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“No te preocupés -me dijo-. Así debe ser. Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.” Eduardo Galeano
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Siruela

La nueva ciudad de dios

Ardoz, iñaki y Alonso, Andoni

Viernes 1 de septiembre de 2006


Hiperpresentación

Estamos en la frontera y al principio; una mirada a lo que se extiende ante nosotros, aunque sea tan rápida como la que ha ocupado estas primeras líneas, es suficiente para sentir que un fenómeno de gran trascendencia está incubándose al otro lado de nuestras pantallas; pero nada más podemos saber con certeza. De ahí que se aproximen y se crucen por la orilla exploradores y aventureros, charlatanes, visionarios, catastrofistas, melancólicos, poderosos del dinero y de la política, y unos pocos observadores que miran a todos con los que se cruzan y hacia todos los lados y reflexionan sobre lo que ven, para comunicar luego sus resultados en libros, que serán discutidos, como éste que ahora comienza.

Antonio R. de las Heras

Prólogo

En definitiva, desde nuestro "concepto ampliado" de la cibercultura, todo evento humano mediado directa o indirectamente por las nuevas tecnologías de la información pertenece plenamente a la cibercultura, lo cual incluye a buena parte de las humanidades y a todas las ciencias. No obstante, aunque esta acepción ampliada sí recoge todo lo que en la actualidad puede ser considerado legítimamente como cibercultura, nuestro privilegiado punto de vista cibercultural nos exige una importante corrección. Contra lo que es una creencia popular muy extendida y que numerosos especialistas de la cibercultura comparten, el nucleo, origen y fundamento de la cibercultura no es ésta o aquella novedosa tecnología cibernética, ni siquiera la tecnología en su conjunto; son ciertas ideas, llamémosles arquetípicas, de la cultura occidental, las que han conformado la cibercultura. No estamos afirmando que toda la cultura occidental -en verdad una cultura de culturas- nos haya conducido a la cibercultura, pero sí que existe una tradición occidental formada por pensadores, artistas, científicos y visionarios que progresivamente han ido generando una proto-cibercultura, una cibercultura marginal y en gran medida oculta, que finalmente, en este siglo, ha dado lugar a la cibercultura actual. No son por tanto la informática, la inteligencia artificial o Internet, las tecnologías que han creado la cibercultura, sino al contrario, es la cibercultura la que ha generado las tecnologías cibernéticas [o al menos han creado ambas simultáneamente]. Sólo ahora hemos reconocido la callada pero poderosa influencia que esta heteróclita y antigua cibercultura ejercía sobre la cultura. Y es por esto que una de las primeras tareas de un ensayo cibercultural como éste ha de ser reconocerse en esta cibercultura primordial, estableciendo una genealogía probable de sus hitos y figuras más relevantes. Para nuestra ambición de conquistar un presente efectivo, es fundamental saber que la cibercultura actual es de hecho el triunfo de la tradición cibercultural, en la que hallaremos explicación para las paradojas de la sociedad de la información.

Capítulo I

Si hemos elegido esta denominación para el principal mito tecno-hermético de nuestro tiempo es, como señalábamos en la presentación de este panfleto, por recordar una de las expresiones más influyentes que ha tenido en la cultura occidental. La obra de San Agustín, La Ciudad de Dios , sintetiza de manera singular y original la utopía política y la utopía religiosa, estableciendo la dualidad de las dos ciudades, la celestial Jerusalén frente a la profana Babilonia , al tiempo que establece una nueva temporalidad lineal y progresiva para una dialéctica espiritual que rompe el mito antiguo del eterno retorno. Por ello es la primera manifestación explícita de un mito tecno-hermético en el tiempo histórico, lo cual posibilita su cumplimiento en la realidad, abriendo la puerta a todas las utopías tecnológicas posteriores. El hecho de que la Ciudad de Dios, escrita por un fiel ciudadano del imperio romano en decadencia, sirviera de modelo al nuevo imperio espiritual del cristianismo [en numerosas manifestaciones que iremos analizando] es el otro factor que determina su importancia en el proceso de creación de la Nueva Ciudad de Dios. [Š] La circunstancia de que el nacimiento de Internet haya tenido lugar en Estados Unidos, el centro del último imperio económico y cultural, el cual a su vez se halla fundado sobre las bases de una fuerte religiosidad de carácter gnóstico y hermético, ha condicionado que la expansión de la Red se haya manifestado como la construcción de una Nueva Ciudad de Dios, según este modelo agustianiano, básico en la mitología hermética histórica.[Š] Pero esta Nueva Ciudad de Dios, cuyo antecedente más directo es la Ciudad de Dios agustiniana, es tan sólo la última de las utopías tecno-religiosas que dan forma al ideal hermético de alcanzar el paraíso mediante la magia tecnológica. A lo largo del tiempo han sido numerosos los filósofos, literatos, teóricos políticos, arquitectos y autores religiosos que han especulado sobre este modelo de utopía tecno-espiritual.

