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“No te preocupés -me dijo-. Así debe ser. Los que hacen de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano.” Eduardo Galeano
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La cólera de los judíos

Liat Weingart en Znet/Race

Martes 1 de marzo de 2005, por ediciones simbioticas


Estoy en el cuarto de estar de una familia amiga. El motivo de conversación cambia del yoga a la cuestión de Israel-Palestina, y le digo a mi amiga que creo que los estadounidenses tienen que modificar su política internacional con Israel. Me contesta: "¿en qué sentido?, ¿para que los árabes echen al mar a los judíos?. Durante unos minutos discutimos hasta que la conversación degenera y ella finalmente afirma: Verás, lo que voy a decirte no es bonito, pero no me asusta. Quiero decírtelo en cualquier caso. Los palestinos son auténticas alimañas, y originan dificultades en cualquier país en el que viven, hasta el punto de que ni tan siquiera los otros países árabes los quieren.

Inspiré profundamente, y entonces comprendí que ya había oído una frase similar antes, pero con una diferencia, que los "judíos" eran los mencionados en lugar de los "palestinos". "los judíos son alimañas y producen problemas en los países donde viven". Sí, lo había escuchado antes y me destrozó el corazón oírlo de su boca.

Cuando nos sentamos para cenar, le pregunté por qué se habían ido de Polonia y me contestó que por el antisemitismo. Según me dijo, el antisemitismo en Polonia era muy intenso mientras se hacía mayor, que se había producido una explosión de antisemitismo a mediados de los años sesenta, y de forma especial tras la guerra de junio de 1967. Su marido, también judío polaco, levantó la vista de su plato e interrumpió con brusquedad: "¿Por qué hablamos de eso? Por favor, cambiemos de tema".

En la comida, todos están más que dispuestos a hablar de sus historias en el ejército israelí, o de cómo los árabes quieren lanzar al mar a los judíos, pero nadie quiere hacerlo del daño que el antisemitismo les ha ocasionado. Mi madre me había contado unas pocas historias sobre lo que supuso para ella crecer como judía en la Unión Soviética. La más notoria era la de cómo le dio con una escoba a un tipo que continuamente la llamaba "sucia judía". Es una historia con final feliz, en la que se hizo justicia. La que no se contaba era la de su padre, que ayudaba a los judíos a escapar de la URSS para ir a Israel, y fue detenido por la KGB y encarcelado durante ocho años. O la de cómo a ella misma cada día la sacaban de clase durante años para interrogarla sobre las "actividades políticas" de sus padres.

Hay mucho de lo que quejarse y por lo que gritar. A pesar de lo enorme que es el Museo del Holocausto en Washington y de los numerosos monumentos sobre el Holocausto que existen en Estados Unidos, pero cuando de verdad se quiere llegar más allá, y escuchar a los judíos lamentarse de la forma en que sus familias fueron aniquiladas, de qué manera fueron golpeadas y convertidas en dianas, no es un pasatiempo favorito para los estadounidenses. Ni, por ejemplo, resulta muy atractivo para las gentes blancas escuchar los lamentos de los negros sobre las secuelas de la esclavitud, de la explotación económica y del racismo. O para los heterosexuales escuchar canciones GLBTQT [Grupos de apoyo de gente joven compuestos por gays o lesbianas, N. de T.] que son lamentos sobre como se siente uno cuando tiene que mentir sobre su identidad para sobrevivir, y vivir en la angustia existencial.

El Museo del Holocausto en Washington es el mayor del mundo y se encuentra en el centro del Distrito de Columbia. Muchos de nosotros creemos que los estadounidenses saben más que suficiente sobre el sufrimiento de los judíos. Pero lo cierto es que el Museo del Holocausto y otras formas de reconocimiento oficial del sufrimiento judío no se han organizado en absoluto para luchar contra la opresión de los judíos, que es un asunto secundario. Después de todo, aunque Estados Unidos se creó sobre el genocidio de los nativos de América, no hay un museo construido con subvenciones y en terreno federales para conmemorar su genocidio en el corazón de la capital del país. La razón es muy sencilla, hacer justicia con los americanos nativos va en contra de los intereses de las elites estadounidenses que mandan en el país, cuya riqueza y poder se han forjado sobre la herencia de aquel genocidio.

Con anterioridad a 1967, hablar de los judíos o de su historia de opresiones no formaba parte de los intereses estratégicos estadounidenses, en especial cuando iban unidos a la palabra "justicia". A partir de 1967, cuando Israel derrotó a Egipto, Siria y Jordania, y conquistó Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este, el Sinaí y los Altos del Golán, el Gobierno de Estados Unidos decidió que Israel podría servir como vicario de los intereses estadounidenses en Oriente Próximo. 1967 fue el año en el que Estados Unidos descubrió Israel y fue el año en el que se "recordó" el Holocausto. El descubrimiento de Israel se produjo de forma tan selectiva como el recuerdo del Holocausto. Estados Unidos descubrió en Israel a un aliado militar, no a un país con gente normal, y la ayuda estadounidense lo refleja así, ya que la mayor parte de esa ayuda, incluida la económica, se ha invertido en gastos relacionados con la adquisición de armamento estadounidense, y con el fin de justificar moralmente esa relación estratégica "recordaron" la historia del Holocausto.

