El artista guipuzcoano Ibon Aranberri (Itziar-Deba, 1969) expone en la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona una selección de sus proyectos realizados en los últimos doce años. Bajo el título “Organigrama”, la muestra, que puede visitarse hasta el próximo 15 de mayo, articula las preocupaciones más latentes del artista: las relaciones entre naturaleza y cultura, las representaciones del poder y la conformación de lo social.
Acudir a visitar la exposición de Ibon Aranberri con la misma idea preconcebida con la que se acude a una retrospectiva clásica puede ser un error, o una estimulante sorpresa, al comprobar el despliegue de materiales que constituyen la muestra. Y es que, atendiendo a la propia idea de “organigrama”, Aranberri ha construido dentro del espacio expositivo una estructura negra que recuerda al cuerpo de una gran araña en cuya tela han quedado enganchadas sus propuestas elaboradas a lo largo del tiempo. De este modo, la lectura conjunta de sus obras se convierte en un nuevo recorrido en forma de red cuyo significado va articulándose a través de nodos imaginarios sobre el tejido orgánico de la araña. El único peligro es quedarse atrapado en la telaraña o perderse en el organigrama. Como en el mejor arte conceptual, pues, solo la implicación activa y el esfuerzo reflexivo pueden conducir a la persona visitante a sintonizar con las propuestas del artista.
La obra de Ibon Aranberri pivota constantemente sobre las relaciones entre naturaleza y cultura -en un sentido tanto histórico como profundamente genérico-, así como en las distintas formas y representaciones del poder o en la propia conformación de lo político y lo social. Sin embargo, estas cuestiones no se dan en sus proyectos a modo de tesis unívocas o explícitas, sino que -como le gusta decir al artista- emergen como “resonancias”.
Otra característica interesante que se puede apreciar en las creaciones de Ibon Aranberri se encuentra en el modo en el que el artista se sirve de referencias locales del País Vasco para abrir espacios de crítica y de pensamiento que, en realidad, son netamente universales. Uno de los trabajos en los que mejor se aprecia esta cuestión es en el titulado Diseño de nuestro desarrollo. Ría y acantilado (2000-2005); el proyecto que, precisamente, inicia el recorrido de la exposición. En esta propuesta el artista plantea una reflexión en torno a la central nuclear de Lemóniz, que comenzó a construirse en la década de 1970 en la costa de Vizcaya generando un escenario fuertemente convulso (con duras intervenciones de ETA) y una gran oposición popular que terminó por propiciar que la central nunca fuera utilizada como tal. Hoy en día, las instalaciones de la central permanecen intactas como una enorme construcción fantasma sobre la que rompen las olas del mar.
Cuestionamiento de la energía nuclear
Una de las propuestas que el artista proyectó en el año 2000 fue la de organizar un espectáculo de pirotecnia consistente en lanzar fuegos artificiales sobre las instalaciones de la central vasca… Proyecto performativo que, sin embargo -y al igual que ocurriera con la central nuclear-, ha quedado irrealizado dadas las dificultades que entraña el poner en marcha un proyecto que no solo remueve radicalmente nuestra memoria histórica, sino que cuestiona también uno de los temas tabú en el proceso civilizatorio como es el de la energía nuclear. Pero de lo que no cabe duda es que, acontecimientos como los recientemente sucedidos en la central japonesa de Fukushima, o la triste conmemoración de los sucesos de la central de Chernóbil –convertida en un siniestro parque temático-, actualizan y universalizan, por desgracia, la obra que Aranberri concibió para su contexto geográfico y vital.
En una línea similar a la comentada se mueve también el significado de propuestas como Política hidraúlica (2004-2010) o Mar del Pirineo (2006), obras que ahondan sobre la violencia que las grandes obras públicas ejercen sobre la naturaleza. En concreto, Política hidraúlica muestra numerosas imágenes de pantanos construidos en el Estado español, sobre todo en la época del desarrollismo franquista. La época que, no en vano, convirtió en motivo de burla popular la tan repetida y famosa frase del general Franco “Queda inaugurado este pantano”.
Como contrapunto a estas creaciones, Aranberri presenta también en esta exposición la obra Gramática de meseta (2010), una referencia a las consecuencias que la construcción de las grandes infraestructuras imprimen sobre los pueblos que quedan hundidos, o desterrados, y que el artista ha querido simbolizar a través de los monumentos que son numerados piedra a piedra y trasladados de un lugar a otro. Sin embargo, el contrapunto más contundente de esta exposición se encuentra en el piso inferior de la Fundación, justo bajo la gran araña descrita: se trata de (Ir.T.nº513) zuloa. Extended Repertory, una instalación que documenta un recorrido que realizó el artista por numerosas cuevas prehistóricas situadas en Guipúzcoa, hasta que decidió parar su emotivo periplo a través de la acción de cerrar una de las cuevas con un gran portón negro de hierro en el que solo ha quedado abierta una entrada para los murciélagos que la habitan. Una metáfora y un gesto radical, pues, que da sentido en conjunto a las obras de Ibon Aranberri como una sutil e inteligente radiografía crítica del rumbo faústico tomado por nuestro progreso civilizador.
Alfonso López Rojo
Semanario Directa, Nº 227, mayo de 2011
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