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"No podemos esperar hasta que el mundo cambie... Ni hasta que vengan nuevos tiempos que nos hagan cambiar a nosotros, ni esperar que llegue la revolución y nos arrastre en su nueva carrera. El futuro somos nosotros mismos." Beatrice Butreau
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Javier Castañeda

Pueden pensar que se trata de un extraño híbrido o de una disciplina de moda, pero no tardará en llegar. Mientras que el planeta entero parece haber sucumbido ante los encantos de la Era de la Información, que opera bajo un síndrome de comunicabilidad total; el abuso y el exceso de información parecen llamar a gritos a un sentido común todavía inexistente, a un desarrollo informacional sostenible, a una ecología digital que preserve al planeta y sus habitantes de la info-basura, del ruido y del estrés de la comunicación permanente.

Síndrome de comunicabilidad total Pues así están las cosas. El planeta entero, o mejor podría decir, la parte conectada o desarrollada del planeta, ha entrado en una espiral de comunicabilidad total. Toda la humanidad constantemente comunicándose entre sí, a todas horas, por todos los medios. Según ha calculado el estudio How much information?, la humanidad genera cada año unos dos exabytes de información (dos mil millones de gigabytes).

La web visible ocupaba en la fecha del estudio más de 7,5 terabytes de texto y la web profunda, según un estudio de BrightPlanet, suma más de 7.500 terabytes de información. Hablamos de más de 5 millones de sitios web (según las conservadoras estimaciones de Inktomi), de 1.000 millones de páginas escritas (5 millones de ejemplares al minuto), sin contar correo electrónico, chats, newsgroups y al menos 250 millones de imágenes. Cifras vertiginosas que acertadamente compara José Antonio Millán: la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, la mayor del mundo con 20 millones de libros, son 20 terabytes de información.

Y eso sólo abarca el universo internauta. Además está la televisión, la radio, los móviles, los sms y todos aquellos otros medios tradicionales de comunicación entre las personas. Y todo ello gira mucho más aprisa que el planeta sobre sí mismo, a la velocidad de la luz en algunos casos y en una sociedad permanente abierta o 24/7 atrapada bajo el lema de non-stop.

La saturación del nivel de procesamiento de información medio del hombre provoca diversos trastornos, pero hasta el momento, se han realizado sólo algunos estudios que analizan las posibles consecuencias que en el plano psicológico producen tales situaciones, sin considerar las pérdidas que se generan en las esferas económica, comercial, social, política o personal.

Espacios de callada quietud, oasis de calma Estas en la ópera y suena un móvil. ¿Pero, por cien mil millones de budas, qué clase de persona va a la ópera con un móvil encendido? Y no hace falta ir tan lejos. Estás en el cine, o tomando un café tranquilamente en la terraza de un parque y no suena uno, sino varios móviles, constantemente. Dos amigos hablan, hace tiempo que no se ven, pero su conversación se ve constantemente interrumpida por llamadas. ¡Así no hay quién se aclare, es que ya no se puede ni pegar la hebra! Móviles chirriantes, molestos, con el volumen a todo trapo, móviles que gritan, que rechinan, que tintinean y ululan, móviles sirena, celulares que no descansan.

La paradoja, que sin duda pasará por alguna norma bien de neourbanidad, bien de ecología digital, será que mientras telecos, teleoperadoras y fabricantes de móviles del mundo mundial se empeñan, y con bastante tesón, en que hasta el gato de cada casa tenga y use un móvil. Venga a llenar de satélites y quincalla el cielo (vaya usted a saber a dónde irán a parar cuando no sirvan) y a conectar todos los lugares del planeta, Metro incluido. Y mientras unos van por ahí, conectando todo, otros inventando escudos contra teléfonos móviles. ¿No será más fácil que los usuarios aprendan a hacer un uso racional?

El caro lujo del silencio

Pero no muy lejos en el tiempo se valorarán los espacios de silencio, que probablemente serán como oasis de calma. No habrá que esperar mucho para que el lujo se identifique con no tener móvil. Quizá se invierta el fenómeno, como tantas veces ocurre en la historia, y la mayoría de ’los que ya no pueden pasar sin móvil’, miren con recelo a los pocos que no se ven obligados a llevarlo. No sabemos si será signo de distinción social pero lo que si está claro es que será de bastante sensatez. Al fin y al cabo, llevar pegado al cuerpo un aparato que no sólo nos provoca sobresaltos y estrés en cualquier situación sino que además, emite radiaciones que pueden ser nocivas para la salud.

