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Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho. Cartas desde la prisión. Ricardo Flores Magón
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La razón oscura o las ruinas de la modernidad

Timothy Druckrey en aleph-arts.org

Domingo 16 de enero de 2005, por ediciones simbioticas


I.

Para bien o para mal, el fin de milenio nos ha conducido a una serie de reflexiones y reconsideraciones del pasado siglo (aunque nada demasiado serio o magistral si tenemos en cuenta los pasados milenios). Proclamado y atacado ferozmente como el siglo del progreso desmedido, un amplio rango de publicaciones ha sacado a la luz, como era de esperar, todo un espectro de expertos en la materia, defensores, celebradores y también de vendedores ambulantes. Se trata sin duda de una micro-industria del milenio en la que encontraremos más aún que la acostumbrada dosis de eventos prepotentes, productos ridículos, predicciones absurdas, tecno-teologías y profecías autoconcluyentes. Ya existe una estantería específica en las librerias dedicada a la supervivencia al milenio. La red ya está infectada de esta fiebre del milenio en la que proliferan los pronósticos y soluciones ’ready-made’, hechas a medida de cualquier ’pathos’; desde endebles reflexiones acerca de las insuficiencias de los calendarios numéricos hasta especulaciones increibles sobre la vida después del llámese como se quiera: momento final o el punto cero, dependiendo de que las motivaciones sean teológicas o bien arbitrarias.

En el alegre ensayo: "El Fin del Milenio o La Cuenta Atrás", Baudrillard marca la transición de este modo:

"Este siglo -que ya no puede hacer sino contar los segundos que le separan de su fin sin ser capaces de seguir funcionando normalmente, ni tan siquiera desearlo, hasta ese fin- encuentra su símbolo perfecto en el reloj digital del Centro Beauborg mostrando la cuenta hacia atrás en millones de segundos. Este ilustra el reverso de toda nuestra relación moderna con el tiempo. El tiempo ya no es contado progresivamente, por adición, desde un origen, sino por sustracción, comenzando por el final. Es lo que sucede con los lanzamientos de misiles o las bombas de tiempo. Y ese fin ya no representa un punto simbólico y el final de una historia, sino la marca de un sumatorio cero, de un agotamiento potencial. Es una perspectiva entrópica- por el agotamiento de las posibilidades- la perspectiva de la cuenta atrás hacia el infinito...Ya no poseemos una visión fatalistica, histórica o providencial, visión característica de un mundo de progreso y producción. La ilusión final de la historia, la utopía final del tiempo ya no existe desde que está registrada como un algo potencial marcado por una cuenta atrás, en tiempo digital, del mismo modo que los objetivos de la humanidad dejan de existir en el punto en el que van a ser registrados en capital genético y únicamente bajo la perspectiva biológica de explotación del genoma. El hecho es que cuando se cuentan los segundos que le restan al fin, lo cierto es que todo se puede situar ya en ese fin."

Esto se puede encontrar en el libro "Book of Revelation" rediseñado bajo el título Apocalypse 2000 con una introducción de Andrei Codrescu en una edición salpicada de múltiples y jugosas citas milenarias al estilo Timothy Leary y Fox Mulder, una especie de remiendo de elementos extraídos de delirios de la Beat Generation y teorías de conspiración televisivas. "La Revelación"- escribe alguien- "es la parte más cinemática de la Biblia, es como una película de terror...me pareció tremendamente real." -Apapalypse Now!

Y si creemos que la fantasmática economía de la información ha proporcionado un simple escudo contra el resquebrajado mundo material, podemos recordar las palabras de George Stein en el Simposio de Infowar en Ars Electrónica: "la información conduce a la dependencia, la dependencia a la vulnerabilidad, la vulnerabilidad a la derrota". No es una imagen prometedora para un mundo cableado, con el pseudoapocalíptico "efecto 2000". Incluso cuando las promesas de una integración internacional de la información proporcionan combustible al desarrollo estratégico de las corporaciones, la sombra de la materialidad emerge para romper la ilusión sistemática de que nuestro software social podrá estabilizar la crisis. Incluso Lewis Mumford predijo alguno de los resultados:

"Con esta nueva ’megatecnología" la minoría dominante creará una estructura uniforme envolvente super-planetaria. En lugar de funcionar activamente como una personalidad autónoma, el hombre se tornará pasivo, sin objetivos, un animal condicionado por la máquina cuyas funciones vitales, como técnicos interpretando el papel de hombres, serán las de insertarse en la máquina o estarán estrictamente limitadas y controladas para el beneficio de organizaciones colectivas impersonales.’

