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La Iglesia Católica y la construcción europea

Viernes 15 de abril de 2005, por José Luis Murillo


Mucho se habla estos días del papel “fundamental” de la Iglesia Católica en la construcción europea. Es una frase que repiten sin ninguna vergüenza católicos y católicas como un argumento para justificar que la enseñanza de la religión católica no salga de las aulas, es una frase que se repitió una y otra vez para argumentar un trato preferente a la religión católica en la nueva “Constitución” europea.

Yo me quedo estupefacto escuchándoles y si fuera católico al menos lo diría en voz bajita o me lo callaría. Porque, ¿se han parado a pensar en el papel que ha jugado la Iglesia Católica en la construcción europea e incluso mundial?.

Antes de la extensión de la Iglesia Católica los pueblos que habitaban Europa guerreaban por territorios, poder, riquezas,... Con la aparición de la Iglesia Católica nos encontramos con un nuevo tipo de guerra a añadir: la guerra religiosa. Es la Iglesia Católica la que inaugura la guerra por la conquista cultural e ideológica del otro. Es la Iglesia Católica la primera que no sólo se conforma con vencer al enemigo (a veces diferentes facciones de ella misma enfrentadas) en el campo de batalla sino que aniquila su cultura. Así encontramos que hasta el predominio de la Iglesia Católica en un territorio los pueblos vencidos podían mantener sus costumbres, creencias, religiones,... sin ningún problema. Ocurrió con griegos, romanos, celtas, godos,... e incluso con los árabes que invadieron España. Las culturas se complementaban y había un rebrote en todos los campos: matemáticas, medicina, astronomía, filosofía, literatura,... Con la llegada de la Iglesia Católica esto se termina: se persigue y expulsa a las otras comunidades, las supersticiones católicas se imponen en Europa, lo que frena el desarrollo científico y cultural de las y los europeos, y entramos en la Edad Media, un período oscuro de nuestro pasado según la gran mayoría de los historiadores y del que tardamos siglos en salir.

Ese fue el papel de la Iglesia Católica en la construcción europea, un papel “fundamental” sin el cual no se hubieran producido los retrocesos en el campo del conocimiento y de los derechos humanos, ni los siglos de sufrimiento en los que hemos vivido en la católica Europa hasta no hace muchos años (al menos en la católica España), y cuya resaca todavía nos arrastra en nuestro día a día: discriminación actual de la mujer y de los no católicos.

Si seguimos analizando más aportaciones de la Iglesia católica a la construcción europea nos encontramos con su apego al poder y a las riquezas materiales. Es curioso comprobar que no ha habido dictador, rey o emperador que no haya tenido a la Iglesia Católica a su lado. Y no me refiero ahora sólo a nuestro pasado más remoto, hace menos de cien años en España había una dictadura apoyada por la Iglesia Católica y que imponía a toda la población las supersticiones y la “moral” católica. Fueron años de miedo y dolor por cuestiones tan “serias” (podían resolverse con una simple multa o incluso llevarte a la cárcel) como no ir a misa o a las procesiones, llevar poca ropa, trabajar los domingos, o, tan involuntarias como ser mujer. Cuestiones éstas que, aunque las cuento como simples anécdotas, son el reflejo de la legislación redactada con las "sugerencias" de la Iglesia Católica.

Y ya, para no extenderme demasiado, recordar otra de las “grandes” aportaciones de la Iglesia Católica a la construcción europea: el refinamiento de los instrumentos de tortura y la crueldad para perseguir al otro, al que es o piensa diferente. Es la Iglesia Católica la responsable de la destrucción inhumana de ciudades y pueblos enteros de Europa en cruzadas como la de los cátaros donde ante la pregunta de los soldados al representante papal, un antecesor de Juan Pablo II, de como reconocer a los que eran cátaros de los nuestros (incluidos niñas y niños), este les respondía de forma "piadosa": matadlos a todos, Dios ya encontrará a los suyos. Eso unido a la tortura y quema en hogueras de miles de personas inocentes por que se suponía que eran brujas, judíos, musulmanes, sin religión, porque defendían que la Tierra giraba alrededor del Sol, porque estudiaban el cuerpo humano para aprender a curarlo,... nos ayuda a entender el papel de la Iglesia Católica en la construcción europea.

Quede claro que los acontecimientos que he mencionado no son episodios aislados de persecución por parte de una persona católica como pueden ocurrir los contrarios, personas católicas que individualmente ayudan a otras, todos esos hechos mencionados forman parte de las decisiones de la jerarquía eclesiástica como institución y han ocurrido cuando la Iglesia Católica ostentaba el poder en determinadas regiones y territorios europeos.