Algunos, como el pianista húngaro Andras Schiff, conocen bien la dificultad de encontrar zonas de silencio y pierden la paciencia ante tanto ruido. Durante su recital en el festival de Edimburgo, hubo que interrumpir su actuación hasta que se callaron los teléfonos móviles, los relojes y las toses (de momento analógicas). La ironía de un crítico local relataba de modo sublime la escena: "era Fantasía en C Menor con acompañamiento de teléfonos móviles, ruido de relojes, toses y estornudos. Podríamos habernos quedado en casa o haber ido al zoo". En cualquier caso, esto tan sólo es una muestra del ruidoso futuro que nos espera.

La dictadura del móvil

Pero, ¿cómo ha podido el móvil pasar de 0 a 100 en tan poco tiempo, o lo que es lo mismo, de ser un capricho de elite a una necesidad vital para todo bicho viviente? El caso es que ya es demasiado tarde, ya está incorporado, y con soplete, a nuestras vidas. Ha pasado de ser el exponente clásico de un muy alto nivel de vida o negocios a algo tan vulgar como las llaves, la cartera o el tabaco. Con la diferencia de que el fumar ahora ya no está bien visto. Que sí, que es muy útil, que una vez me quedé tirado con el coche y pude avisar a la grúa. Y el resto qué: ¿se morían hace menos de 10 años sin hablar constantemente con alguien? ¿Tardará mucho en que los americanos miren a alguien que no hace un buen uso de su móvil, igual de mal que a alguien que fuma? Como ellos son únicos para eso de imponer modas y estilos de vida, igual consiguen introducir algo de sentido común en los usuarios. O ya que han cogido carrerilla en anunciar que el tabaco produce cáncer en las cajetillas, podrían poner en los móviles: ¡Aviso, puede usted molestar a las personas de su alrededor! Pero nada, la moda es la moda y cada día se venden más, se habla más, se comunica más y hasta se mandan más sms. Sólo durante el presente mes de agosto se prevé que los británicos manden casi 1.000 millones de mensajes cortos de texto. "Los teléfonos móviles, también llamados teléfonos celulares o handies, forman ahora, parte integral de la telecomunicación moderna. En muchos países, más del 50% de la población ya utiliza teléfonos móviles y el mercado aun sigue creciendo rapidamente. La industria predice que en el año 2005 habrá cerca de 1600 millones de abonados de este sistema en todo el mundo", dice un informe de la OMS. En España, para el año 2005 se prevé que haya casi 38 millones de móviles, según un reciente informe de Telefónica.

A nadie importa que los móviles estén acabando con los gorilas del Congo, que diversos estudios desaconsejen su uso de forma prolongada, que la OMS realice estudios que confirman los efectos de los celulares sobre las personas o si la instalación de antenas o repetidores sin ningún control interfiere en la salud de los habitantes, que además son los usuarios. Pero ni a Bruselas parecen importarle las consecuencias, ni a muchos clientes tampoco.

Ecología Digital (y II)

El crecimiento geométrico y exponencial de la información ha originado un conjunto de manifestaciones en el comportamiento del hombre, que abarcan desde la emoción al hastío, de la fascinación ante un amplio océano en el que sumergirse al temor ante la incapacidad para gestionar, procesar y almacenar tanta información. Información no es igual a conocimiento. Conexión permanente no es pertinencia. Avance tecnológico no siempre es progreso y pueden aparecer etapas tanto del trabajo como de la esfera personal en las que tanta información o una tecnologización total, no resulte conveniente.

Uso y abuso de la Red

Ha de ser usted digital, si no, puede convertirse en un infopaleto o no ser muy cool, rezan planes como el Info XXI. La tecnología está de moda. Habrá tecnología hasta en la sopa e incluso el dinero será virtual. No faltan paradojas como la del mito de la oficina sin papel, que se rompe al descubrir que el consumo de papel se ha disparado con las nuevas tecnologías, debido al aumento del número de impresoras impresoras. Otro nuevo frente de la Ecología digital será dotar a los usuarios de una mayor conciencia antes de dar al botón de imprimir. Pero volvamos a las personas. Parece que el dicho "nada es malo en su justa medida" se confirma tanto en la Red como en el Mundo Real. Un reciente estudio confirma que el 16% de la población internatuta española hace un uso abusivo de la Red. Y hace no mucho se ha llegado al 20% de población conectada, o sea que, hagan las cuentas y podrán dibujar con una acertada perspectiva el panorama que viene.