Severo diagnóstico, el pesimismo pragmático de Mumford (escrito en 1966) no viene acompañado de meditaciones sobre el milenio, sino que más bien se enraiza en una perspicacia historica acuñada por la modernidad , vocablo que no figura en ninguno de sus textos. Esta modernidad, desarrollada a raíz de una fuerte desilusión socialista y burguesa, vuelve poco a poco a parecer pertinente de nuevo, notablemente, en las obras recientes de Bruno Latour (en estudios científicos) y T.J.Clark (en historia del arte). El libro "Nunca hemos sido modernos" de Latour esta lleno de consideraciones hacia la lucha por alcanzar la coherencia:

"...multiplicando los híbridos, mitad objeto mitad sujeto, aquello que denominamos máquinas y hechos, los coletivos han modificado su topografía. Desde que este listado de nuevos seres ha provocado enormes efectos a escala a través de relaciones que oscilan entre lo local y global y pese a que seguimos pensando en ellas en los términos de viejas categorías de universalidad y contingencia, tendemos a transformar las extensas redes de Occidente en totalidades sistemáticas globales. Para disipar este misterio, basta con seguir los intransitados senderos que posibilitan la variación de escala y considerar a las redes de hechos y leyes más como uno normalmente podría observar los conductos de gas y tuberías de desagüe."

Para Latour, la modernidad o bien aún no ha concluido o bien es inalcanzable. Para T.J.Clark se encuentra en el proceso del arte y la expresión. En su recientemente publicado: "Despedida a una idea: Episodios de una historia del Modernismo." escribe: "Debido a la idea de modernidad que el propio modernismo profetizó, ésta ha llegado finalmente a la conclusión de que las formas de representación que originalmente desarrollara, ahora aparecen ilegibles (o legibles tan sólo por algún tipo de fantasía, rúbricas del ’purismo’, ’opticalidad’, ’formalismo’, ’elitismo’, etc...) El modernismo ahora es ininteligible ya que ha venido cargando con una modernidad aún no localizada. Lo post-moderno confunde las ruinas de estas representaciones previas, o tal vez el hecho es de que desde dónde las contemplamos parecen ruinosas, con la ruina de la modernidad en sí misma -sin darse cuenta de que estamos viviendo a través del triunfo de la modernidad."

En algunos aspectos, Latour y Clark mantienen el debate retroactivo sobre la modernidad y sus descontentos con extraordinaria claridad (quizá para esto sea mejor la retrospectiva) pero con muy poca consideración por el presente más que como almacén de sus síntomas acumulativos. Abarcada alegremente como un "reconocimiento de la realidad social del signo" e igualmente "por el retorno del signo a un filón de Mundo/Naturaleza/Sensación/Subjetividad", (como profundamente sugieren), el fallo de la modernidad radicó en el mantenimiento una relación decisiva con la tecnología y no con la mera subjetividad.

Más que de sus "rúbricas" de "opticalidad", "purismo", etc...el modernismo fue investido de centralidad, centralidad de visión, centralidad del cuerpo, del intelecto, la institución, el sujeto, la autoridad, el comisariado y el museo. Sostenido bajo ideologías de distribución o dispersión, la centralización mantuvo sus conexiones a través las tecnologías de la representación vinculadas a las emisiones de Radio, Televisión y ahora de la Red Informática. Basta con una rápida hechar un rápido vistazo a la historia de la industria de la telecomunicación para darse cuenta que la metáfora de las concentraciones y las consolidaciones -ejecutadas bajo los disfraces gemelos de la necesidad y la eficiencia- no son una cubierta tan sutil de la centralización. El hecho es que las corporaciones multinacionales (que ahora se autodenominan planetarias) resultan ser una mera cobertura para la erradicación de la diferencia, para la homogeneización a tabula rasa y la absoluta marginalización de la oposición. Incluso en el desarrollo de la Red, la centralización funciona cercando a los artistas bajo ideologías localizadas y manejables por previsibles nociones de legitimación.