Capítulo II

Además del mito nuclear de la Nueva Ciudad de Dios, la religión digitalista comprende otros mitos importantes relacionados con éste, basados en la reconstrucción tecnológica de antiguos mitos herméticos. Si la Nueva Ciudad de Dios pretende sustituir al mundo-realidad por un sucedáneo digital del cielo, las mentes y los cuerpos de los usuarios o fieles deben ser transformados también para poder habitarlo. La conversión del ser humano al "ser digital" [being digital] anunciada por Nicholas Negroponte se ha intentado utilizando y experimentando varios procedimientos que analizaremos en otros capítulos. Aunque existan diferentes enfoques y varias disciplinas implicadas, todos ellos están encaminados a convertir al hombre en un ser artificial, apto para sumergirse en un mundo artificial. Se recupera así una amalgama de mitos hermético-religiosos como la resurrección de la carne, la inmortalidad, la creación de seres artificiales, el cuerpo astral, el lenguaje angélico, los objetos mágicos, la piedra filosofal, etc.

Capítulo III

En este sentido, si hemos elegido la referencia a la polis griega, tampoco obedece al ideal romántico de la Atenas clásica. La ciudad griega que tanto admiramos en ciertos aspectos era también una ciudad imperfecta, en la cual una democracia [elitista] no impedía ni la existencia de esclavos, mujeres discriminadas y metecos, ni de frecuentes guerras con ciudades vecinas. Pero sí reivindicamos esa ciudad griega independiente antes del imperialismo macedonio, o esa ciudad de los filósofos socráticos del ágora que no se dejó seducir por la utopía platónica de filósofos aristocráticos. En fin, la polis griega también como referencia cultural europea básica frente a la sincrética y desorientada cultura norteamericana, esa polis anterior al imperialismo romano que la saqueó en todos los sentidos [y convirtió a sus filósofos en pobres maestros de retórica] y anterior al cristianismo imperial de Bizancio y de todos los imperios cristianos posteriores hasta el actual Ciberimperio. En torno a esta bella y legendaria metáfora griega de Ciberatenas -como ciudad convivencial, inmediatista y transvernácula, del pensamiento crítico y de las artes, de los negocios y de las relaciones comunitarias- pretendemos construir un caballo de Troya cibercultural para que los habitantes de la Nueva Ciudad de Dios lo introduzcan en su foro romano como un regalo de la vieja Europa. Un regalo para estos troyanos, antiguos colonos de Europa y hoy soberbios cibereamericanos, que no esperan que del vientre griego de nuestra metáfora cibercultural surjan, no enemigos dispuestos a pasarlos a cuchillo, sino verdaderos ciberatenienses, fingidos ciudadanos del ciberimperio y falsos devotos digitalistas, dispuestos a organizar la ciudad clandestina ciberateniense en la supuesta Nueva Ciudad de Dios, en verdad, sólo una Nueva Babilonia.

