algunos casos, considerarse en forma separada o paralela a la cuestión de la identidad étnica. Sin embargo, parece generalizada la idea de que el concepto de educación intercultural bilingüe sólo tiene validez en los espacios indígenas. Investigaciones recientes sobre lenguas en contacto, (Speranza 2001, García & Lucas 2001) muestran que los movimientos migratorios desde las zonas rurales hacia las urbes, originan complejas situaciones de multiculturalidad en aulas de escuelas urbanas o suburbanas, donde conviven niños monolingües en español junto a niños bilingües, no necesariamente indígenas, en cuyos hogares se hablan lenguas vernáculas como el quechua o el guaraní, e inclusive lenguas no americanas. Vemos pues que la diversidad cultural de nuestra población escolar sobrepasa lo puramente indígena. Nuestro sistema educativo debe asumir esta realidad y atender la problemática del contacto de lenguas, que se manifiesta en hechos de variación lingüística claramente observables en la producción escrita de nuestros alumnos.

ESCRITURA Y PODER

Algunos investigadores sostienen que la introducción de la escritura en una comunidad cuya cultura es ágrafa, puede significar la pérdida de su identidad, o al menos, el agravamiento del proceso de aculturación. Argumentan que la educación intercultural bilingüe, basada en la escritura, atenta contra el carácter oral de la identidad indígena y colectiva, e interfiere con el proceso de transmisión oral de los conocimientos, de su espiritualidad, del aprendizaje no-formal característico de las culturas ágrafas. Este tipo de afirmaciones no pueden realizarse en forma genérica ya que si bien es cierto que en algunos casos ciertos grupos podrían resultar agredidos, en otros por el contrario, podrían permitir modificar las relaciones de poder aprovechando ciertas funciones de la escritura. Desde este punto vista, nos atreveríamos a afirmar que la conveniencia del desarrollo de la escritura para alguna lengua minoritaria en particular, dependerá en última instancia del grado en que ayude a incrementar el poder de ese grupo subordinado. Al plantear que lengua y cultura pueden ser herramientas de poder - puesto que logran establecer desigualdad entre los habitantes de un mismo país - vemos que es imposible considerar el problema lingüístico sin ponerlo en un contexto político, económico y social. La relación entre escritura y desarrollo de poder evidentemente tiene conexión con el incremento del estatus de una lengua discriminada y de la propia valoración que hacen los hablantes de su lengua. Como señalaba Paulo Freire (1970:58): “La autodesvalorización es otra característica de los oprimidos. Resulta de la introyección que ellos hacen de la visión que de ellos tienen los opresores (...). Hasta el momento en que los oprimidos no toman conciencia de las razones de su estado de opresión, ‘aceptan’ fatalistamente su explotación. Más aún, probablemente asuman posiciones pasivas, alejadas en relación a la necesidad de su propia lucha por la conquista de la libertad y de su afirmación en el mundo”.

