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Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho. Cartas desde la prisión. Ricardo Flores Magón
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Las nuevas potencialidades del trabajo inmaterial

De Marcelo Matellanes en asamblea sociales

Viernes 8 de abril de 2005, por ediciones simbioticas


El sistema capitalista ha sufrido profundas modificaciones desde la crisis que aconteciera a fines de los años setenta y principios de los ochenta. El nuevo régimen de acumulación y salida de crisis, llamado posfordismo o toyotismo va a cambiar sustancialmente las características de la puesta en explotación de la mano de obra en los procesos de trabajo. Fue el fin del fordismo vigente entre la salida de la guerra en los años cuarenta y la crisis de los setenta, fordismo que se había caracterizado por la rutinización de las tareas, la descalificación de los trabajadores y la expropiación del savoir faire obrero y su traspaso a las tecnologías de producción.

Así como el fordismo había atomizado a los trabajadores destruyéndolos como colectivo de trabajo, el posfordismo propiciará la recomposición de los colectivos, su recalificación y su implicación en los nuevos procesos de trabajo, asociando a los trabajadores en una nueva gestión de la producción. Las nuevas tecnologías de la informática y de la comunicación interpelarán las potencialidades comunicativas, lingüísticas, afectivas y artísticas de la clase trabajadora. O sea que la producción social dependerá, y depende realmente, de lo que Karl Marx denominara en su "Fragmento sobre el Sistema Automático de Máquinas": GENERAL INTELLECT.

El general intellect es el estado de las artes de una formación social justamente en términos de sus potencialidades creativas, comunicativas, artísticas, lingüísticas y afectivas. Sucede que desde la crisis de los setenta y ochenta el conjunto del TRABAJO INMATERIAL (informática, comunicaciones, industrias culturales, medios de comunicación, etc.) se vuelve preponderante en el valor de la producción social en detrimento del trabajo inmediato, rutinario y simple de los trabajadores. Así el capital, como relación social violenta y de explotación debe volver a la potencia del trabajo para salir de su propia crisis luego de haber descalificado y devaluado a los trabajadores. La nueva implicación será impuesta o consensuada a los trabajadores según los distintos momento y países. El caso de Alemania es un ejemplo de nueva negociación de salarios y condiciones de trabajo, el caso argentino es lamanetablemente un caso crudo de imposición por la angustia del desempleo a través de una feroz flexibilización y precarización de las condiciones laborales.

Lo que más nos interesa desde un punto de vista del devenir, es la nueva potencialidad que la preponderancia del general intellect y del trabajo inmaterial tienen para el logro de relaciones sociales más justas y libres a diferencia de lo que impone un capitalismo decadente y despojado de todo interés por sus sociedades. Ello es hoy, como nunca antes posible, aunque un primer análisis de nuestra realidad no permita imaginarlo. Esto se debe a que la dependencia de los trabajadores respecto de los capitalistas individuales es mínima, cuando no nula. En otros términos, cada vez los empresarios y capitales individuales son menos necesarios para llevar a cabo la producción social. Cada vez la producción es más social y menos reapropiable privadamente por los empresarios individuales.

Por otra parte, los límites entre el tiempo de trabajo y de producción por un lado, y el tiempo libre por el otro, se están desdibujando crecientemente, a tal punto que cuando no trabajamos estamos, no obstante, ejercitando los requerimientos lingüísticos, comunicativos y afectivos que interpela el capital para poner en obra en la producción, y cuando trabajamos estamos aplicando las potencialidades que ejercitamos en nuestro tiempo libre. Asimismo, las nuevas tecnologías permiten una fenomenal reducción del tiempo de trabajo social necesario y ése debiera ser tiempo liberado para la libertad, si las relaciones capitalistas no se lo reapropiaran a través de la explotación feroz de los trabajadores.

Ese tiempo liberado por la nueva potencia productiva social debiera tener como contrapartida inmediatamente una reducción del desempleo, pero debido al estado de nuestras relaciones sociales ese tiempo liberado tiene como única partida mayores tasa de ganancia para los capitalistas que -como decíamos anteriormente- son menos necesarios que nunca para llevar a cabo la producción. No obstante, para encarar nuestras luchas por una sociedad mejor, es necesario partir del actual estado de cosas en que el capital es más despiadado que nunca, y en que la potencia social de los trabajadores es como nunca portadora de una renovada potencia política y gremial.

Ello no será fácil, ya que el capitalismo global -como señala el filósofo italiano Toni Negri en su obra "Imperio"- está replegando sobre sí mismo toda la política de las sociedades contemporáneas. O sea que a partir de la señalada crisis de los años setenta, los capitalista dijeron "se acabó la fiesta", y así empezó la revolución conservadora con sus políticas de desregulación, privatizaciones y precarización. En realidad, lo que se privatizó allí es lo político de nuestras sociedades reclamando para sí ya no sólo las modalidades del trabajo, sino la totalidad misma de la vida social y política de los sectores trabajadores y excluídos.

Ese es el escenario de nuestras luchas actuales y en ellas el periodismo está llamado a tener una función esencial, ya que su tarea comunicativa es esencial para el desarrollo de la opinión pública como uno de los emergentes de ese general intellect del que hablábamos. Nunca como antes el trabajo asalariado fue tan miserable para los trabajadores, nunca como antes la potencia productiva social fue tan universal, nunca como antes la función social del periodismo y de todos los trabajadores inmateriales fue tan necesaria para una renovada, potente y libertaria vida colectiva.

(*) Periodista, sociólogo y docente. Integrante del Area de Investigación-UTPBA

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