Dentro del campo de del media art y de su historia contemporánea resulta significante la pelea que ha venido existiendo para terminar con el potencial desbaratador del media electrónico. Durante el Otoño de 1998 toda la cantidad de festivales media demostraron ser una muestra inquietante de crisis estética. Ars Electronica’s Infowar, ISEA’s Revolution and Terror, Graz’s Art and Global Media, el festival DEAF98 "El Arte del Accidente,” "en [entre] las imágenes"y todo una escena emergente en la cual se manifiesta el cerco a la representación entre pasmosas fusiones en todos los campos. Tan sólo durante el último mes, por poner un ejemplo, se forma la mayor institución financiera del mundo (Deutsche Bank y el Banker’s Trust), la mayor compañía energética del mundo (Exxon y Mobil), la mayor compañía telefónica del mundo (Deutsche Telekom e Italian Telecom), el mayor portal de Internet del mundo (cuando AOL compra Netscape). Todo ello mientras el mayor productor de software del mundo está envuelto en litigios con las leyes anti-trust en Washington, mientras la economía Rusa esta siendo sostenida por el Banco Mundial, mientras estudiantes paramilitares de Denver conspiran y parcialmente ejecutan un plan de asesinato en masa, mientras las fuerzas paramilitares Serbias de Kosovo están metidas en purgas raciales y mientras la OTAN desvela que la ideología de la disuasión en la guerra fría era tan sólo una cobertura para el tipo de ofensiva considerada "necesaria" en la era post-guerra fría. Todo esto supone un impactante recordatorio de que la estabilidad de nuestras relaciones con la historia, la política, identidad, memoria y tecnología están sometidas a una seria amenaza.

Estas nociones surgen de entre tales -obstinadamente exageradas- declaraciones o conceptos huecos como la Aldea Global de Marshall McLuhan, la Metrópolis de Marvin Minski, la Ciudad de Bits de William Mitchel o las Ciberciudades de M. Christine Boyer. Todos sus esfuerzos van a caballo con los intentos de Nicholas Negroponte (Ser Digital), Rayond Kurzweil (La era de las máquinas espirituales), Sherry Turkle (Vida en la pantalla) o Hans Moravec (Robot: de simples mentes a máquinas tracendentales) por fabricar una relación estable con las, a menudo, inestables adopciones de los efectos culturales de una tecnología desarrollada al margen de la necesidad y forzada a "organizarse" por la compulsión de una industria cultural incapaz de mantener cualquier tipo de reflexión crítica o continuidad histórica. A menudo, estas consideraciones, agrupadas, engarzadas como en un prisma, tienden a conceptualizar a toda una esfera mediática o técnica en la que el encuentro entre lo estable y lo inestable no se consuma con demasiada facilidad. Desde aquí nacen las especulaciones salvajes sobre un futuro inexistente, predicadas a partir de conclusiones extraordinarias acerca de unas tecnologías envueltas en profundamente problemáticas relaciones entre ilusión de masas, identidad planetaria, la erradicación de la diferencia y todas aquellas formas de poder que fructifican con la mistificación del progreso y con sus, a menudo, dañinas consecuencias.

Sin estados estables, el camino hacia la implementación de una continuidad condicional se acaba implantando. En constante transformación, la fortaleza de la autoridad se ve a sí misma amenazada (o mejor, desnudada) como una frágil red que puede ser fácilmente desmantelada o deslegitimada. De hecho, el muy provisional estatus de la autoridad está siendo duramente aplicado en toda una entramada esfera en la cual las formulaciones jerárquicas de soberanía se sostienen unas a otras en tenues relaciones y precarias realizaciones.

