Nos dicen que el parado es un hombre triste, frustrado, que siente que ha perdido su dignidad; y que una vez consiga un trabajo, cualquier trabajo, se sentirá feliz, realizado y podrá hacer gala de su dignidad. En esta dicotomía se juega la posibilidad de la explotación feliz, y no es más que propaganda psicológica al servicio de la cacareada reducción de costes laborales.
El relato psicológico oculta el malestar social.
simbióticas