ESCRITURA Y PRESERVACION

Quienes desde una posición purista sostienen que las culturas ágrafas tienen derecho a seguir siendo ágrafas, que la introducción de la escritura para las lenguas vernáculas es un atentado a la identidad cultural de las respectivas comunidades de hablantes, olvidan que el principal peligro de aculturación es la alfabetización forzosa en castellano. Además, nuestras escuelas no cuentan con docentes capacitados para enseñar principal o exclusivamente a través del medio oral. De allí que la escritura sea virtualmente necesaria para la implementación de un programa formal de educación intercultural bilingüe, utilizando la lengua no sólo como contenido sino también como herramienta de instrucción. Obviamente, la preparación de los textos y el material educativo necesarios, requiere de una versión escrita de la lengua. Sin embargo, en nuestro país la posibilidad de la estandarización del quechua ni siquiera ha sido debatida. En la Argentina hay por lo menos tres dialectos quechuas y si la enseñanza de la lengua escrita implica la elección de una variedad o dialecto considerado estándar, deben tomarse los recaudos necesarios para evitar que dicha elección sea utilizada como un mecanismo de marginación de otros dialectos o variedades diferentes. Con justa razón Moreno Cabrera (2000: 167) advierte: “En conclusión, los conceptos de codificación, normalización, estandarización y fijación tienen un claro trasfondo ideológico y no son, por tanto, puramente lingüísticos. Definir el concepto de lengua utilizándolos es la manera de la que se valen las culturas dominantes para justificar la imposición de su variedad lingüística sobre las de los demás. La escritura, considerada por muchos como el origen último de la estandarización y homogeneización de una lengua, es un invento, es algo artificial para lo que los seres humanos no nacemos preparados. Las lenguas se adquieren de modo natural, sin instrucción específica alguna, pero la escritura debe enseñarse mediante acciones educativas específicas y ha de aprenderse a base de un esfuerzo continuado. Ese esfuerzo, normalmente, merece la pena.” En la opinión de numerosos especialistas, la estandarización parece ayudar a la preservación de las lenguas vernáculas, sin embargo, advierten que la relación entre uso de la escritura y preservación de la lengua dista de ser directa. En tres casos analizados por Hornberger (1995) acerca de las funciones y usos de la escritura, podemos ver que a las personas involucradas, al verse forzadas a escribir en quechua, les permitió desarrollar habilidades lingüísticas y de uso de la escritura que de otra manera no hubieran desarrollado, y que la oportunidad de desarrollar esas habilidades lingüísticas y de uso de la escritura incrementó su autoestima. Al mismo tiempo, Hornberger señala que si bien un sentido de justicia social exige que se permita a las minorías lingüísticas mantener su(s) propia(s) lengua(s), y que comúnmente se considera el uso de la escritura como un medio muy importante para hacerlo, la relación entre desarrollo de la escritura y preservación de la lengua es, sin embargo, muy compleja. Por su parte, Fishman (1991) ha señalado la importancia del uso de la escritura en los esfuerzos de las minorías lingüísticas por revertir la sustitución lingüística en sus propias comunidades. En el desarrollo de una teoría de la inversión de la sustitución lingüística, Fishman perfila ocho etapas que podrían servir de guía para establecer prioridades en dichos esfuerzos. Las últimas cinco de las ocho etapas se fundamentan en el uso de la escritura. Es evidente la amplia gama de funciones posibles que puede tener el uso de la escritura en algún contexto lingüístico y cultural en particular, funciones que pueden o no tender hacia la preservación de la lengua y la cultura. La naturaleza y las funciones del uso de la escritura varían de cultura a cultura y están vinculadas a las estructuras culturales y de poder de la sociedad. Aunque parezca obvio, antes de desarrollar y de establecer una escritura, debemos preguntarnos cuál es el propósito de dicha acción, qué fines se persiguen y cuáles serán los usos que se le dará.

