Redacción / @Contactar
ediciones simbióticas

"Que frágil es la memoria cuando necesitamos excusas para construir fronteras y barreras para el otro. Hace tan solo unas décadas nuestros familiares emigraban en busca de una tierra donde, lejos de su lugar de origen, encontrar un trabajo digno y un trozo de pan. Esa fue la otra posguerra, de la que apenas se habla porque tal vez pocos fueron (...) [ Sigue... > ]
Portada del sitio > COLABORACIONES > Introducción al mundo que no existe

Introducción al mundo que no existe

Miércoles 15 de octubre de 2008, por colomer grau


1.- LAS MASAS: DEMANDA DE ESPECTACULO, AVIDEZ DE NOVEDADES Y LINEAS DE FUGA

Si algo tiene el mundo de hoy es que parece que hay mucho de todo. Hay guerras, hambrunas, tráfico de drogas, historias de amor, miles de marcas de atún, historias de romanos, la vida del barrio, la vida en el teatro… Así podríamos seguir y nos preguntamos si podríamos abarcarlo todo. Mucho de lo que se ve y se sabe nos viene dado a través de los medios de comunicación, los cuales han abolido las distancias de tal modo que una hambruna africana puede ser noticia en Occidente. Esta apariencia de múltiples cosas y hechos se da en un planeta físicamente clausurado. Como afirma Hannah Arendt definitivamente conocemos los límites del mundo. En la Tierra ya no es posible descubrir América. La clausura del mundo se ha realizado gracias al establecimiento de puntos de observación extraterrestres que nos dan la imagen milimétrica de los límites físicos de la Tierra. De este modo, los medios de comunicación establecen sus redes sobre una Tierra limitada, creando un efecto de exhuberancia y exceso. Las pantallas planas y blancas mantienen la posibilidad de dejarse inscribir cualquier cosa desde cualquier parte del mundo. Potencialmente lo admiten todo. En Internet no podemos dejar de tener la sensación de que esta todo. Hechos y palabras multiplicados por millones. Un solo individuo delante de la pantalla multiplicado por millones. Millones de individuos diferentes, cada uno con sus propias e indivisibles huellas digitales, dejando aparte el problema de la clonación. La interacción del mundo con los media da el efecto de lo múltiple. Pero lo múltiple no tiende al infinito. Nos dice Zizeck que lo plural tiende a reducirse en dos polos hegemónicos. Como ejemplo Zizeck nos sitúa en las democracias occidentales en donde el poder real lo monopolizan dos partidos sobre un fondo de pluralidad política. Nosotros podemos añadir que los seis grandes periódicos tienden a identificarse con una de las dos alternativas reales de poder (PP o PSOE). Esto no es nada nuevo. La pantalla blanca, pese a su potencialidad de dejarse inscribir cualquier cosa, no es inocente. Su exigencia de ser llenada obliga a una elección del contenido. Y en muchos casos esta elección se realiza atendiendo a la demanda del mayor número posible de individuos. Los media se dirigen a las masas. Pero a unas masas definidas como suma de individuos. Como nos dice Sloterdjik en “El desprecio de las masas” en lugar de las masas definidas por Cannetti cuya densidad amenazaba con constituirse en tumulto, nos encontramos ahora con unas masas retiradas de los espacios públicos y ocupando sus pequeños espacios privados, reunidas en torno a una pantalla, predispuesta a elegir cualquier contenido o a no elegir ninguno. Así los espacios públicos se han reconvertido en lugares de tránsito entre los diferentes espacios privados. Las masas cannetinianas se dejaban ver. Las masas de Sloterdjik no se ven, se cuantifican, se suman en torno a audiencias, share, sondeos de opinión, número de votos, facturación anual… Individuo = +1. Con ello no estamos excluyendo que las masas se reúnan en espacios públicos. Lejos de nuestra intención. Pero cuando esto ocurre se hace bajo el signo de la fiesta o del atasco, lejos del tumulto, de tal modo que su registro y cuantificación se hace más eficiente.

