
Últimamente nos hablan de pandemias y grandes infecciones que asolarán la Tierra y a los habitantes de ésta.
Entonces, ¿por qué tenemos que soportar la infección fascista, en los medios de comunicación, que estamos sufriendo?.
Escuchastéis ayer a Amando de Miguel. Joder, y es sociólogo, joder, y ha dado clases en la universidad. Y para que hablar de Jiménez los Santos, Pedro J. Ramírez y demas jinetes de la poca leche, que cuentan con la complicidad y el silencio crítico de los que deberían recordarnos que tipo de individuos son estos.
Cambio buen talante por verdades como puños. Recortarle las subvenciones a sus amigos, los salvadores de almas, es una de las pocas cosas inteligentes que he oido decir a este gobierno, el cual le está poniendo las cosas fáciles a la derecha para que, con el apoyo de la incultura de este país en el que nací, presenciemos, de nuevo, un ascenso de los neoliberales.

Es que nadie se da cuenta que el día que nos olvidemos de la sociedad, en su totalidad, sólo presenciaremos la felicidad de unos pocos a costa del sufrimiento de la mayoría.

Es increíble, los pobres pidiendo que los ricos puedan ser más ricos. Seguimos conservando, en nuestros tuétanos, el servilismo medieval que permitió a Torquemada recordarnos que se podía comprar una parcela en el cielo, pidiéndoles a ellos la hipoteca, que creen que debemos seguir pagando.
Quiero decir alto y claro que me alegro de no haber conocido a Franco, el asesino, y que si Dios existe estará sufriendo mucho sabiendo que sus empleados se aliaron, y alian, con asesinos de todo el mundo.
Cuan increíble puede ser la necedad de los hombres, la falta de preguntas, la no necesidad de respuestas y la falta de coherencia vital. Nos asusta lo de Francia, pero permitimos que gente como De Miguel den sus opiniones, y nos hablen de una nueva guerra civil.
Pues quiero avisaros, los pobres de ahora ya no somos los de antes, me he formado y preparado para no daros ninguna ventaja. Esta vez no lucharéis contra la miseria y la ignorancia, ésta se ha puesto de vuestro lado ya que del nuestro se alza la esperanza.
Señores intelectuales no dejen que las cabezas huecas de este país llenen los periódicos con inmundas columnas, que ocupen nuestros espacios radiofonicos, impregnando de basura nuestro aire, el de todos.
Joderos, el pueblo puede y sabe leer, incluso ya hasta escribimos.
Me gustaría matizar que mi respuesta no es violenta aunque en el tono pueda parecerlo, es lo que le suele ocurrir al animal cuando lo arrinconan, al francés cuando lo humillan o al palestino cuando lo asesinan.
En Guantánamo no conseguiremos entendernos.

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