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Entropiactiva: Manifiesto

entropiactiva

Lunes 19 de diciembre de 2005, por ediciones simbioticas

Entropía: Palabra acuñada del griego de em (en, -en, sobre, cerca de,...) y de sqopg (tropêe -mudanza, giro, alternativa...).

La entropía contradice la visión mecanicista del mundo típicamente moderna, en la que la idea de progreso es tan natural e ineludible que ni si quiera merece ser discutida. Esta visión mecanicista pone énfasis en lo que se ordena sin considerar el desorden causado por la ordenación. La entropía socava la idea de historia como progreso, destruye la idea de que ciencia y tecnología crean un mundo más ordenado.

La entropiactiva pone de manifiesto lo pernicioso y perverso que resulta la persecución, la ambición, la búsqueda, el deseo de un mundo más ordenado. El orden como meta limita las posibilidades, estructura las ideas dentro de los límites de lo imaginable, obviando aquellas visiones, invisibles bajo el prisma de seres sólo capaces de interpretar lo vivido, de reformular lo existente, obligándonos a ver el mundo bajo una óptica domesticada. La entropiactiva desecha la idea de progreso, difiere en la posibilidad de racionalizar la tecnología, de adaptarla a nuestros fines, de dotar de un nuevo y prometedor significado a un significante que deviene la garra que mece nuestras vidas, que ha sido creado para fortalecer un poder que jamás podremos ni querremos tener de nuestro lado.

La entropía pone de manifiesto la tendencia en el mundo actual de medir la productividad en función a la cantidad de bienes económicos producidos en un periodo de tiempo sin tener en cuenta los gastos humanos, energéticos, animales...que ello conlleva.

La entropiactiva no persigue la creación de un mundo sostenible en el que se establezca un equilibrio entre consumo y producción, entre capitalismo y medio ambiente, eso lo dejamos para polític@s del civismo, oenegistas pringad@s y pervers@s, manifiestaccionistas seguidor@s acérrimos de los ritmos caribeños, buenrrollistas que hacen del fumeteo y el manuchaismo su bandera, filósofos de manos blancas y sucias conciencias, ecologistas que hacen el juego al sistema y demás calaña fundamentalista del respeto y la tolerancia. A nosotras nos la suda la sostenibilidad, porque no queremos sostener nada, porque el consumo y la productividad no merecen ser sostenidos y no somos nadie para sostener el medio ambiente ni tampoco para destruirlo y apropiárnoslo. Sólo se protege aquello que consideras tuyo, la protección como baza para su futura utilización en propio beneficio, y no amig@s la naturaleza no nos pertenece, no es un bien de consumo. Seamos salvajes. Recuperemos nuestra animalidad. Construyamos ecología, destruyendo al Estado y a cualquier forma de autoridad. Reciclemos el vidrio para la guerra social y no para su capitalismo verde. Si la basura les incomoda en sus “bonitas” ciudades, a nosotras más nos incomoda esta basura de vida (no vida). Que la mierda se vea.

La entropía es la medida de desorden de un sistema, la tendencia universal de todos los sistemas (incluidos los económicos, sociales y ambientales) a pasar de una situación de orden a creciente desorden. La entropía hace hincapié en el orden que precede al caos, en el orden como generador de desorden.

La entropiactiva, no pretende canalizar este desorden, prevenirlo en pos a la paz social o encauzarlo del modo más racionalmente eficaz. La entropiactiva no busca imaginar un mundo futuro, perfecto, igualitario, no pretende dar las claves para llegar a alcanzarlo. Estamos convencidas que no podemos imaginar las infinitas posibilidades que nacerían de las mentes de individuos libres, porque administrar, mejorar, volver más justo e igualitario su orden, es sólo eso, seguir manteniéndolo como suyo. El orden que ordena, que regula. El orden que nos ordena en categorías, que a su vez están ordenadas jerárquicamente y que se nos imponen para prevenir el orden en forma de orden. En forma de orden previa al discurso, preexistente al individuo fruto de siglos y siglos de acumulación de poder y autoridad. Nuestras acciones no son gobernadas por nuestras intenciones, sino que son eco de una acción anterior, que acumula poder y autoridad a través de la repetición de un conjunto de prácticas autoritarias precedentes. Ninguna de nuestras acciones puede eludir la historicidad que la precede, que condiciona sus usos contemporáneos, una historicidad del poder que se acumula y que se oculta tras los perversos velos de la libre elección en las modernas democracias. El género, la fábrica, los centros psiquiátricos, la escuela, los centros penitenciarios... todos ellos tienen en común al menos una cosa, son los elementos ordenadores del sistema. Mediante ellos nos castigan pero mediante ellos también nos ordenan en categorías a las que somos adscritas nada más nacer o en función de nuestro camino predeterminado por la historicidad que precede nuestro entorno social más inmediato.

La entropiactiva no es nada y es todo. Es algo que pertenece al aquí y al ahora fruto de lo que aquell@s que lo llevamos a cabo queramos que sea. Es un intento de mandar a la mierda la historicidad coercitiva y limitadora. Nace ahora o nació ayer y desaparecerá mañana o nunca. Nos movemos, nos convertimos, nos camuflamos... No sentimos nostalgia por lo pasado, por lo abandonado, hemos nacido hoy y todavía no habéis podido controlarnos, ordenarnos, todavía mantenemos la rebeldía del recién nacido que provoca la protección del bienestar en el útero materno. Pero cuidado no nos dejamos engañar, no podemos más que odiar este sistema, sus seguidorxs y sus falsxs críticxs, lxs mejoradores de lo existente, los canalizadores del desorden amparados tras sus macroestructuras políticas y sindicales. No nos equivocamos ni confundimos enemig@s; nuestrx enemigx es todo aquel que mantiene y favorece cualquier estructura de poder, en ocasiones hasta nosotras mismas.... Pero nuestras lenguas viperinas no conocen la compasión hacia aquellxs que pretenden robarnos la LIBERTAD.

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