La industria de lo humano Héctor Schmucler El título de este ensayo es un eco de “La industria cultural”, denominación con la que Max Horkheimer y Theodor Adorno caracterizaron -hace sesenta años- los signos de la época. El énfasis está puesto en industria, en cuanto producción planificada que se orienta a incorporar determinados productos en la circulación mercantil. La industria cultural significaba la eliminación de cualquier forma de autonomía de la creación humana. La industria de lo humano, que encuentra en la manipulación genética su expresión más destacada, va más lejos: admite la posibilidad de concluir con la libre apertura al mundo como rasgo indelegable de los seres humanos. Si la cultura no resiste su transformación en puro objeto productivo, la humanidad misma se desvanece cuando se postula la posibilidad de predeterminar el comportamiento de los hombres. Terminaba la Segunda Guerra Mundial con la derrota de Alemania y sus aliados, cuando Horkheimer y Adorno expresaron con singular audacia una conclusión desalentadora: nada había que esperar de un triunfo que parecía despejar el horizonte. La confianza que una buena parte del mundo había puesto en la razón, cuyo prestigio se había extendido en los últimos siglos bajo la forma del Iluminismo, mostraba heridas profundas. Dialéctica del iluminismo, publicado en 19441, y ante el espectáculo de una Europa abrumada por totalitarismos y por formas de crueldad jamás imaginadas, se proponía “comprender porqué la humanidad, en lugar de entrar en un lugar verdaderamente humano, desembocó en un nuevo género de barbarie”. Pero cuando la mirada se volvía a sus propios instrumentos de pensar, al campo prometedor de las ciencias que estudiaban el mundo, la decepción era aún más honda. Quedaba cuestionado el origen mismo de la voluntad emancipadora sobre la que se habían construido singulares expectativas. Era el abismo del sentido. Una dificultad insuperable para la razón. “La aporía ante la que nos encontramos frente a nuestro trabajo -escriben Horkheimer y Adorno- se reveló así como el primer objetivo de nuestro estudio: la autodestrucción del Iluminismo”. El desafío no era menor. Se trataba de sondear en el concepto preciso de Iluminismo (al que los autores, sin embargo, consideraban inseparable de la libertad) los gérmenes “de la regresión que hoy se verifica por doquier”. La descripción que ofrece Dialéctica del iluminismo fue consolidando su exactitud con el correr del tiempo y en nuestros días se muestra como una implacable luz negra con la cual se pueden reconocer los mayores peligros y nuestras responsabilidades más difíciles: “Si la vida pública ha alcanzado un estadio en que el pensamiento se transforma inevitablemente en mercancía y la lengua en embellecimiento de ésta, el intento de desnudar tal depravación debe negarse a obedecer las exigencias lingüísticas y teóricas actuales antes de que sus consecuencias históricas universales lo tornen por completo imposible”
simbióticas