Procuro casi siempre tratar con empatía opiniones y creencias. Pero no puedo con ellos. Más que me consumen es imposible. Todas las ciudades colapsadas y ocupadas por hordas de encapuchados, plañideras, cirios y plantones, ángeles custodios y sentados, yacentes, espinas y dolientes, encuentros y alzamientos, matamoros y legionarios de cristo alertas y dispuestos a degollar a quienes no genuflexen al paso ¿Pueden imaginarse lo mismo con cualquiera de las religiones que pueblan nuestro Estado? Imposible, es cierto. La espada de Pelayo saldría desenfundada para reconquistar la esencia patria. Además es tradición… y así lo hacemos en esta posmodernidad absurda y negra: cualquier trastorno colectivo se vuelve maravilloso cuando es elevado a la categoría de tradición. Y de allá directamente al altar de la Cultura. Palabra mayor y fetiche. Así vamos. Y todo ello en ciudades, en sociedades supuestamente civilizadas.
Miren, nada se puede admitir de individuos que se reproducen rápido en un caldo de neofascismo absoluto. Y nada se puede disculpar a quienes con su participación, de forma activa o pasiva, son conniventes con este fascismo. Porque se nos atraganta la palabra y pronunciarla nos parece de otros tiempos, anticuada. Y así vamos cayendo, vamos siendo fagocitados por mantener una estúpida actitud de tolerancia mal entendida. Miren, yo no soy tolerante. Ni lo quiero ser con estos señores. Ni con las sotanas ni con los capirotes. Ni con las cruces levantadas.
Porque la cultura, ya lo he dicho en otras ocasiones, no es esto. Y si las tradiciones son xenófobas, excluyentes, machistas, homófobas, fanáticas, sectarias, intransigentes, fundamentalistas y “matapobres” pues habrá que pensar, por lo menos, en revisarlas. Pero no, aquí nos la pillamos con papel de fumar. Pero perdonen ustedes, sacar a una Virgen con el lazo blanco me parece despreciable. Y como dije más arriba, quien a su lado va y quien la mira son conniventes, arropadores de la más baja de las cataduras. El catolicismo espectáculo.
«Uno se pregunta ¿Seguiría el mundo estando como está si esos 1.000 millones de católicos organizados estuvieran dispuestos a demostrar su fe cristiana amando a la humanidad de manera efectiva y fuesen movilizados por el carisma de su lider mundial para enfrentarse, de forma pacífica pero radical a las oligarquías del poder económico, político y mediático del sistema imperante? J.A. González Casanova. El Pais. 13.04.05»
Me temo que no van por ahí sus intenciones. Y me temo que tampoco se han leído su “manual de instrucciones”.
simbióticas