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Feminismo, machismo y misoginia

La mujer qué es

Ética y paradigmas científicos

Jueves 9 de octubre de 2008, por Lili Hahn


No me considero feminista aun cuando de alguna manera lo soy. Lo soy en la práctica cotidiana y en la teoría, es decir, en mis ideas acerca de lo que son o deberían ser no solo las relaciones entre hombre y mujer, sino también en cuanto a la educación de nuestros hijos. Al fin y al cabo el peso de la madre (y ocasionalmente del padre cuando la madre está "ausente") recae sobre los hijos para dirigirlos hacia un tipo de conducta machista respecto de las niñas o hacia una conducta de respeto mutuo y compaginación de roles. Pero no me adscribiría a un movimiento específico porque valoro la figura masculina del hombre y comprendo la existencia de ciertas diferencias. Existen diferencias, no ya físicas, sino a veces incluso de actitud en función de lo que esas diferencias físicas imbuyen como pautas al niño o a la niña en su "imaginario" respecto de sí mismos, como se puede ver fácilmente en ellos desde el nacimiento, pero éstas no deben malversar la mutua compaginación de roles, no debe significar desvalorizar ni a la mujer ni al hombre, simplemente están allí para que las tengamos en cuenta en nuestras actitudes hacia los demás y EVITAR cualquier tipo de discriminación por razones de género o aprovecharlas para mal, no para dotarlas de un significado que no tienen. Las diferencias deben sumar no restar. Es tan poco feminista renunciar a la propia feminidad como discriminar al hombre porque lo que es o por cómo es. Y un hombre puede perfectamente asumir los roles tradicionalmente atribuidos a la mujer y la mujer los roles atribuidos al hombre, a excepción de la concepción de hijos, sin renunciar nunca a su identidad como mujer o como hombre. Pero hay malas interpretaciones y siempre las habrá y los avances científicos nos dirán algún día que los hombres pueden también concebir hijos. Pero mientras tanto, esta diferencia al menos existe y personalmente creo que es fundamental. A pesar de ello, como digo, muchas veces ante la necesidad, los roles son intercambiables porque los roles son funciones no son "entes" o cosas con contenido propio, como diría Foucault. Son "rellenables".

Personalmente me adscribo al movimiento de las mujeres que por sí mismas han conseguido abrirse paso a pesar de los cortapisas en todas la épocas y sociedades machistas o patriarcales o hipócritas. Ejemplos hay muchos y no voy a mencionarlos. Algunos nos son desconocidos. No por ello me siento menos solidaria con las mujeres que la historia nos pinta bien cuán sojuzgadas hemos estado y a veces seguimos estando. Pero a día de hoy encuentro tanta mujer misógina que me es difícil decir "qué es una mujer" si asumen abiertamente y con todo el propósito actitudes o ideales machistas y misóginos respecto de otras mujeres, en cualquier campo. La psicología o la ciencias sociales no son ajenas a este extraño fenómeno. El paradigma conductista y también el psicoanálisis en su ortodoxia (es decir, dejando en un aparte casos excepcionales particulares), han mantenido con sus teorías y en su aplicación, bien un feminismo radical, bien un machismo abierto o medianamente solapado. Se les concibió siempre como paradigmas opuestos e incompatibles, cuando en la práctica se rozaban. El psiciólogo conductual aplicaba el psicoanálisis sin conocerlo del todo (sin haber pasado él mismo por el diván) y el psicoanalista aplicaba técnicas conductuales sin saberlo o a sabiendas a partir del momento en que no revisaba sus teorías (ni a sí mismo) y guiaba su actuación según éstas sin contrastarlas con la realidad del paciente. Fueron las histéricas de Freud quienes dictaban al fin y al cabo buena parte de sus teorías. Pero la teoría se atribuye a Freud y solo a Freud (por suerte incluyendo sus devastadores errores). En cuanto al positivismo científico, fue la pérdida del valor de lo cualitativo no cuantificable lo que condujo a la ausencia de ética, donde lo "cualitativo" se asimila a lo "femenino". No importa cuántas mujeres se adhirieran a estos dos paradigmas; salvo como digo, excepciones, todas ellas pecaban de lo mismo.

Esto destrozó muchas vidas.

Como siempre, es la falta de ética lo que conduce a que hombres y mujeres nos miremos de reojo y con desconfianza o no nos miremos siquiera. Es solo la falta de ética lo que conduce a discriminar o a exigir de la otra parte lo que no puede dar o no debe, o a exigir que no lo dé cuando sí puede y a veces debe.

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