Por tanto comparto la idea del "papel fundamental de la Iglesia católica en la construcción europea", porque ha sido precisamente en el enfrentamiento contra las ambiciones, la moral y las supersticiones de la Iglesia Católica donde se ha forjado Europa. Sin ella nuestra Europa no hubiera padecido lo que ha tenido que padecer y el avance del conocimiento y de los derechos humanos no hubiera sido frenado durante tantos siglos.

Y aún quieren que hablemos a nuestras niñas y niños en las escuelas del papel de la Iglesia Católica en la construcción europea. Por una parte, como educador, no veo que la educación infantil y primaria, por las características de su alumnado y por el respeto a la libertad de conciencia individual, deba recoger este tipo de enseñanzas; por otra, pienso que quizás estaría bien incluirlo para que no vuelva a suceder en nuestro futuro, como se intenta con el nazismo, el estalinismo y otras atrocidades de la especie humana. Pero ya que los laicos, por no levantar heridas y por tolerancia hacia otras formas de pensar, no lo nombramos, por favor no sean precisamente ustedes los que pidan que enseñemos ese pasado tan escabroso de la Iglesia Católica europea, búsquense otros argumentos más convincentes.

Alguien podrá pensar que no he escrito nada más que cosas de un pasado remoto y perdido en la noche de los tiempos por el que la Iglesia católica ya ha pedido perdón y que estos son otros tiempos. En lugar de ser yo quien dirima esta cuestión prefiero dejarlo en las "contritas" palabras de Juan José Millás, escritas en su artículo "Conmoción", aparecido en la última de "EL PAÍS" el 8 de abril de 2005:

"Llevabas razón, madre, si te significas demasiado, al final te quedas más solo que la una. No volveré a hacerlo. Ahí van, como muestra de mi arrepentimiento, estas líneas hondamente sentidas sobre el Papa: ha muerto un campeón de la libertad, un hombre que llevó a la Iglesia a cotas increíbles de democracia interna y que reconoció los derechos de los colectivos tradicionalmente perseguidos u olvidados, fueran pobres, mujeres, homosexuales o filatélicos (en el caso de que la filatelia sea una opción venérea, que ahora no caigo). Su odio a las tiranías fue tal que administró la eucaristía a Pinochet, también conocido como el libertador del Cono Sur, con el que la Iglesia de Juan Pablo II colaboró activamente y sin complejos. Y hablamos de Pinochet por no mencionar a héroes menores como Videla, que llevó a cabo su misión redentora gracias a la eficaz ayuda de los obispos argentinos.

Ojalá que la Iglesia no aproveche este óbito para relegar de nuevo a la mujer a la condición servil de la que Wojtyla la rescató. Ojalá que el Vaticano continúe apostando por las comunidades de base, por los desheredados de la Tierra, como hizo Juan Pablo II al apoyar a los teólogos más comprometidos con la difusión del mensaje de Cristo entre los pobres. Pido a Dios que ilumine a los cardenales para que elijan un sucesor capaz de continuar la revuelta que este hombre llevó a una institución ya de por sí avanzada. ¿O acaso podremos olvidar los españoles la complicidad, dicho sea en el mejor sentido de la palabra, de la jerarquía eclesiástica con Franco, cuyas torturas aplaudió hasta quedarse sin manos? Y es que también Franco, como ha demostrado la historia, era otro campeón de la libertad. ¿Para cuándo su beatificación?

No volveré a quedarme solo. En el futuro repetiré lo que ordene la tele, aunque contradiga mi experiencia. Escribo estas líneas al sol de abril, en la terraza de una cafetería. Nadie, a mi alrededor, da muestras de haber sufrido una gran pérdida, pero debe ser un efecto óptico porque los telediarios hablan de un duelo universal, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Me rindo, mamá, y en este acto abomino del condón y me adhiero al discurso único."

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1 mensaje

  • La Iglesia Católica y la construcción europea

    6 de junio de 2008 21:55, por carlos

    que mal articulo sola pensar lo malo se realiso y no TODO LO BUENO LAS UNIVERSIDADES LOS MONASTERIOS QUE SALVARON EL CONOCIMIENTO DE LOS ROMANOS GRIEGOS Y QUE NOSDA LA CULTURA MAS FUERTE Y AVANZADA DE NUESTRA EPOCA YA VIERA YO AL ESTE fulano en otro pais no occidental que lo dejara hablar asi pero de todos modos saludos a este iluminado salvador de europa.......ADIOS

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