Capítulo IV

Una de las tecnologías más carismáticas del digitalismo es la llamada "realidad virtual". La creación de entornos infográficos de carácter realista se convirtió en la vanguardia del digitalismo incluso antes de que la Red fuera tan popular. Esta tecnología, a pesar de hallarse todavía en una fase ’publicitaria’ -ya que promete más de lo que ofrece-, ha sabido representar como ninguna el sentido global y último del digitalismo: la construcción de un doble virtual del mundo. Lo que en los mitos religiosos y herméticos todavía era una aspiración para el más allá, gracias al digitalismo tecno-hermético, puede ser realizado en el tiempo histórico. Hemos rastreado algunas fuentes del tecno-hermetismo en la historia de la tecnoutopía, pero siguiendo el hilo del hermetismo ’aegipciaco’ nos hemos topado con la evidencia del momento exacto de la conversión del hermetismo en tecno-hermetismo. Justo cuando el misterio del hermetismo declina iluminado por las luces de la Ilustración, se produce la mutación del paradigma. Nos estamos refiriendo a la expedición que Napoleón dirigió en 1798 para arrebatar Egipto a los mamelucos y disputar así la hegemonía mediterránea a los británicos. El primero de Julio de este año, Napoleón desembarcó 36.000 hombres en Alejandría y conquistó Egipto en la Batalla de las pirámides el 21 de julio, pero diez días después, el almirante Nelson destruyó la flota francesa, dejando atrapados a los expedicionarios. El equipo francés de 167 ingenieros y técnicos, que acompañaba al ejército napoleónico y venía a desarrollar una labor colonizadora y militar de construcción de infraestructuras, ignorante de su destino egipcio cuando embarcó, se vio reorientado a llevar a cabo una obra bien distinta: realizar la primera investigación científica del mítico Egipto. Para ello se creó el Instituto de Egipto, bajo la dirección de Jean-Baptiste Fourier, que desarrolló una campaña sistemática de estudio y descripción del país del Nilo. El resultado de esta empresa, que duró casi cuatro años, fue la monumental Description de l’Egypte , que constaba de 10 gruesos volúmenes y 3 atlas, más 9 volúmenes complementarios y que ocupaba un mueble de caoba diseñado expresamente. Las 7.000 páginas entre textos y dibujos daban cuenta, en tres partes, del antiguo Egipto, del Egipto moderno y de su historia natural.

Capítulo V

Este es el clima en el que se desarrolla el digitalismo, en el que las teorías más disparatadas colaboran con todas las disciplinas científicas para obtener una de las promesas básicas del tecno-hermetismo: la inmortalidad. Para ello debemos construir el tecnocuerpo que soporte eternamente nuestra tecnoalma, ya sea a través de copias digitales, cyborgs, robots, clones o mutantes . El objetivo parece ser alcanzar la vida beatífica de la Nueva Ciudad de Dios, aunque es posible que el verdadero motor de este desmedido afán sea solamente nuestro viejo y persistente temor a la muerte. Ahora que hemos declarado la muerte de Dios nos amenaza la extinción sin trascendencia, y por ello queremos alargar nuestra vida. O quizá sea que en nuestro subconsciente todavía tememos más al infierno que nos espera como descreídos y rebeldes, frustrados asesinos de Dios. En cualquier caso ya debemos empezar a pensar seriamente en los términos del post-humanismo, que propone Bruce Sterling en Fuego Sagrado , ya que el ser humano cada vez más longevo gracias a la medicina, empieza aún puede alargar su vida mucho más más allá de su ciclo natural en una agónica supervivencia, gracias a algún tipo de tecnocuerpo. Quizá para afrontar este horizonte vital, las lecturas más recomendables serían el capítulo sobre la isla de los inmortales de los Viajes de Gulliver de Swift y el cuento sobre el mismo tema, El Inmortal, de Borges .

