Laura Mª Agustín utiliza el caso de las migraciones de mujeres para trabajar en la industriadel sexo para cuestionar un concepto siempre positivo del ‘lugar’. Sostiene que hay una discontinuidad entre las imágenes esencialistas que las ONGs, los funcionarios gubernamentales y otros difunden de estas trabajadoras como despojadas de su casa y sometidas a experiencias traumáticas como personas traficadas, por un lado, y las experiencias, expectativas y narrativas de las propias migrantes, por otro. Las trabajadoras sexuales migrantes no son siempre desplazadas a la fuerza, y cuando lo son, sus trayectorias posteriores pueden tener, y muchas veces tienen, desenlaces tan positivos como la vida de cualquier persona. Agustín ofrece una descripción de los ambientes en los que viven estas migrantes, tanto mujeres como transexuales.
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