Durante la Guerra de Vietnam, uno de los lemas más mordaces de los movimientos pacifistas era: "La guerra es un buen negocio. Invierta a su hijo".
Recientemente, algunos expertos eminentes y altos cargos del gobierno han elogiado descaradamente la guerra como una buena inversión.
El libro de Thomas Friedman El Lexus y el Olivo (1999) resumía una función clave del arsenal de alta tecnología de EE.UU. "La mano invisible del mercado nunca funcionará sin un puño invisible", escribió. "McDonald’s no puede prosperar sin McDonnell Douglas, el diseñador del F-15 de las fuerzas aéreas de EE.UU. Y el puño invisible que mantiene el campo libre para que prosperen las tecnologías de Silicon Valley se llama ejército de EE.UU., fuerzas aéreas, fuerzas navales y cuerpo de marines."
El 12 de septiembre de 2003, el Secretario de Estado Colin Powell hablaba de esta forma cuando defendía la ocupación militar de Irak: "Los Estados Unidos y sus aliados han invertido mucho capital político, recursos financieros, y las vidas de nuestros jóvenes (y ahora tenemos allí muchas tropas), por tanto nadie puede pretender que de pronto nos echemos a un lado". Estaba utilizando la terminología y lógica de un inversor capitalista.
Así que todo cuadraba cuando el New York Times informaba hace unos días de que Powell pronto "Tomará parte en el capitalismo de riesgo" (copiado del titular). El artículo explicaba que Powell se va a convertir en socio de Kleiner Perkins Caufield & Byers, una renombrada empresa de capital de riesgo de Silicon Valley: "El Sr. Powell reconoció el martes en una entrevista que le ha llegado un buen número de ofertas de trabajo tentadoras desde que dejó el Departamento de Estado en enero, pero que la oportunidad de trabajar como capitalista de riesgo en Kleiner Perkins era demasiado atractiva como para rechazarla".
La perspectiva del capitalismo de riesgo, que se basa en las hojas de balance, se está aplicando extensamente en la actual guerra en Irak, a pesar de que los defensores de la guerra sean capaces de rechazar con indignación que a dicha guerra la impulsa el entusiasmo que despiertan sus enormes beneficios económicos. Pero echemos mano de las palabras de las propias grandes empresas.
El año pasado revisé los últimos informes anuales de algunas empresas estadounidenses con contratos del Pentágono. Esos informes reconocían, como hecho irrefutable, que las grandes empresas dependen de forma vital de la guerra.
Orbit International Corp., una pequeña empresa que fabrica material de alta tecnología que utiliza la marina, las fuerzas aéreas, el ejército y los marines estadounidenses, había incrementado sus ventas netas de unos 2,4 millones de dólares durante los dos años anteriores, a unos 17,1 millones de dólares, y el futuro de la guerra era brillante. "De cara al futuro", informó el presidente de la empresa, Dennis Sunshine, " Orbit’s Electronics y Power Unit Segments cuentan con seguir beneficiándose de la expansión del mercado militar, de defensa y de seguridad nacional". En su informe anual a los reguladores federales, Orbit International reconoció: "Dependemos mucho del gasto militar como fuente de ingresos y rentas. Por consiguiente, cualquier reducción sustancial futura en el conjunto del gasto militar del gobierno de EE.UU. tendría un efecto material desfavorable en nuestras ventas y ganancias".
Una empresa mucho mayor, Engineered Support Systems, Inc., cuadruplicó sus ingresos netos entre 1999 y 2003, alcanzando 572,7 millones de dólares. Según el informe que abarcaba el año 2003, los altos cargos de la empresa firmaron una declaración que manifestaba: "Como siempre hemos dicho, el motor de nuestro negocio es el rápido despliegue de nuestras fuerzas armadas”. El presidente de la empresa, Jerry Potthof, tranquilizaba a los inversores: “El ejército de nuestra nación está desplegado en más 130 países, por tanto nuestros productos y personal están desplegados también. Mientras EE.UU. siga siendo el policía del mundo, nuestros productos y servicios le ayudarán a cumplir con su misión".
La gigantesca empresa Northrop Grumman apuntaba que sus ingresos en 2003 alcanzaron un total de 26.200 millones de dólares a la vez que presumía de que: "En términos de cartera de inversiones, Northrop Grumman se sitúa en la "dulce cima" de los gastos de EE.UU. en defensa y seguridad nacional".
La guerra. Qué dulce puede llegar a ser.
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Traducido por Genoveva Santiago y revisado por Beatriz Martínez Ruiz
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Este artículo está extraído del nuevo libro de Norman Solomon War Made Easy: How Presidents and Pundits Keep Spinning Us to Death. Para más información, véase: www.WarMadeEasy.com
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