En toda esta cultura internacional de evolución y relaciones virtuales, no es tanto el problema la distribución como el sustento de la ideología en el rostro de unas totalidades confundidas. Por tanto no se trata tanto del rizoma Deleuziano como del horizonte del acontecimiento en el cual las coincidencias en colisión conforman la base de una lógica social del estado como reflejo de influencias mecánicas: "No es que el aparato del Estado no tenga significado, éste cumple una función muy especial puesto que alimenta a todos los segmentos, tanto a aquellos que adopta en un momento dado, como a aquellos que deja de lado, fuera de sí. O más bien es el aparato estatal el que en un momento dado comprende la maquinaria que cifra a una sociedad. Por tanto no se trata del Estado en sí, sino de la máquina abstracta en funcionamiento que adopta las declaraciones decisivas y el orden establecido de una sociedad, los idiomas dominantes y el conocimiento, las acciones y los sentimientos, en definitiva, aquellos segmentos que prevalecen sobre otros. (229). Después de todo, que tendría de bueno el vivir en la "ciudad de bits" sin unas "máquinas espirituales" que nos facilitasen la capacidad de "ser digital". Hasta el vigilante urbanista Paul Virilio nos recuerda que "a pesar del Internet y las autopistas de la información, aún no nos hemos preguntado si es posible urbanizar el tiempo real, si la ciudad virtual es realmente una posibilidad". (pg. 40: Políticas de lo peor)

En estos espacios medioabientales, los eventos en transformación son la clave de la experiencia. Manuel Castells, por ejemplo, se ha centrado en este tema en un estudio monumental, "La era de la información, Economía, Sociedad y Cultura". Sus tres volúmenes: El advenimiento de una sociedad en Red, El poder de la identidad y El fin del milenio, conforman una amplia valoración de los vínculos entre la transformación de la sociedad y la economía de la información. A través de aspectos críticos o históricos de la teoría de la comunicación muy generales, y a veces marginales, estos libros ofrecen una justa lectura del lento entendimiento de una cultura actual aún incomprendida por la academia o la burocracia. Algunas citas podrían servir para remarcar esto:

"El hecho de que las nuevas tecnologías se centren en el procesado de la información conlleva importantes consecuencias para las relaciones entre los símbolos de la esfera socio cultural y la base productiva de la sociedad. La información se basa en la cultura y la manipulación de esta información es, de hecho, la manipulación simbólica de la base del conocimiento existente. Si la manipulación de la información se convierte en el componente clave de las nuevas fuerzas productivas, la capacidad simbólica de la propia sociedad, tanto colectiva como individualmente, se verá fuertemente ligada a su proceso evolutivo"

"...debido a la diversidad de medios y a la posibilidad de discriminar las audiencias, podemos decir que, en el sistema neo-mediático, el mensaje es el medio."

"no vivimos en la aldea global, sino en habitáculos hechos a medida, producidos globalmente y distribuidos localmente."

"el mundo multimedia estará poblado esencialmente por dos poblaciones distintas: la que interactúe y aquella con la que se interactúe."

Así es que se pueden hacer distinciones. En el excepcional estudio de Henri Lefebvre: La producción del espacio, éste desarrolla un argumento convincente para la consideración del vínculo entre ideologías de la espacialización bien cognitivas, bien físicas. “El conocimiento,” dice Lefebvre, “cae en una trampa cuando considera las representaciones del espacio como la base del estudio de la ‘vida’, haciendo esto, reduce el tiempo de su propia experiencia vivida. El objeto de conocimiento se trataría, precisamente, de las conexiones fragmentadas e inciertas entre, por un lado, las representaciones elaboradas a partir del espacio, y por otro, los espacios representacionales -los frágiles marcos de representación-; por tanto el “objeto” implica (y explica) la subjetividad -la subjetividad vivida, percibida y concebida lleva pareja una practica espacial.

III.