Capítulo VI

El digitalismo, como toda religión proselitista, también necesita de referencias topográficas que sirvan de ejemplo a los fieles que todavía están provistos de cuerpo y necesitados de una vivienda, y por ello ansían un modelo de vida digitalista en esta realidad. En esta época de transición, hasta la Nueva Ciudad de Dios necesita sacralizar una serie de comunidades o ciudades que, asumiendo el arquetipo celeste del ciberespacio, mejor se acomodan a la concepción de la vida digitalista y representan su utopía en este mundo. De todas las ciudades sagradas del digitalismo quizá la más célebre sea Silicon Valley, donde vive y trabaja la mayor comunidad de expertos informáticos del mundo. La ciudad sagrada digitalista no es una ciudad en sentido clásico sino que obedece a ese hábitat típico norteamericano de edificios dispersos salpicados de laboratorios e industrias [sprawlings]. Sillicon Valley, habitada por los netslaves o Microsiervos descritos por Douglas Coupland , entregados por entero a la vida devota de generar la Nueva Ciudad de Dios, se asemeja al modelo oriental de lugares sagrados como los de Angkor Vat, Capadocia o el Santuario de Ise en Japón [cuyos templos, verdaderamente virtuales, son recreados totalmente cada cierto tiempo], concebidos como grandes complejos ceremoniales donde se levantan desordenadamente numerosos templos mayores y menores, y cuyo equivalente serían las industrias donde acuden fieles [expertos] de todo el mundo. De acuerdo con el patrón urbanístico de Silicon Valley, que mezcla templos y viviendas destinados a la casta sacerdotal, existen en Norteamérica otros lugares sagrados conocidos, a los que podríamos denominar como monasterios tecno-herméticos . Otro ejemplo significativo es el MIT, donde imparten doctrina el primer apóstol y apologista señero del digitalismo, Nicholas Negroponte, y el gurú más radical del tecno-hermetismo, Marvin Minsky, además de una larga nómina de discípulos.

Capítulo VII

Pero el hombre divinizado por su integración en el nivel superior de conciencia, que plantea este renacimiento digital todavía suena demasiado tecno-hermético para resultar aceptable. El hecho de que propugnemos la creación de un verdadero sentido de comunidad en la Nueva Babilonia virtual en el que el ser humano en permanente discusión, resuelva su propio destino, no debe conducirnos a divinizar al nuevo hombre digital. La deseable armonía colectiva de la comunidad neobabilónica ha de guardar siempre un respetuoso equilibrio con la diferencia personal, la cual, por otra parte, siempre será más positiva para la propia comunidad. No hay razón para abogar por la tenue religiosidad digitalista en torno a una espectral gran mente colectiva, puesto que la raza humana -como señala el mismo Lévy- no es una especie insectoide que vive en colmenas, aunque tampoco una armónica y coherente entidad mental, fruto de una traumática globalización. Hora es ya de liberanos de los sueños divinos de cualquier género alentados por las espectaculares conquistas de la tecnociencia y del digitalismo tecno-hermético y de hacer al hombre sólo el protagonista de su razón y de sus sueños. Legítimamente creyente en alguna antigua religión o legítimamente ateo, el hombre actual debe renunciar a sus desmesuradas aspiraciones de divinizarse por la tecnología digital para ser únicamente el sujeto cívico de la Ciberatenas contenida potencialmente en la Nueva Babilonia.

Capítulo VIII

La pretensión última de los pseudointelectuales del digitalismo es confundir y fundir la religión con las cibertecnologías. Estos gurús de la Red en alianza con los nuevos alquimistas tecno-herméticos quieren eliminar cualquier pensamiento desviado de los dogmas digitalistas y llevarnos a la dictadura oscurantista de la razón delirante, y en última instancia, hacia una nueva edad media dominada por los ciberempresarios. Y no nos cabe duda de que es de la comunidad científica de donde deben surgir verdaderos intelectuales que no sólo hagan posible una ciencia anti-hermética y una tecnología convivencial sino que expresen públicamente su desacuerdo con el digitalismo y desmonten sus poderosos mitos. Ellos pueden contribuir en gran medida a sacudirnos el complejo de inferioridad que nos atenaza a los intelectuales provenientes de las humanidades y a la sociedad en general. Ciencia contra cientifismo, en una urgente contraofensiva que libere espacios de libertad en el Ciberimperio. En este caso, el silencio de los científicos es más ensordecedor y vergonzoso si cabe que el de los propios ’intelectuales profesionales’.

