1-El esperado
Nos mostraba Michael Moore en su documental Fahrenheit 4/51 a un recién elegido presidente Bush en estado de espera en su rancho de Texas. El director de cine nos lo presentaba como si estuviera esperando un acontecimiento que lo moviera a actuar. Obama por el contrario es él mismo un acontecimiento. Ya sea por el color de su piel, ya sea por las nefastas actuaciones de Bush, ya sea por la necesidad de esperanza de unas masas mundiales acosadas por la crisis del capitalismo, Obama es un presidente esperado. No hay que obviar que esto es fruto de una hábil campaña mediática coronada por el slogan “yes, we can” y que jugaba con la ansiedad de un mundo en pleno proceso de desquiciamiento, de tal modo que el vago y confuso discurso del cambio y de la diferencia es capaz de anudar múltiples sensibilidades. Hemos visto incluso a Fidel Castro lanzando tímidos elogios hacia él, también esperando a que fuera coronado y así empezar a compulsar la verdadera dimensión del cambio.
Con estas expectativas llegamos al día de la toma de posesión y nos encontramos con una absoluta concentración de los medios de comunicación en torno a su persona después de la terrible matanza de Gaza. Ha llegado el día en que el mundo va a cambiar, parecen decirnos todos. El acontecimiento Obama alcanza su máxima intensidad. Dos millones de personas acuden a Washington para vivir in situ el acontecimiento mientras millones de tele-espectadores asisten a una retrasmisión vía satélite. El periodismo “serio” coquetea con la prensa rosa. Al fin la espera ha terminado. Comienza el show.
2.-Jugando con la historia
Y Obama llega emulando el viaje en tren que hizo Lincon a su llegada a la casa blanca mientras desde múltiples medios se analiza el significado del viaje. Obama prolifera como acontecimiento histórico: es un liberador, es el primer presidente negro de la historia, ya no hay esclavitud, se avecinan tiempos de cambio y extremadamente importantes, el mundo ya no será el mismo, líder, homenaje al liberador, el sueño cumplido de Martín Luther King, trabajar por la paz… Mientras tanto a su llegada la policía separa al liberador de la gente que lo ha votado, le abre un camino para que desde lejos den la bienvenida al héroe de la nueva historia. Toda la historia del mundo se concentra en torno a la historia de los EEUU y el mundo la asume como propia.
3.-La historia y la fiesta
Y EEUU convierte la historia en fiesta. La música gratis para el pueblo envuelve a Obama en una bienvenida. Y después de un discurso serio y la retrasmisión del protocolo de la toma de posesión, el acontecimiento consumado es avalado por el lanzamiento de miles de kilos de confeti, globos, abrazos. De este modo la historia consumada es una historia pospuesta. Ahora toca disfrutar del momento. Sabemos el primer menú de Obama como presidente. El vestido de su mujer. Las niñas bailando. Los políticos de fiesta. Los medios narrando entre plato y plato el tipo de móvil que tiene Obama. Irán espera. Irak y Afganistán siguen con sus particulares y sangrientos fuegos artificiales. Israel retira sus tanques de Gaza. África invadida por el SIDA. Rusia y China latentes. El foco blanco ilumina a la pareja de moda en su primer baile en la cima del poder. Millones de parejas hacen lo mismo. Millones de voces en Off nos cuentan la maravillosa historia de amor de los obama. La noche se acaba con la sonrisa del borracho feliz. Pronto habrá que decidir. Ya no vale esconderse mientras palestina era bombardeada. Obama tendrá que enfrentarse a Hiper-Obama. Y nosotros alerta, con la bandera de la crítica y la denuncia, mientras ya realiza su primer vuelo en el air force one y ordena el primer bombardeo sobre Afganistán. ¿Tendrá que asumir victimas civiles la encarnación de los derechos civiles?
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