El enorme parecido entre la mentira y el insulto es absolutamente desdeñado en la actualidad por una nueva especie humana que actúa, sin miramiento alguno, desde la lógica del desprecio. La mentira insulta, humilla sin sentido. La mentira ofende y ataca directamente a la concordia. La mentira anula y viene a decir que tú no eres nadie para el embustero, que no le importas en absoluto, que eres menos que nada. La mentira insolente se ha afincado en los comportamientos actuales y los modelos de los “ejemplares” son los que marcan pauta. Las mentiras llevan germen de discordia y hacen que quien las recibe se vea confundido y quien las cree se sienta capaz y legitimado para ofender. Se ceba en las relaciones y ataca sin piedad lo mínimos principios de respeto.
Hoy el poder no es nada sin jactancia, sin desprecio, sin arrogancia, sin soberbia. Y esa misma necesidad le lleva al ataque. A destruir a quien pudiese menoscabar su severidad, a destruir el dialogo peligroso, el inquietante derecho a la réplica. Y es ese diálogo, esa réplica, esa exhibición de dialéctica racional, esa posibilidad de controversia la que anulan desde la violencia (porque la violencia no es siempre sinónimo de sangre), desde la normalización del fascismo cotidiano. Porque mantener la mentira requiere de cortejo y comparsa, de vasallos rendidos y enamorados que amplifiquen el poder, que lo mantengan desde el agradecimiento. Que defiendan al señor y oculten sus disparates.
Y ocurre esto, malo es, no solo en las grandes, o no tan grandes, estructuras sociopoliticas. Este síndrome infecta y se propaga con una facilidad pasmosa entre los organismos básicos. Todo aquel que tenga a alguien bajos su dominio se siente legitimado para aplicar el modelo descrito: desprecio y envaramiento, descalificación del semejante, anulación del sometido.
No se por qué ocurre en las altas esferas de la política (o sí lo se, que es peor) pero en la vida cotidiana la mediocridad se tiene que defender a sí misma con todas las armas posibles. Con armas sucias (ninguna es limpia) que aniquilan la razón y la inteligencia. Véase cómo su táctica es eficaz. Véase cómo, poco a poco y con el silencio y la entrega de sus disciplinados servidores, están conquistando espacios. Véase cómo en las estructuras básicas se van reproduciendo sin remedio. En el entorno familiar, en el asociativo, en el laboral, en el gobierno local... véase cómo la mediocridad va avanzando sin tregua. Véase cómo seres mediocres han arruinado la historia. Véase cómo seres mediocres están arruinando la historia. Véase cómo seres mediocres están arruinando nuestro entorno.
No temáis: si alguno de ellos lee esto asentirá con énfasis sin darse por aludido.
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