Net Adiction

Las principales consecuencias de esta adicción consisten en que los internautas afectados "pierden la noción del tiempo cuando están conectados a la Red, no pueden desarrollar una vida normal porque pierden tiempo de trabajo o descuidan sus relaciones familiares", según ha explicado uno de los responsables del informe, Manuel de Gracia. Y por si esto fuera poco, un 25% de los navegantes tildados como "abusivos y compulsivos" afirma que su vida sin Internet sería "aburrida, vacía y triste". Asimismo un 59% se considera "incapaz" de restringir su uso en la red y un 62% confiesa sentirse "culpable" por conectarse demasiado tiempo.

Aunque no ha hecho falta mucho tiempo para que otras voces se alcen en contra del estudio. Así, la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) ha sacado un manifiesto mostrando su escepticismo sobre el estudio de la adicción a Internet en España. Para ellos es sencillo. Como el tiempo que los españoles pasan conectados a la Red es mucho menor que el que pasan viendo televisión, pues no hay adicción. De haberla, sería mucho mayor la adicción de todo el país a la caja tonta.

Pero claro, todo el razonamiento parece muy básico. Es como si alguien sacara un estudio diciendo que el alcohol es malo porque provoca adicción, y rápidamente el "club de amigos de la botella", salvando las distancias y con todo el respeto, saliera en defensa del alcohol diciendo que cualquier droga provoca mayores adicciones según otros estudios. Concluyendo, no se trata de demonizar a la tecnología que tiene muchas cosas muy positivas, sino de informar con tiempo de la otra cara de las bondades de la misma, que también la tiene. Puede que aún no se hayan podido demostrar los efectos nocivos de la tecnología con casos extremos, pero las primeras alarmas, como la Net Adiction, o adicción a la Red, ya han saltado.

Sin ir más lejos, otro estudio de Gartner revela que el correo electrónico crea adicción. Un 42 % de los trabajadores de Estados Unidos consulta su bandeja de entrada incluso en vacaciones, un 23% los fines de semana; los días laborales, según destaca el estudio, el 53% de los empleados revisa un mínimo de 6 veces cada día su bandeja de entrada, mientras que un 34% está constantemente pendiente de que llegue un nuevo mensaje.

¡Viva yo y mi móvil!

Y no son denuncias aisladas: un artículo de El País Semanal (EPS) del pasado domingo titulado ’Locos por el móvil’, decía que ya se encuentran entre nosotros los primeros moviladictos. Karelia Vázquez, autora del reportaje, mencionaba acertadamente la diferencia que existía, según Juan Alberto Estallo, psicólogo del Instituto Nacional de Psiquiatría de Urgencias de Barcelona, entre ser un usuario normal y un esclavo de la tecnología. "Cuando se usa el móvil sin ninguna finalidad clara o se prefiere el móvil a una conversación cara a cara, es que algo no marcha bien", asegura Estallo.

Mientras que otros profesionales como Carmen Bejarano del Centro de Psicología Comportamental de Madrid, son mucho más tajantes al afirmar que "se trata de una adicción con todas las de la ley, que cada vez aparece a edades más tempranas debido al fácil acceso a la tecnología. Se clasificaría como una adicción específicamente psicológica, al igual que la adicción a las compras o a las tragaperras, pues comparte con ellas características comunes como la pérdida de control, síndrome de abstinencia, interferencia en la vida cotidiana y pérdida de interés por otras actividades".

Pereza comunicativa

Actividad que curiosamente contrasta con el síndrome de pereza comunicativa descrito por José Antonio Marina. Según el filósofo: "si se incentiva el uso del ordenador en detrimento de la memoria, ésta se devalúa por lenta, y sin memoria se limita la inteligencia del ser humano: la memoria es como un pulpo. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro, fue el ejemplo que escogió para ilustrar que un empleo abusivo de las nuevas tecnologías produce pereza comunicativa".

Otro buen ejemplo de como los ordenadores a pesar de ser muy útiles, no suplen todas las funciones humanas, sería el caso de Víktor Korchnói, más conocido por ’Víktor El Terrible’. El antiguo campeón del mundo de ajedrez, antes de la llegada de Karpov y Kasparov, no sabe manejar un ordenador; su entrenamiento consiste en analizar profundamente posiciones críticas muchas horas al día.

Contrariamente a los jóvenes, que basan su entrenamiento en las computadoras, el viejo gladiador ejercita la creatividad cada día, como recomiendan los médicos para prevenir el mal de Alzheimer. Existe el peligro de que las computadoras contribuyan a crear supercerebros a corto plazo, océanos de bits en extensión, pero no en profundidad.

Esclavitud ante el ratón

¿Enganchado al PC, al móvil, a los videojuegos o a cualquier otro artefacto similar? ¡Pues ojo! Un estudio de la Universidad de Guadalajara de México incide en que el uso excesivo de la informática puede tener efectos negativos para la salud. Dicho informe concluye que el uso excesivo de computadoras puede producir individualismo, aislamiento, tensión ocular, alteración nerviosa y obesidad en las personas.

