En este siglo en el que los avances tecnológicos nos permiten una mayor comunicación y contacto con personas de tan diversos orígenes, cultos e ideosincracias. ¿Podremos llegar a pensarnos con menos etiquetas?
Hace 12 meses que iniciamos este espacio para reflexionar sobre algunos retos, estrategias y programas que a distintos niveles se han propuesto para promover un desarrollo más igualitario de la sociedad. Algunas de las propuestas presentadas han sido abordadas con un espítitu de esperanza y confianza en que realmente el compromiso de la sociedad para consigo misma va creciendo conforme pasa el tiempo, sin embargo en esta ocasión queremos hablar de uno de los obstáculos al cual hacer frente la discriminación. Para hacerlo, partiremos de una definición que sirva como punto de partida a la reflexión de algunos casos.
Si nos vamos a su definición del diccionario, discriminar es “separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos o políticos” (Espasa 1990, p.552) Es esta última connotación que utilizaremos a lo largo de este artículo. De los programas e instituciones que hemos hablado en este espacio tienen como factor común su objetivo de apoyar a las poblaciones más desfavorecidas. Es común en algunas situaciones toparnos con que algunos de las labores que se realizan surgieron de un reconocimiento del otro como distinto y con el objetivo de darle las mismas oportunidades que aquel que esta en una situación de mayor privilegio. Sin embargo las diferencias también se dan al interior de estos grupos desfavorecidos, y la implementación de los programas de apoyo se dan desigualmente por diversos motivos, entre ellos una cierta actitud segregacionista.
Hace poco revisando la misión de varios organismos internacionales nos llamó la atención que en algunos de ellos dentro de sus objetivos se hicieran diferencias de acuerdo al género. Por ejemplo en la UNICEF manifiestan claramente su interés por atender a la población infantil femenina, proporcionándo los medios necesarios para que puedan ejercer su derecho a la educación. (UNICEF) Me llamó la atención, porque en otras instituciones como el comité de la Cruz Roja Internacional, al menos en sus objetivos generales hablaban de personas, no de hombres o mujeres. Esto nos hizo más ruido al estar compartiendo reflexiones con otros compañeros de diferentes universidades latinoamericanas sobre los procesos de globalización y acceso a las tecnologías de la información en nuestra región. Pues en un mundo que suponemos cada vez más comunidado e informado el tener que abogar por derechos humanos de manera diferenciada es otro punto más a trabajar en el arduo camino del desarollo socialmente sostenible.
Lo que mencionamos no es algo novedoso, muchos autores lo han abordado de distintas maneras, y decidimos incluirlo como un tema de reflexión aprovechando las coyunturas. Hace un par de semanas tuvimos la oportunidad de ver un filme de Fernando Meirelles "The Constant Gardener", erizaba la piel el ver como grandes empresas transnacionales se aprovechaban de la situación de las mujeres infectadas con el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana)en el África y las utilizaban como conejillos de indias para probar nuevos medicamentos sin que ellas fueran conscientes de esto. Aunque el caso se presenta novelado, es una situación que tiene una fuerte base de realidad, tomar ventaja de aquellos que menos tienen.
Esta película coincidió con haber encontrado un argumento de un autor que ha estudiado el feminismo y la discriminación a la mujer y ubica históricamente sus inicios en el Neolítico Medio (6000 - 3000 A.C). Según sus invetigaciones "la degradación de la naturaleza y el deterioro de las relaciones internacionales van a la par del empeoramiento de la condición de la mujer con su encierro en la familia y posteriormente en la ciudad"(Michel, 1983 p.26)
De acuerdo a esta teoría, podemos constatar que la mujer se convirtió paradójicamente en un grupo minoritario, en cuanto a su peso en las decisiones políticas y sociales, a pesar de que numéricamente pueden ser mayoría. Esta situación no cambió con la Revolución Industrial o el capitalismo. Las mujeres a base de esfuerzos constantes a lo largo de los años han ido recuperando ese espacio de igualdad, aun sin llegar a aquel que ocuparon en las sociedades primitivas.
Es paradójico e indignante seguir escuchando en los medios de comunicación sobre el avance de la democracia y sus logros, cuando en ésta se tiene que seguir diferenciando sobre los derechos de las llamadas minorías. Los programas no los criticamos, al contrario, sin embargo creemos que poco a poco deberíamos de ser capaces de hablar de los derechos de las personas o los seres humanos y no tener que clasificarnos en subcategorías. Si, desde el principio hemos dicho que el desarrollo se logra con una participación conjunta ¿Tú que propondrías?
--------------------------------------------------------------
Referencias:
(1990) Diccionario Espasa, Ediciones Espasa-Calpe. España
Michel, Andrée (1983) El Feminismo, Fondo de Cultura Económica, México.
Stevenson, Linda (1999) "La política de género en el proceso de democratización en México:eligiendo mujeres y legislando delitos sexuales y acciones afirmativas, 1988-1997" Estudios Sociológicos, Vol XVII, El Colegio de México, México.
UNICEF "Unicef mission statement" disponible en http://www.unicef.org/about/who/ind...
simbióticas