ESCRITURA Y EDUCACION

Cuando Moreno Cabrera (2000: 165) señala que: “ ... por muchos diccionarios que haya y por muchas gramáticas que existan de una lengua, no se produce ningún tipo de fijación lingüística, de estabilidad: la lengua hablada sigue su ritmo y su curso exactamente igual que si esa lengua no fuera escrita. La lengua escrita no paraliza el dinamismo y diversificación de la lengua hablada: ésta sigue su curso.”, esta autor está reafirmando el concepto de que la escritura no supone un cambio cualitativo de las lenguas habladas puesto que éstas siguen teniendo las mismas características esenciales que las que tenían cuando no se escribían. Estas reflexiones debieran disipar el temor de aquellos que presuponen que la introducción de la escritura pudiera atentar contra las características de la lengua hablada, un argumento muy recurrido por quienes se oponen a la estandarización de la lengua. También están quienes sostienen que aquellos que trabajan la alfabetización en lengua vernácula utilizan gramáticas escritas que no forman parte del patrimonio cultural del pueblo quechuahablante. En esta crítica hay algo de verdad, pero no por el uso en sí mismo de la escritura, sino porque esas gramáticas han sido desarrolladas desde una visión hispánica de la lengua y con grafías arcaicas. Precisamente, entre las múltiples carencias que padecen los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje en zonas bilingües quechua-castellano, una de las más sentidas es la inexistencia de libros destinados a la alfabetización bilingüe intercultural. Ante la falta de libros de lectura en lengua vernácula y de manuales de capacitación, la tarea del docente se apoya en bibliografía que no refleja la cultura de la región. En nuestra opinión, hay formas de literatura popular en lengua vernácula que se transmiten oralmente y que debe ser recuperadas para el trabajo aúlico. Para los alumnos, reconocer en textos escolares sus rostros, su paisaje, su cultura, es un paso más en la revalorización de su propia forma de vivir. La promoción del quechua en la zona bilingüe debería comenzar a partir de la escuela primaria, pero en la práctica, el maestro no promueve esta lengua: antes, de hecho, contribuye sin saberlo a su pérdida irreparable, aún en aquellos casos en que, con la mejor buena intención, se busca su revalorización. Al mismo tiempo, el conocimiento del idioma oficial se adquiere sacrificando la lengua materna, ya que en el sistema educativo se ha internalizado la idea de que el bilingüismo debe ser combatido. Así, aún cuando la prohibición de usar el quechua en el ámbito educativo santiagueño ya no está en vigencia, el maestro no está preparado para aceptar el pluralismo lingüístico-cultural y procurará lograr la homogeneidad cultural cercenando el proceso de aprendizaje de la lengua materna. Todos los intentos de inserción de la lengua quechua en el sistema educativo formal, durante los últimos 50 años, constituyeron más bien actividades de difusión antes que formadoras de docentes e investigadores. El fracaso quizás también encuentre su explicación en la obstinada intención de despojar al bilingüismo quechua-castellano, de toda connotación que éste pudiera tener de enfrentamiento entre dos culturas y de una relación conflictiva entre lengua dominante y lengua dominada. La hipótesis de una relación armoniosa entre ambas lenguas y que la misma se da en un plano de igualdad, no sólo no se compadece con la realidad sino que además sirve precisamente de argumento para quienes rechazan todo proyecto educativo bilingüe intercultural.

CONCLUSIONES

Una adecuada utilización de las funciones de la escritura puede constituir una estrategia defensiva para la preservación de las lenguas en peligro de extinción. La muerte de las lenguas no sucede en comunidades ricas y privilegiadas, sino en aquellas comunidades pobres y carentes de poder, de allí que el uso de la escritura debería tender a que los sujetos sean capaces de apropiarse, transformar y mejorar su realidad, ayudándoles a tomar conciencia de que ellos son portadores de saberes y conocimientos únicos, acentuando el rol que juega la valoración de la propia cultura en el proceso de conservación de una lengua. Es necesario reflexionar entonces en la directa incidencia que el desinterés de las autoridades, del sistema educativo y de los grupos intelectuales pueden tener en la desaparición de las lenguas: si no atendemos la desigualdad cultural, sólo trabajaremos para reproducir y profundizar la exclusión de los grupos más desposeídos y vulnerables, entre ellos nuestros pueblos indígenas.

REFERENCIAS

FISHMAN, JOSHUA (1991) Reversing Language Shift, Clevedon, UK: Multilingual Matters. HORNBERGER, NANCY (1995) “Escrituralidad, preservación de la lengua y derechos humanos lingüísticos: tres casos ilustrativos”, en ALTERIDADES, 5 (10): Págs. 67-78. MORENO CABRERA, JUAN CARLOS (2000) La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de la discriminación lingüística. Madrid: Alianza Editorial.

Lelia Inés Albarracín, Jorge R. Alderetes (2001) Lenguas vernáculas: la escritura como estrategia defensiva. En SEMINARIO INTERNACIONAL “LECTURA, ESCRITURA Y DEMOCRACIA”, 29 de Noviembre al 1º de Diciembre de 2001, Universidad Nacional de Entre Ríos.

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