Redacción / @Contactar
ediciones simbióticas

"La tecnología es neutra: sólo debería ilegalizarse la estupidez [...] La prohibición de herramientas supone un freno al desarrollo humano. Imaginen por un momento un mundo en el que alguien hubiese ilegalizado el alfabeto, la imprenta, la máquina de escribir... Los mismos que prohíben los programas de ordenador, a causa del uso indebido de los (...) [ Sigue... > ]
Portada del sitio > COLABORACIONES > Hacer la vista gorda

Hacer la vista gorda

Domingo 17 de diciembre de 2006, por Mariano Martínez Luque


Cuando en un país como Rumanía algunos de sus ciudadanos subsisten con lo más básico, cuando la corrupción es quien controla el poder del Estado, cuando la miseria les obliga a emigrar a otros países algo más ricos como ahora parece ser España, ellos y ellas, los inmigrantes rumanos, tienen que aceptar en algunas ocasiones trabajos donde no se respetan prácticamente el horario de ocho horas, ni el sueldo mínimo, ni se les da, como es obligatorio en este país, la ropa de trabajo, ni tampoco se respetan las normas de seguridad necesarias. La mayoría vienen aquí con la esperanza de encontrar algo mejor, y lo encuentran, pues en su país de origen la situación es tan precaria que cualquier ofrecimiento de empleo en cualquier país de la Unión Europea, aunque esté mal pagado y en esas condiciones tan deficientes, les parece algo sublime para encontrar una esperanza.

Yo sé lo que es vivir esa situación de trabajo mal pagado, de horas interminables tras un mostrador de un bar, o paleando arena durante horas y más horas sobre una hormigonera, o rompiendo hormigón con un martillo compresor hasta que las muñecas se retorcían de dolor. Pues yo, como todos esos inmigrantes viví situaciones de penuria parecida y por ello también tuve que emigra de mi tierra natal, allá en el sur, y aunque para mí el adaptarme a esta tierra no supuso ningún esfuerzo de integración cultural ni de aprendizaje de una lengua nueva, si me sentí en algún trabajo tan explotado como un esclavo, deseando por eso encontrar una mejor situación económica. Por aquellos años, después de la muerte de Franco, ya había sindicatos que lo mismo que ahora sólo parecían estar ahí como escaparates políticos de una lucha obrera inexistente. Pues puedo confirmar, que a pesar de estar afiliado a uno de ellos, cuando yo fui a sus oficinas paras reivindicar algo tan sencillo como un mono de trabajo, sólo obtuve como respuesta, de uno de esos asociados cabecillas, alguien que ni siquiera era abogado laboralista, que se lo pidiese a mi jefe, que me lo tenía que dar. A esto yo respondía que si había ido a reclamarlo era porque ya lo había pedido y no me habían dado. “Entonces nada podemos hacer”, concluía aquel hombre con el gesto sonriente y cara de sabelotodo,“Sólo nos cabe esperar que te lo den”. De la misma manera que entonces, hoy, muchos de estos inmigrantes esperan, sólo les cabe esperar, que sus jefes tengan la cortesía de legalizar su situación, y si se la legalizan que al menos le paguen en la proporción de la horas que trabajan. Pero patra que esto ocurra, ¿Ha ido algún miembro de uno de estos sindicatos a interesarse por su situación laboral? ¿Han intentado almenos que se afilien para obtener una defensa?

Analizando todo esto, recapacito una y otra vez, ante la impotencia que me provoca no poder intervenir para mejorar esas situaciones que descolocan de nuevo mi sentido de lo que considero un equilibrio social justo para todas las personas que vivimos en nuestro país, aunque sean inmigrantes. Por lo que muchas veces también pienso, que aunque la esclavitud no esté aceptada por casi ningún Estado en el mundo como un medio de explotación productiva, tal y como ocurría hace siglos, todavía parece que subsiste entre los recovecos infranqueables de nuestra propia sociedad occidental que se jacta de tener un gran avance social en estos asuntos de trabajo. Tendría que ser así, pero yo he podido comprobar que no lo es, ni siquiera con muchos españoles, que trabajan, como estos rumanos y otros inmigrantes, en sitios donde parece no pueden llegar a intervenir nunca las leyes laborales a través de esas asociaciones de obreros que antes, hace muchos años, funcionaban como sindicatos obreros y ahora parece ser que sólo funcionan como academias donde se imparten cursos o cursillos de todo tipo menos de identidad de clase obrera y trabajadora. Debido a todo esto es lógico que estas situaciones de despotismo laboral ocurran más a menudo de lo que nos parece, e incluso es algo que vemos en alguna ocasión con nuestros propios ojos, pero todos callamos, quizá porque también formamos parte de este circulo vicioso que consiste en designar a cada persona el papel que suponemos le corresponde, olvidándonos que también nuestros padres y en muchos casos nosotros mismos también fuimos emigrantes y somos aún, en muchos aspectos, inmigrantes que pasamos por situaciones muy parecidas.

Mariano Martínez Luque

Comentar este artículo

1 mensaje

Comentar este artículo


moderado a priori

Este foro está moderado a priori: tu contribución no aparecerá hasta haber sido validada por la administración del sitio.

¿Quién eres? (opcional)
  • [Conectarse]
Texto
  • (Para crear párrafos, deja líneas vacías.)


Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio | Espacio privado | SPIP | esqueleto | Esqueleto Adaptado de: Rouge sang