En la modernidad se tomó conciencia desde diferentes planos y sensibilidades políticas del poder potencial de las masas para otorgar o derribar gobiernos. Los medios de comunicación, ligados a determinadas opciones políticas, jugaron un papel crucial para reunir a los hombres. Pero no todos los medios ni todos los mensajes logran que se produzca el momento mágico de reunir en torno suyo a un número significativo de cuerpos. Nos advierte Baudrillard que hay en las masas una insondable voluntad de espectáculo y una exigencia de ser fascinada. Ya Ortega y Gasset advirtió que las masas se definían por las pasiones del señorito ocioso. Los media no han hecho sino tomar conciencia de esta voluntad de espectáculo y la han fomentado. A medida que la oferta de espectáculo se ha ido consolidando, auspiciada por un desarrollo tecnológico sin parangón, la posibilidad del tumulto se ha ido neutralizando. Con el desarrollo de los media y con ello una mayor eficacia en la producción de espectáculo, las masas se han ido retrayendo a sus pequeños espacios privados, frente a una pantalla que virtualmente las reúne. De este modo su cuantificación se hace más efectiva. Hemos pasado de la huelga al share, incluso las huelgas y protestas se hallan bajo el signo del share, pues al día siguiente e incluso en tiempo real, es posible aventurar las cifras de los cuerpos reunidos. Unos cuerpos que mayoritariamente se reúnen a distancia, de manera cada vez más virtual, y lo que produce mayor suma de cuerpos es aquello que reúne los requisitos de una carga espectacular y efectista. Todo sentido y mensaje pugna por presentarse a las masas como el más espectacular y fascinante. Ahora bien, el espectáculo exige una gran inversión financiera, de modo que aquellos con mayor poder económico tienen la capacidad de reunir en torno suyo al mayor número de espectadores. Tanto en el cine hoollywoodiense como en gran número de tele-comedias hay un esfuerzo por presentar modelos humanos con los que un mayor número de cuerpos se identifiquen. O no, pues no hay fórmula mágica que determine el seguro éxito de un determinado modelo. Las masas no se dejan atrapar tan fácilmente pues están atravesadas por la incertidumbre. Ejemplo de ello es el fracaso de algunas películas de Steven Spielberg u otros pese al bombardeo publicitario que precede al estreno.

La incertidumbre viene alimentada por lo que Heidegger vino en llamar la avidez de novedades. A la demanda de espectáculo se le une una demanda casi constante de novedades. Los media no han hecho sino responder con una excesiva oferta hasta el punto de que cada nuevo día se presenta como un cúmulo de novedades. ¿Qué ha pasado hoy? Es necesario saberlo. No se soporta que no haya nada nuevo bajo el Sol. También se buscan nuevos modelos sociales que no cuestionen el orden social. El poder de atracción de las distintas ofertas políticas depende de la cantidad de globos de colores que se lanzan sobre las cabezas ciudadanas y de su posterior difusión en las pantallas. Más que de convencer se trata de alucinar a las masas. Se busca sumar virtualmente en torno a un centro de gravedad imaginario. Cada rostro presentado en pantalla no es sino una suma de efectos y complementos. Risas enlatadas de las tele-comedias. Las masas enchufan y desenchufan, y en cuanto se puede se van a la playa a poner en práctica modelos individuales que previamente ha consumido en pantalla. Pero esto, lejos de ser un estado perfecto, que los distintos adalides de la democracia se esfuerzan por defender, también es un estado hostil. Poco a poco nos vamos dando cuenta de que la excesiva oferta de lo nuevo no es sino una repetición maquillada de lo que ya es antiguo y aburrido. ¿Cuál es la diferencia real entre una película de Van Damme y una de Steven Seagal? Obama se presenta como un cambio. Zapatero se presentó como un cambio. Ahora resulta que Rajoy es el verdadero cambio revolucionario. MacCain es sin duda otro cambio. Pero, con un poquito de inteligencia, esto tan solo son cambios de rostro, no cambios reales. El señorito ocioso siempre esta en pleno proceso de aburrimiento y de búsqueda de nuevas experiencias. De pronto alguien coge un rifle y comienza a disparar indiscriminadamente. De pronto alguien decide suicidarse. De pronto un grupo de exaltados empiezan a quemar coches, los casos de depresión aumentan, el consumo de drogas se dispara, los accidentes de coche…

Las masas son el reverso blanco de la pantalla. Reducidas a un destino numérico admiten potencialmente cualquier mensaje y pueden adherirse a cualquier sentido o sinsentido. Que haya una reducción de posibilidades que por el momento funciona no excluye la existencia y la aparición de hechos y palabras relevante y significativo que no están producidas por el orden oficial de los media. De pronto, y como dice Zizeck, la extrema derecha amenaza con romper el turno de gobierno. Los esfuerzos de los Estados y las Corporaciones para atraer y controlar a las masas son cada vez más costosos. De pronto el paro aumenta. De pronto alguien decide inmolarse. Estalla un coche bomba. El hombre mosca ha muerto. Advierten Deleuze y Guattari de la existencia de líneas de fuga en los sistemas. El aburrimiento, la hartura, provenientes de la continúa exigencia de novedades, también se dirigen hacia los afuera de los sistemas de control y orden. Los raperos malos de los barrios ricos también juegan con pistolas. Cada línea de fuga es potencialmente una apelación al caos. Y entra aquí lo que ha venido en llamarse el discurso del miedo. De lo que se trata entonces es de mostrarlo bajo grandes títulos efectistas. De este modo se ata a una mayoría de hombres a la normalidad.

