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Globalización y resistencia

En Lucha

Domingo 11 de septiembre de 2005, por ediciones simbioticas


Después de la caída del muro de Berlín y del hundimiento de la Unión Soviética, el entonces Presidente de Estados Unidos, George Bush, habló del "nuevo orden mundial"; un mundo en paz, donde la prosperidad llegaría a toda la humanidad. El académico Francis Fukuyama escribió que habíamos llegado al "fin de la historia"; de aquí en adelante ya no habría acontecimientos tan dramáticos como los vividos a lo largo del siglo XX, hasta ese momento.

Parece mentira que desde entonces haya habido guerras -declaradas o no- en todos los continentes del planeta, desde la intervención letal de la ONU en Irak, hasta los bombardeos a Serbia por parte de la OTAN en plena Europa, desde la guerra civil en Sierra Leone hasta las continuas guerras sucias, por parte de los ejércitos oficiales y los paramilitares de los terratenientes, contra las guerrillas y las poblaciones en América Latina.

En el plano estrictamente económico, tampoco ha sido lo que prometieron. Las crisis siguen azotando el planeta, y ahora no dejan ningún rincón inmune. Las crisis financieras de 1997-98 se extendieron desde Corea del Sur hasta Brasil. Destrozaron grandes cantidades de capital, y algunos millonarios dejaron de serlo (mientras otros se hicieron aún más ricos con la carroña), pero, a la vez, arruinaron las vidas de millones de personas. Se ve lo frágil que es el sistema en que vivimos, a la vez que queda claro que el capitalismo es totalmente incapaz de proporcionar una vida digna a la enorme mayoría de la población que vive bajo su dominio.

Pero también tenemos que recordar las muchas victorias que se han vivido contra este sistema. Primero fueron las luchas de 1989 en Europa del Este que, contrariamente a lo que pensaron los dirigentes occidentales, en el fondo no iban contra el "comunismo", es decir, a favor del capitalismo occidental, sino que representaban una recuperación de la lucha desde abajo contra todas las formas de opresión y dictadura. Las pruebas son muchas; la caída del apartheid; la caída de Suharto, el dictador indonesio; la de Mahuad a manos de una insurrección popular en Ecuador; en el momento de escribir esta introducción, la caída de Milosevic y lo que parece el principio del fin de Fujimori...

Sobre todo, se escribe a la sombra de Seattle. Queda patente que la oposición a este sistema no se limita a unos pocos locos marginados. El anticapitalismo sale en las portadas de los periódicos burgueses, casi como el hombre del saco aparece en las historias de niños; hablan de ello, pero luego se autoconvencen de que realmente no existe. Lo dijeron después de Seattle, pero después vinieron las protestas de Washington. Dijeron que eran pocos, y luego 100.000 personas protestaron en Millau, en Francia, en apoyo a José Bove, procesado por derribar un McDonalds. Más tarde dijeron que el movimiento se había desgastado y que en Praga no iba a pasar nada. Pero los delegados del FMI y del Banco Mundial tuvieron que esconderse de 20.000 manifestantes, y tal vez es cierto que hablaron tan rápidamente -serían los nervios- que pudieron acabar su cumbre un día y medio antes de lo planeado.

Durante los últimos años el periódico En lucha ha ido examinando el sistema, sus guerras y sus crisis, así como promoviendo y analizando la lucha para cambiarlo. Este folleto recoge algunos de los artículos que han aparecido sobre la guerra y la OTAN, sobre la deuda externa, las instituciones internacionales, la globalización... Los reproducimos sin hacer cambios, ni por el paso del tiempo, ni para intentar eliminar posibles elementos repetidos. No son textos meramente periodísticos, pero cada uno fue escrito como un modo de intervención en un momento específico, y nos pareció mejor dejarlos tal como se publicaron.

Los volvemos a editar aquí como una contribución al necesario análisis de todos estos temas. Pero el objetivo no es sólo entender el mundo, sino cambiarlo. De las luchas del último año han surgido muchos debates acerca de cómo seguir adelante: sobre la importancia, o no, de la clase trabajadora; acerca de la relación entre diferentes formas de lucha; sobre cómo deberíamos organizarnos, únicamente como colectivos y redes, o si hace falta una organización claramente política y revolucionaria. De las respuestas que se dan a estas preguntas, dependerá en gran parte el futuro de la lucha anticapitalista.

Por eso, el último artículo resume por qué nos parece imprescindible que, dentro del nuevo movimiento anticapitalista que ha surgido, haya una organización claramente revolucionaria, que intente sacar lecciones de las luchas actuales y pasadas, en diferentes partes del mundo, para aplicar estas experiencias al objetivo común de acabar con este sistema brutal. Invitamos a cada persona que comparta esta meta que colabore con nosotros en la construcción de esta izquierda revolucionaria.

En Lucha, octubre del 2000.

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