“Ya que no existe ningún medio inocente, tampoco puede existir una transmisión neutral.” (Regis Debray)

Las intervenciones de Knowbotic Research en los “procesos urbanos” rediseñan el uso de la Red más alla de la creación de un simple interfaz social o un sistema de navegación y recuperación de datos, y consisten más en una confrontación que en una legitimación de la Red. IO_DENCIES se trata de un trabajo cuya urgencia se dirige, con sus propias palabras: “no se trata de desarrollar herramientas avanzadas para diseño arquitectónico y urbano sino de la creación de eventos que permitan un replanteamiento de la planificación y construcción urbana.” Para este fin proponen reconsideraciones de conceptos como la Red, el interfaz, la comunidad y la comunicación. En una charla reciente en Linz, hablaban de “conectividad táctica”, “choques operativos”, “relaciones tendenciales”, “estructuras modificables”, “zonas en conflicto”

Este motor de eventos, entroncado con las temporalidades culturales de Deleuze y Guattari, y vinculado a un claro entendimiento de una escena internacional en la que el “nomadismo” no representa tan sólo una categoría de estilo ciber-dandy, sino todo un momento de dispersión social, diásporas locales, desplazamientos internos y economías digitales irracionales cada vez más ensombrecido por sistemas de información en los que la autorización social se ve eclipsada. IO_DENCIES tampoco cae en la nostalgia más evidente de aquellos intentos por recuperar ese trabajo felizmente colectivo de lo cibercultural. Los intentos, esencialmente sentimentaloides, por recolectar “biopower”, demandando el fin del trabajo (como Stanley Aronowitz) o la liberación del buen sentido para recuperar los imperativos de la ley del valor parecerían extrañamente fuera de lugar en las implicaciones de un trabajo cuya fuerza subyace en la inversión de la pirámide del poder, en la inexcusable confrontación con un presente -‘potencializado’ por su rechazo del estado regular.

Este proyecto, con implementaciones en Sao Paulo, Tokyo y donde sea, como escribe Andreas Broeckman, construye “posiciones en el límite precario entre lo local y lo ilocalizado, entre asentamientos urbanos concretos y la inmaterialidad de la atmósfera virtual de la red...va más alla de la típica pregunta pragmática de si el “derecho a la intervención” debería de estar reservado tan sólo a habitantes locales. Y dirigen su investigación experimental hacia el campo de fuerza de las comunicaciones electrónicas transglobales que co-determinan el desarrollo de los lugares reales en la Ciudad Global.”

Los intereses implicados en la aceleración de la infoeconomía son apabullantes. Las ciudades se convierten en un cruce de “bunkers” y puntos de encuentro para el sustento de la identidad y la comunidad frente al panorama de fusiones y concentraciones del media electrónico. “En esta zona,”, escribe Peter Weibel:

"de feudalismo electrónico, el media art debería de tener la tarea de liberarse de su esclavizante función ante a la industria y transformar el medio en un instrumento de la ciudadanía, evolucionando desde un arte mecánico hacia una arte libre. En el complejo tecno-industrial lo que se está imponiendo es una nueva dinámica ente arte, cultura y tecnología, entre sociedad y tecnología, y una redisposición de esta dinámica en la propia obra de arte. En esta época de desplazamiento global, el papel de los mass media es el de el de crear una red que fortalece los modelos históricos de la norma, reestructurándolos. En vista de que son las grandes compañías las que se están convirtiendo en artífices de estos desplazamientos, el arte y específicamente el media art, tendrá que asumir su tarea -si quiere recobrar su función original- de analizar este desplazamiento y sus causas en el seno de las redes globales para crear las condiciones para una resistencia a los nuevos feudalismos y las nuevas estructuras verticales de la mediacracia.”

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1 mensaje

  • La razón oscura o las ruinas de la modernidad

    12 de julio de 2010 03:46, por Mercedes Allende

    En realidad necesito el libro "La produccion del espacio" de Henri Lefebvre, no lo puedo conseguir en Argentina es para un investigador de mi Universidad Nacional de Mar del Plata, yo trabajo en la Biblioteca. Encontre versiones en frances pero son 455 paginas..... Atentamente Mercedes Allende

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