2.- EL ORDEN Y EL CAOS

El íntimo deseo de todo estado es la ausencia de acontecimientos, por ello los estados actuales se enfrentan con la paradoja de controlar a unas masas que constantemente demandan novedades. Todo acontecimiento amenaza con constituirse en línea de fuga que cuestiona la fortaleza del orden. Una vez que se tomó conciencia de que saciar la exigencia de espectáculo y la avidez de novedades era la forma más eficaz de control, los estados tuvieron que entrar en el juego de los acontecimientos. Una parte de la responsabilidad la delegaron en las grandes corporaciones mediáticas, las cuales ofertan normalidad en el sentido de que ofrecen formas de ser en el mundo que se integran en el orden social, lo refuerzan y no lo cuestionan. Pero en esta frenética oferta también se incluye la muestra del caos y de líneas de fuga trágicas, las cuales no son producidas ni controladas. Pero esto lejos de inquietar refuerza el control y el orden.

Las masas están atravesadas por el deseo de seguridad. Y es precisamente mostrando el caos como se potencia el deseo de seguridad. Hay una conciencia evidente de que para ser un hombre dinámico y moderno no hay que pasar hambre. Ciertas formas de caos no tienen censura. Pero se muestran bajo el signo del miedo y mediante elementos espectaculares. Se enseña el caos para dar miedo a las masas y de este modo potenciar el deseo de seguridad, el cual se convierte en una exigencia. También se mantiene la posibilidad de un acontecimiento inminente. Algo malo puede ocurrir en cualquier momento. La tragedia se muestra para que las masas exijan más mecanismos de control. El terrorismo, en cualquiera de sus formas, no hace sino otorgar más poder a los estados. El terrorismo entra en el juego del espectáculo y del miedo. Constantemente se nos dice “te podría haber pasado a ti” al tiempo que sacian nuestra avidez de novedades mostrando imágenes de llamas y humo negro. ¿Te has enterado de lo del coche bomba?

En toda crónica negra, en toda presentación de catástrofes naturales existe el mensaje que reparte la posibilidad del mal entre todos. El discurso del miedo retrae a las masas a su soledad de individuos. Nadie quiere dejar de ser uno más, nadie quiere dejar de comer. Miedo escenificado. Las masas consumen miedo como consumen y adoptan modelos sociales. Con ello exigen seguridad para poder irse a la playa. El espectáculo del miedo se define por el gore sutil de los media. Por ejemplo, cuando una mujer es asesinada por su pareja se incide más en expresiones como degollar y asestó 35 puñaladas que en una clara denuncia de la violencia machista. La aparición casi espontánea de las líneas de fuga no pueden ser controladas por los estados, pero sus mensajes potencialmente subversivos son neutralizados por el efectismo, favoreciendo con ello que una gran mayoría de individuos no se conviertan en acontecimientos y en tumultos, atenazados por el miedo, la fascinación de la violencia y la sensación de seguridad que surge de estar encerrados en sus pequeños espacios privados, gozando de las nuevas tele-series, nuevos dramas, nuevas comedias de policías modernos y tolerantes que pasan su tiempo libre en un spa buscando el amor eterno.

Así, tenemos por un lado el miedo y por otro una producción irrelevante de acontecimientos definidos como entretenimiento y ocio. Ficción y realidad escenificadas y confundidas. Siempre hay un espectador-masa delante de la pantalla. Siempre hay alguien al otro lado al que meter miedo, ofertar una actitud ante la vida, una lata de atún o de cerveza. Un espectador-masa que asiste a un mundo frenético de felicidad, drama, miedo, divertimento, necesidad de seguir vivo. Asediado y alucinado, con los parámetros de la realidad y la ficción emborronados. La pantalla realiza su propia epojé y se la sirve al espectador, el cual a su vez constituye la suya. Asistimos a una doble epojé que lo resuelve todo en una imagen de la que no se sabe si es real o simulada. De este modo el miedo no tiene que pasar necesariamente por la realidad. Tan solo basta con apelar a una realidad posible. Hay toda una tradición en Hoollywood y en los telefilms americanos. Una familia vive tranquila en una grata urbanización, en donde cultiva su jardín. Un buen padre. Una buena madre. Un hijo y una hija felices y sanos. De pronto la niña desaparece. De pronto la droga entra en la casa. De pronto descubren que el vecino de enfrente esta fabricando una bomba sucia. Hay también una producción del miedo que se contrapone a una normalidad ideal en forma de hombre dinámico y creativo, padre de familia ejemplar, muchacho solidario con los ciegos, la mujer femenina y gran profesional de la ley, el ama de casa perfecta, el homosexual cabal….

