Estos días se ha puesto sobre la mesa internacional el hambre del mundo. Mientras unos países quieren convertir su solución en tema prioritario de la humanidad, como debería ser, junto con el respeto a un derecho internacional por definir, pero basado en el acuerdo mutuo y el diálogo, otros intentan imponer en la agenda de debates y acuerdos la guerra preventiva como el futuro imparable en el marco internacional hacia todos aquellos que no obedezcan al imperialismo americano y a los que definen directamente como terroristas.
Ante esta situación llama poderosamente mi atención el enfado y la verborrea histérica con la que algunos tertulianos arremeten contra la posibilidad de que se cambien las prioridades internacionales.
Les sorprende y les molesta que otros medios de comunicación recojan y analicen esas propuestas sobre el hambre y el derecho internacional basado en el diálogo y en el acuerdo mutuo desviando la atención de lo que para ellos debería ser lo fundamental: guerra, guerra y guerra.
Afirman una y otra vez uno de sus tópicos recurrentes y preferidos: el terrorismo no tiene que ver con la miseria. Pero no van más allá en su análisis, no les interesa. Como en todos los tópicos no dejan de tener algo de razón. Es cierto que la mayor parte del terrorismo y de la violencia en el mundo actual es la herencia de los procesos de colonización y descolonización del primer mundo sobre los demás (repartos de poder y de recursos), de la imposición de nuevos estados por los EEUU (Israel o Liberia), o del descarado apoyo (dinero, armas, estrategas de la CIA), sobre todo de EEUU y Rusia, a movimientos terroristas locales para conseguir sus intereses particulares en determinadas zonas del planeta, pero que cuando se les escapan de las manos los etiquetan de "malos" terroristas y proclaman guerras mundiales contra ellos.
Por contra, en el tópico que ellos niegan de que la miseria y el terrorismo están relacionados, también habrá algo de razón, aunque no quieran admitirlo por su fundamentalismo ideológico, cuando los "focos" del terrorismo internacional y de los "señores de la guerra", que casualidad, no están en Alemania, Italia, EEUU, Francia o Inglaterra sino, otra vez que casualidad, en Afganistán, Chechenia, Palestina, Sudán, Liberia,..., que son países caracterizados precisamente por la miseria de su población. Eso, para estos comentaristas es una falacia. Donde hay terrorismo y bases terroristas no es donde hay miseria, según ellos.
Y la conclusión que tratan de extender y que pretenden que se convierta en dogma de fe, en pensamiento social mayoritariamente aceptado, es que la solución frente al terrorismo y las miserias del mundo sigue siendo más de lo mismo: apropiación y ocupación por la fuerza de otros recursos y territorios, más apoyo a grupos o estados terroristas proclives a los poderes de occidente, y más guerras falsamente preventivas. O sea, en su vocabulario, más "capitalismo democrático" para todos, por las buenas o por las malas.
Pero lo que más me asombra es escuchar como se ríen abierta y cómodamente, desde una actitud absolutamente microfascista de desprecio hacia el que piensa diferente, sentados en sus sillones, plácidamente instalados en el primer mundo del mundo capitalista, de que se busquen o propongan soluciones diferentes a las suyas (capitalismo, capitalismo y capitalismo) para las situaciones de miseria en el mundo, de que se pida el respeto a los derechos humanos, de que se busque el acuerdo internacional frente a la obediencia ciega a los dirigentes del capitalismo mundial. Eso lo consideran pensamiento único. Sin embargo proclaman a los cuatro vientos su pensamiento "plural" que tiene como base la fe ciega en el capitalismo como "única" posibilidad de desarrollo económico de la humanidad, la democracia partidista y dirigida por los grupos de poder como la "única" posibilidad de organización política viable, y la guerra preventiva como el "único" instrumento de las relaciones internacionales.
Para ellos el cuarto oscuro del capitalismo, la pobreza en el primer mundo, la utilización del tercer mundo como granja de explotación de seres humanos por la esclavitud en el trabajo o el trabajo infantil, de placer con la explotación sexual incluida la infantil, de laboratorio experimental de nuevos fármacos, o de basurero para sus desechos, les trae sin cuidado.
Ellos tienen sus campos de golf, sus agradables cenas, sus viviendas perfectamente aisladas, sus salas de conciertos, su carísima ropa de marca,... y no son capaces de romper una lanza en favor de esa otra humanidad, la mayor parte, que está sufriendo en el mundo, como si ellos fueran de otra especie. Y, en el fondo lo son, pertenecen a la especie elegida para mediatizar la opinión pública en favor de los grupos de poder, para extender el microfascismo (el desprecio a otras opiniones y propuestas o el vigilar a los que piensan diferente) por todos los rincones donde lleguen sus emisoras. Mientras hagan su papel no tendrán problemas. Las multinacionales "informativas", las iglesias dominantes (católica, protestante, judía, musulmana, capitalista) los tendrán en su nómina y les otorgarán importantes premios en importantes galas.
En definitiva, mientras defiendan el fundamentalismo capitalista y no alienten las discrepancias y la denuncia de la situación real del mundo, mientras extiendan las consignas de los que les pagan, mientras sostengan la ideología dominante y alimenten los mecanismos microfascistas, podrán disfrutar de una bien ganada calidad de vida. Lo que le ocurra al resto de la humanidad no es su problema. Como dicen en sus argumentos de personas que disfrutan del primer mundo, el que quiera alcanzar su status que se esfuerce y trabaje porque en el mercado libre todo es posible y sólo depende de cada uno. Y se quedan tan anchos.
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