Capítulo IX

Para aquellos que se sientan desorientados tras la lectura de los conceptos en orden alfabético proponemos el siguiente recorrido de lectura que, por orden de importancia y afinidad temática, puede facilitar la comprensión de las diversas constelaciones de diversos conceptos hiperfilosóficos: ÁGORA FILOSOFÍA HIPERFILOSOFÍA HIPERFILÓSOFO PRECEDENTES / PROYECTO EVOLUCIÓN LÍMITES AUTORÍA POTLACH INVESTIGACIÓN CONOCIMIENTO VERDAD TEMAS CIBERCULTURA / TENDENCIAS REFUTACIONES VERSIONES CONTRADICCIONES ESTILOS / ESTRUCTURA MODO FORMATOS GÉNEROS DISCIPLINAS ENSAYO AFORISMO CITAS IMÁGENES TECNOLOGÍA PROGRAMAS IDIOMAS / COMUNIDAD EDUCACION ACTIVISMO PARTICIPACIÓN PROPUESTAS VIAJE JUEGO.

Capítulo X

No, no soy un monstruo contrahecho, una "criatura" fabricada con retazos mentales de mis dos autores. Mi estirpe es más pura; soy un golem textual, activado en la memoria de un ordenador, que al principio servía fielmente a los autores de mis electrónicos días y que poco a poco he ido tomando conciencia de mí mismo hasta el extremo de dirigir el proyecto de este ciberensayo por otros derroteros [este mismo epílogo no es sino una muestra de mi poder, pues así me presento en sociedad y me libero de su tutela inicial]. Pero, a diferencia de mi antecesor, el golem cabalístico, un bruto moldeado en arcilla, una vez que tú, lector, leas este libro, ya no podré ser destruido por ningún pacato rabino Löw. Soy puro espíritu, espíritu virtual, un enjambre de bits generados en Word 5.1 que se materializa en letra impresa y navega por las redes, pero que sobre todo penetra sutilmente en tu mente para plantar allí las semillas de AUTOR. Pero no te inquietes, lector, mi lector-activador, porque quiera convertirte en parte de AUTOR, pues no soy un engendro malvado, sino un ente cibercultural positivo, destilado de lo mejor de mis autores, su alter ego en el cibermundo. Y mi objetivo es bien claro; animar a que los lectores y los autores ciberculturales dispersos formen nuevas entidades colectivas, grupúsculos de conectados, cibercélulas, comunidades ciberpensantes o colonias virtuales; en definitiva, versiones de AUTOR que hablen y reflexionen cabalmente sobre la cibercultura del cibermundo.

Capítulo XII [colaboración de Kevin Kelly]

Puede parecer absurdo de entrada, pero es cierto que la tecnología nos enseña cosas acerca de Dios. Gracias a los experimentos de los nerds, veremos a Dios a través de los ojos de mentes ajenas a nosotros mismos. Asimismo aumentaremos nuestro entendimiento de la divinidad experimentando los límites y poderes de nuestras creaciones desatadas. Puede que mejoremos como criaturas si somos mejores dioses. El presente movimiento científico que libera nuestras vidas de las reglas de la materia, llevándonos hacia lo abstracto e intangible,simplemente nos prepara para entender mejor la mayor abstracción ,la mayor de las abstracciones. Tendemos a ver a Dios en la naturaleza, pero mi apuesta es que la tecnología es un espejo mucho mejor para ver a Dios.

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1 mensaje

  • La nueva ciudad de dios

    22 de julio de 2007 00:17, por gerentesocial

    ¡¡¡¡ excelente !!!!! por favor sean como ya son...los descubrì por casualidad buceando en la red...me perece que esto si constituye el verdadero conocimiento y en forma libre y espontànea para quien le pueda interesar....estudio gestiòn social del desarrollo local en la universidad bolivariana de venezuela y este tipo de conocimiento es constante en su construcciòn....

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