¿Cenicientas o divas? ¿Qué implican actualmente los conceptos tan utilizados por los urbanistas, de ciudades centrales y periféricas, en la transición desde la Sociedad Industrial a la Sociedad de la Información, según algunos, o del Conocimiento, según otros? ¿Qué significa la centralidad en un mundo globalizado y en una sociedad de redes? Las ciudades centrales y periféricas, ¿coinciden necesariamente con las metrópolis de los países respectivamente centrales y periféricos?. Este trabajo se originó hace un año, en una conversación informal en Río de Janeiro, con la economista y urbanista española Maite Martínez Pardo (2). Nos preguntábamos si los conceptos de ciudades centrales y periféricas que se aplicaban en la Sociedad industrial, podrían seguir usándose en la llamada Sociedad informacional. Los interrogantes se potenciaban mutuamente: ¿Estas centralidades y periferias, son físicas, o siguen otra geografía de tipo virtual? ¿Y cuál es el centro, el Km 0 que serviría como referente? ¿Existe un solo centro, o una multiplicidad de centralidades? Este artículo no pretende responder a estas preguntas, sino suscitar el debate alrededor de una cuestión necesaria en la actual reflexión de los investigadores urbanos. ¿Importan todavía las ciudades? se preguntaba Saskia Sassen (1996). Muchos expertos urbanos y decisores del planeamiento urbano y regional aseveraban que la globalización y las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) señalaban el fin de la importancia económica de las ciudades. Esto no es una fantasía: de hecho, muchas ciudades han sufrido en diferentes grados la repercusión de la economía globalizada. Numerosos centros urbanos que en el pasado brillaron por su poder industrial, atraviesan actualmente diversos grados de decadencia, tanto en el mundo mas desarrollado como en los países considerados periféricos. En los mismos Estados Unidos, basta circular por ciudades otrora económicamente poderosas, como Buffalo, para darse cuenta de esta realidad. En una era marcada por el "offshoring" de fabricas, el incremento de la fragmentación urbana, la expansión de las redes mundiales de empresas, y las operaciones inmobiliarias que desplazaban poblaciones desde los centros urbanos hacia los suburbios, los observadores urbanos tenían razones válidas para suponer que las ciudades se volverían obsoletas en el corto plazo. Sassen observa que, desafiando estas predicciones, algunas ciudades han concentrado en sus territorios un importante poder económico y político. En su ensayo "Whose City Is It? Globalization and the Formation of New Claims," en "Cities and Citizenship" (1996), Saskia Sassen argumenta que la ciudad es el locus de las nuevas reivindicaciones planteadas por diferentes clases y sectores económicos. Los representantes de los intereses del capital global basan sus reclamos en la importancia de una infraestructura urbana último modelo, hi-tech, para poder desarrollar sus capacidades de organizar en forma eficiente sus inversiones en el exterior y de atraer inversiones extranjeras. Los representantes de los grupos trabajadores subpagados se resisten a estos reclamos. Esta fuerza de trabajo, conformada mayoritariamente por mujeres, inmigrantes y personas de colores y culturas frecuentemente ajenas a las dominantes, responden a través de movilizaciones urbanas (o basadas en ciudades, o expandidas a partir de ellas) a los objetivos del capitalismo global. Esta tensión no sólo hablaría del nuevo y fuerte resurgimiento de una vida (política, social, económica, cultural) urbana, sino que también pone en cuestión qué ciudades son "centrales" y cuáles resultan periféricas, en los primeros años del Tercer Milenio.
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