A un mismo tiempo se consume miedo y normalidad. A mayor miedo mayor demanda de normalidad y mayor demanda de cadenas que fijen de manera estable esa normalidad y que aten en corto a las líneas de fuga fomentadas por una insaciable y continúa avidez de novedades. Cualquiera puede ser cualquier cosa o persona. Fluctuamos entre lo real e imaginario hasta el punto de que ya no se sabe que es lo uno y que es lo otro. El viejo ideal totalitario de convertir a toda la población en policía secreta del estado se realiza ahora a través del ocio y del espectáculo. No se mira ni se investiga aquello que se desvía de las directrices del partido. Se exige normalidad para ahuyentar el fantasma del miedo. Hay que demostrar que se es normal, y para ello contamos con la presentación en pantalla de los síntomas del miedo. Nadie quiere morir. Nadie quiere pasar hambre. Todos quieren divertirse. Los estados y los media liberalizan actitudes normales a cambio de condenar otras. El parado siempre es otro para el espectador, incluso para el parado mismo.

Pero de pronto el número de parados aumenta de manera alarmante. De pronto se produce un apagón general. Los mecanismos de control y seguridad se sustentan cada vez más de manera tecnológica. La valla del estrecho, plagada de cámaras y laberintos de cables es un producto de alta ingeniería. Pero el sustento tecnológico, en el que se invierten cada vez más sumas de dinero para capear las insistentes líneas de fuga, lleva consigo la posibilidad del accidente total. El crack del 29, el milennium bug, la destrucción nuclear, la hambruna mundial, el ataque de los zombis. El accidente total apela a la posibilidad de dejar a las masas desasistidas del mundo. De pronto la pantalla se apaga, miramos alrededor y nos encontramos con nuestro pequeño mundo; limitados por la capacidad física de nuestros sentidos, desnudos sin la epojé alucinante de los medios.

El accidente total nos remite al más acá del hombre y el mundo. El hambre, la miseria, la lucha por la supervivencia, la pequeñez e insignificancia de los destinos individuales. Este el es mundo que no existe. El mundo que se nos oculta a base de mostrarlo frenéticamente mediante el ropaje de los media. Siempre es otro el que esta inmerso en la noticia, el que padece hambre, miseria, sed… Siempre es otro el que es asesinado. Por el momento siempre hay un espectador que asiste seguro al espectáculo del mundo que no existe. Un mundo al que no obstante tarde o temprano nos tendremos que enfrentar. Nadie quiere morir. A mi no me puede pasar esto. Papa estado me protege. El shock de Siddartha.

A modo de conclusión diremos que el gran miedo, el gran caos, han creado una demanda de más y más seguridad que han propiciado avances tecnológicos en la industria de la seguridad y el control, que paradójicamente nos acercan con mayor fuerza al accidente total. El calentamiento global es fruto de una demanda de bienestar ligada a la calefacción, al aire acondicionado y a los desplazamientos masivos en coche. El consumo desenfrenado del mundo occidental esta esquilmando los recursos de los países del tercer mundo provocando sequías y un aumento alarmante de las masas de hambrientos. Las democracias defienden su supuesta libertad sosteniendo dictaduras que les aseguren un regular suministro de recursos y a las que venden sus armas a muy buen precio. El mundo que no existe crece en su posibilidad. Nos cuenta Borges que el tiempo es infinito pero que las posibilidades son finitas. Puede llegar el momento en el que los monos junten las letras y escriban el Quijote. El Estado crece y con él la posibilidad del accidente del Estado. Quizás nos ocurra como a aquellas estrellas de las que vemos la luz pero que han desaparecido. Quizás la catástrofe ya ha ocurrido y somos fantasmas que aplauden y jalean el espectáculo final. Quizás debemos tomar conciencia de que ya ha pasado, sino que se lo digan al sub-sahariano que viaja en cayuco en medio de un mar embravecido, en el más acá de toda demanda de espectáculo, atravesado por la proximidad física del miedo y la incertidumbre.

Comentar este artículo


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

¿Quién eres? (opcional)
  • [Conectarse]
Texto
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)


Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Espacio privado | SPIP | esqueleto | Esqueleto Adaptado de: Rouge sang