Así, Gutiérrez Rodríguez, jefe del Departamento de Clínicas de Salud Mental del CUCS, dijo que "además de alteraciones nerviosas, las personas desarrollan tecnofilia, es decir, dependencia de las computadoras. Asimismo, argumentó que el solo uso de los equipos de cómputo no garantiza una mayor eficiencia y calidad de las funciones que se realizan de manera cotidiana.

En repetidas ocasiones se ha denunciado a través de diversos estudios que los niños usan las consolas de juegos para paliar la soledad. Un reciente estudio de la Unión Europea llamado Los niños y los cambios en su entorno mediático, explicaba como "los niños nunca eligen estar solos y jugar con la videoconsola si tienen ocasión de divertirse con otros chavales".

El desencanto del teletrabajo

Del mismo modo, otro estudio del Boston College hablaba de como trabajar desde casa mediante un ordenador, a pesar de prometer muchos beneficios, supone muchos inconvenientes y perjuicios para los tele-trabajadores, cambiando la euforia que había supuesto el atractivo inicial. La decepción de los trabajadores ante el teletrabajo (sin hablar del sector Internet, donde la ciberdecepción hace estragos, eso sí, entre los que quedan) ha motivado una disminución del empleo a distancia en un 83%, según un informe de Career Engine, sitio dedicado a la búsqueda de empleo.

Según informaba el diario USA Today, tan sólo un 46% de los entrevistados estaba satisfecho con esta modalidad de trabajo, y sólo un 24% de los tele-empleados sienten que este modo de ejercer su profesión les proporciona un buen equilibrio entre vida personal y trabajo. Pero mientras que el propio mercado decide si el teletrabajo será una opción a tener en cuenta o no, algunos expertos intentan analizar el calado real de un mercado tan nuevo.

Infoxicación En este punto es donde toman contacto entre la psicología, la sociología, la medicina y otras disciplinas con la Sociedad de la Información, para investigar los efectos y desviaciones que sobre el hombre y la sociedad moderna produce el proceso de suministro de información, así como las formas y los niveles adecuados de su entrega, consumo, asimilación y uso, incluyendo aquí los soportes físicos por los que la información llega o se maneja.

Infoxicación, termino acuñado por Alfons Cornella, describe el estado del hombre moderno ante esta sobrecarga intelectual, "Intoxicación intelectual producida por un exceso de información". Y tras definir el concepto, Cornella señala que ya existe una enfermedad provocada por la infoxicación que puede hacer colapsar a la sociedad, como es el Information Fatigue Syndrome (IFS) o síndrome de fatiga por información. Menos mal que desde su revista Infonomía ofrece pistas sobre cómo sobrevivir a la infoxicación.

David Shenk, autor del libro Data Smog: Surviving the Information Glut, recomienda también una serie de antídotos contra la infoxicación que van desde apagar el televisor, dejar el beeper, los sms y el celular, hasta aprender a usar filtros para el correo electrónico. Además de resistirse a la influencia de la publicidad, sugiere hacer ayunos de información o data-siestas lejos del PC. Aunque parezcan pueriles, esas recomendaciones quizá puedan acortar la ansiedad que nos rodea.

Cibercondría y otras epidemias

Según un informe de la BBC de Londres, los pacientes utilizan cada vez más Internet para obtener información sobre las enfermedades que los aquejan. Eso hace que los consultorios de los hospitales cada día se vean más desbordados por montañas de papeles con información bajada de Internet que los pacientes llevan consigo cuando acuden al médico, lo que ha dado lugar al nacimiento de la con Cibercondría: "situación en la que las personas toman ellas mismas nota de sus síntomas y realizan un auto-diagnóstico". El Doctor Trefor Roscoe, médico clínico y experto en computación de Sheffield, afirma que actualmente sus colegas se ven inundados por pacientes bajo este síndrome.

También se puede hablar de los efectos nocivos de las ondas electromagnéticas al observar el llamado estrés biológico crónico, basado en los problemas fisiológicos y neurofisiológicos derivados de la exposición diaria y prolongada a campos electromagnéticos, de baja y muy baja frecuencia, es decir, los que producen las pantallas de vídeo (televisores, videojuegos, pantallas de PC) y los teléfonos celulares.