La versión dominante sobre el Holocausto es que los judíos fueron llevados a las cámaras de gas como corderos al matadero, donde sólo ellos fueron asesinados, y que el hecho de su aniquilación no tenía precedentes en la historia y que ningún otro acontecimiento en el presente podía compararse al Holocausto. La lógica moral de los judíos es que somos únicos en el mundo y que nadie comprende nuestro sufrimiento porque nadie ha sufrido algo semejante; que sólo podemos confiar en nosotros mismos para defendernos; que deberemos estar siempre vigilantes porque el peligro acecha en cada esquina. Y la lógica moral para los estadounidenses es que los judíos necesitan un Israel fuerte, y dado que los judíos han sido víctimas de lo innombrable, nuestro deber es armarlos hasta los dientes.

Hay partes de verdad en la versión dominante del Holocausto pero en ella apenas se cuentan los centenares de miles de actos de resistencia de quienes perecieron, como el caso del rabino que en el momento de ser introducido en la cámara de gas, agarró de la solapa a un soldado de las SS y le dijo. "Yo voy a morir hoy pero tú vivirás a solas con tu sentimiento de culpa durante el tiempo que vivas". O el hecho de que los judíos a quienes se obligó a soldar el letrero de la entrada de Auschwitz, en el que se leía "Arbeit Macht Frei" (El trabajo hace libre) pusieron la "B" al revés en señal de rebeldía y como prueba de su resistencia. La narrativa dominante habla muy poco de la gente que arriesgó sus vidas y las vidas de sus familias para salvar a judíos y a otras gentes destinadas a la deportación y a la aniquilación. Habla poco de los millones de gitanos, polacos, homosexuales y discapacitados que fueron sistemáticamente asesinados. Y habla muy poco sobre los genocidios precedentes, como el de los nativos americanos, o el de los armenios. Es un resumen superficial de una historia mucho más compleja.

Las consecuencias de esa versión del Holocausto, repetida sin parar, es que muchos judíos se sienten abandonados y aislados, y muy, muy furiosos. Recorremos esos monumentos y museos llorando y lamentándonos y cuando salimos nos sentimos vacíos. Internamente sentimos el espeluznante sentimiento de que nunca se ha hecho justicia. Creo que nos sentimos así porque creemos que nadie hace caso de lo que hemos pasado. Pero uno se pregunta: "¿Cómo se puede decir que nadie nos hace caso cuando el gobierno de Estados Unidos ha creado un departamento específico para mantener vivo el recuerdo del Holocausto? ¿O cuando el museo del Holocausto de Washington es el más grande del mundo y cuando documentales y películas sobre el Holocausto reciben el público reconocimiento de los Oscar?

Los estadounidenses escuchan la historia que se les vende, la que sirve a los intereses de una política exterior favorable a Israel. Y esa historia no es la mía, ni la de mi familia, ni de las familias de mis amigos. En mi historia, no existe moraleja en la aniquilación de seis millones de judíos, y de millones de gitanos, polacos, homosexuales, discapacitados y demás personas asesinadas. Nuestra historia no tiene el final feliz de los grandes éxitos de Hollywood sobre el Holocausto, en las que todos terminamos viviendo en Israel. La historia del Holocausto en mi familia no ha terminado todavía. Como nieta de cuatro supervivientes del Holocausto todavía la vivo. Aunque el Holocausto o la experiencia de antisemitismo apenas se mencionaban, crecí en una casa con los fantasmas de mis familiares asesinados y con mis padres y abuelos viviendo en el miedo absoluto.

Después de que la amiga de mi familia me dijera que ella creía que los palestinos son alimañas y que si pudiera envenenaría sus pozos, hizo lo contrario conmigo y me trató con afecto (y comida). Es una persona absolutamente encantadora que creo jamás haría daño intencionadamente a nadie. Pero está muy enfadada. Y su rabia se ceba en un pueblo que no ha tenido nada que ver con su sufrimiento. Su cólera podría hallar un poco de tranquilidad aquí en Estados Unidos, donde la huella del anti-semitismo jamás ha tenido un marco que no terminase con "y vivieron felices- siempre- en Israel". Pero afirmar que estaremos seguros si Israel está armado hasta los dientes es un sacrilegio y una mentira. No tengo respuestas sencillas para el Holocausto. Y el que las tenga está tratando de venderte algo, como ese equipamiento militar

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* Título original: The Wrath of Jews
* Traducido por Felisa Sastre y revisado por Germán Leyens

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3 mensajes

  • La cólera de los judíos

    1 de septiembre de 2010 21:23, por DAVID

    La verdad que los judios son la peor cosa que puede pisar la faz de la tierra, sino pongamonos a leer la historia del mundo y como a lo largo han sido repudiados por todas las civilizaciones debido a su proceder y ser.

    realmente israel deberia desaparecer como país y ser administrado directamente por la ONU para que por fin deje de dar problemas al mundo.

    saludos

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  • La cólera de los judíos

    6 de junio de 2007 04:32, por gen

    wao, de verdad que me impresiono, no soy judia, y no puedo sentir su sufrimiento, pero si soy capaz de ponerme en su lugar, y no debe ser muy agradable, hay que luchar porque algun dia exista la igualdad en el mundo!!!, aunque solo tengo 14 años, pero soy consiente, ojala todos pudieramos poner un poco de nuestra parte, si todos ayudaramos a la persona que tenemos al lado, el mundo seria un lugar mejor...

    Fuente : impresionante

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  • La cólera de los judíos

    29 de julio de 2006 01:38

    Tan claro como el agua y tan profundo como la razon.

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