Estas son algunas de las incipientes patologías de la SI, por no mencionar la excesiva seriedad con que los europeos y estadounidenses se toman los juegos, que ya se ha cobrado su primera víctima. También se relacionan con la tecnología y los teléfonos móviles los nocivos efectos que han provocado la fiebre del Coltán y a veces se llega a afirmaciones tan curiosas como que los móviles son malos hasta para los pájaros.

Aunque tampoco hay que dramatizar, pues si no a este paso, la tecnología va a tener la culpa de todos los desajustes planetarios. A partir de la ecología digital se trata de crear una conciencia cívica, un sentido común digital o sensibilidad tecnológica, que proteja tanto el entorno medioambiental como a los usuarios de las diversas agresiones producidas por el uso excesivo o inadecuado de las máquinas. Para empezar, normas de netiqueta.

Ecología digital La ecología como ciencia se ocupa del estudio de las relaciones entre los organismos y de éstos con su medio. La relación entre los organismos que pueblan una región es tan estrecha que cualquier alteración en una especie o en el medio afecta de una forma u otra a toda la comunidad a la que pertenece.

En un sistema ecológico principalmente influyen dos grupos de factores fundamentales: abióticos - de naturaleza físico-química- y bióticos, o derivados de la presencia de otros organismos. Pero un tercer grupo de factores de capital importancia para el sistema son los de índole informacional, que se refieren a las alteraciones producidas en los individuos por el constante intercambio de información que se da entre los seres vivos y entre éstos con el medio.

La evolución de la vida y, en especial, de la humanidad, corre en paralelo al desarrollo de la capacidad para captar, procesar y utilizar la información que organiza el comportamiento de los organismos vivos. Y tanto es así que en la sociedad moderna, resulta imposible vivir al margen de la información.

Sin embargo, si bien resulta imprescindible disponer de esa información, no es menos importante conocer los efectos negativos que genera el suministro y uso inadecuado de la información en sentido amplio. Por este motivo, parece deseable iniciar una labor de concienciación sobre aquellos individuos que ostentan la responsabilidad de dichos procesos en la Sociedad de la Información.

Mejor crear el futuro...

Cada día surgen nuevos informes, por ejemplo, que advierten del peligro de uso de los teléfonos móviles. ¿Qué hace falta para prevenir o recomendar un uso racional de la tecnología? ¿qué empiece a morir gente como en las antiguas epidemias o que rebosen los psiquiátricos de ’enfermos de tecnología’? Es mucho más sencillo. Desde las pautas de una nueva ecología digital, sería deseable que, desde pequeños, los niños aprendan a hacer un buen uso de la tecnología con la que a buen seguro convivirán y cada vez más, eso es todo. Si no, habrán de desenvolverse en un entorno repleto de basura electrónica sin control.

Menos mal que no todo parece estar perdido. Campañas de reciclaje de móviles empiezan a sonar por ahí, a fin de paliar el número de residuos que los mismos generan: algo es algo. Asimismo, una encuesta realizada por Accenture demostraba que se puede ser feliz sin Internet móvil por increíble que parezca: ¡menos mal!. Y si hasta el párroco de Santa María de Roses o el arzobispado de Santiago piden a los feligreses que apaguen sus teléfonos, pues "para hablar con Dios no hace falta móvil", es que aún hay salida.

Bromas aparte, es mucho más importante hallar nuevas fórmulas que propicien una correspondencia entre la oferta y demanda de información, que poner al planeta entero a comunicar todo con todo, todos con todos, a través de todo y en todo momento. Mejor el logro de una armonía a la hora de administrar o digerir información; mejor una concienciación planetaria de que cada gesto digital tiene huellas, coste y consecuencias. Coincidiendo con Eduardo Galeano, "mejor crear el futuro que padecerlo".

Y para terminar, tal y como decía el académico Antonio Muñoz Molina en un artículo titulado ’No saber nada’, "...el deseo de saber y el de no saber, siempre han sido dos de las grandes pasiones de la vida, por eso, el empeño del conocimiento puede a veces no ser tan agotador como el de la obstinación por la ignorancia. Así, hay quién vive empujado por la codicia de saber más, y también hay quien desde una edad muy temprana, decide que cuanto más se sabe, más se sufre, y constata que el desconocimiento es un requisito de la felicidad..." Decidan ustedes.

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1 mensaje

  • Ecología digital

    22 de mayo de 2011 06:40, por NATLI

    ETA MUY PADRE YO TENGO UNA TAREA SOBRE EL TEMA YSE ME HIZI MUY INTERESANTE TU PUNTO DE VISTA EN DEFINITIVA ESPERO TE AGRADE SABER QUE TU INFORMACION SALDRA DE ESTA RED A TRANMITIRCE A MAS GENTE GRAX :D

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