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"Que frágil es la memoria cuando necesitamos excusas para construir fronteras y barreras para el otro. Hace tan solo unas décadas nuestros familiares emigraban en busca de una tierra donde, lejos de su lugar de origen, encontrar un trabajo digno y un trozo de pan. Esa fue la otra posguerra, de la que apenas se habla porque tal vez pocos fueron (...) [ Sigue... > ]
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Cuerpos emancipados, mentes subyugadas

De Frei Betto en Rebelión

Martes 8 de marzo de 2005, por ediciones simbioticas


La industria cultural, tan bien analizada por la Escuela de Frankfurt, retrasa la emancipación humana al introducir la sujeción de la mente en el momento en que la humanidad se libraba de la sujeción del cuerpo. Es larga la historia de la sujeción del cuerpo, comenzando con la esclavitud, que duró siglos, incluso en Brasil, donde fue considerada legal y legítima durante 358 años.

No sólo los esclavos tuvieron sujetados sus cuerpos. También las mujeres. Hace menos de un siglo que ellas iniciaron el proceso de apropiación de su propio cuerpo. La dominación sufrida por el cuerpo femenino era endógena y exógena. Endógena porque la mujer no tenía ningún control sobre su organismo, que era visto como mera máquina reproductiva y con frecuencia demonizado. Exógena por tantas discriminaciones sufridas, desde la prohibición de votar hasta la castración del clítoris, desde la obligación de cubrir el rostro en los países musulmanes hasta la exhibición pública de su desnudez como cebo publicitario en los países capitalistas de tradición cristiana.

En el momento en que el cuerpo humano alcanzaba su emancipación, la industria cultural introdujo la sujeción de la mente. Los medios de comunicación son como un pulpo cuyos tentáculos nos agarran por todos lados. ¡Intente pensar de manera diferente a la monocultura que nos es impuesta a través de los programas de entretenimiento! Si su hija de 20 años dijera que permanece virgen, eso sonará como ridículo anacronismo; si apareciera en el Gran Hermano fornicando vía satélite para el onanismo visual de millones de teleespectadores, eso forma parte del espectáculo.

El proceso de sujeción utiliza como látigos lo prosaico, lo efímero, lo virtual, lo fugaz. Y dinamita progresivamente los antiguos valores universales. ¿Ética? Mira, no dejes escapar las oportunidades de tener éxito y volverse rico, siempre que tu imagen no quede mal en la fotoŠ Ahora todo es descartable, incluso los valores. Y todos somos impelidos a un permanente reciclaje: en la profesión, en la identidad, en las relaciones.

Nuestros padres se instalaban en un empleo único de por vida. Hoy, pobre del profesional que, al ofrecérsele una plaza, no presenta en su currículo la prueba de que ya trabajó al menos en tres o cuatro empresas del ramo. He ahí la civilización intransitiva, deshistorizada, convencida de que en ella se agota la evolución del ser humano y de la sociedad. Sólo queda ampliar la expansión del mercado.

La tecnología de los medios de comunicación nos aprisiona sin que tengamos conciencia de esa esclavitud virtual, al contrario, damos la impresión de que somos "emperadores de sofá", según expresión acuñada por Robert Stam. Tenemos tanto "poder", que con el control remoto en la mano, pasamos velozmente de un canal de televisión a otro configurando nuestra propia programación. Y ya no somos proclives a soportar discursos racionales y extensos. Nos marca la pauta la vertiginosa velocidad tecnológica, que nos mantiene enganchados a las conveniencias del mercado.

Nuestra tabla de salvación reside, felizmente, en la observación de Jean Baudrillard, de que el exceso de cualquier cosa genera siempre su contrario. Es el caso de la obesidad: el alimento es imprescindible para la vida, pero en exceso afecta el sistema cardiovascular y produce otros defectos colaterales.

Hay tanta información que preferimos ya no prestar más atención a ella. La comunicación se vuelve incomunicación. O comunicasación, pues nos casa, nos veta la palabra, haciéndonos meros receptores de la avasalladora máquina publicitaria.

Ésta sujeción de la mente nos llega en el vientre de la crisis de la modernidad que, desmitificada por la barbarie -dos guerras mundiales, incapacidad del capitalismo para distribuir riquezas, fracaso del socialismo soviético, etc.­ pasa a rechazar todos los "ismos" . Los espacios de la expresión de la ciudadanía, como la política y el estado, caen en el descrédito.

Todo y todos dan culto a un único soberano: el mercado; él es el palacio que nos mantiene en el cobertizo del consumo compulsivo, del hedonismo desenfrenado, de la insolidaridad y del egoísmo.

Menos mal que iniciativas como el Foro Social Mundial rompen el monolitismo cultural y abren espacio a la conciencia crítica y a nuevas prácticas emancipatorias.


Frei Betto es autor de "Trece cuentos diabólicos y uno angelical" y "Sabroso viaje por el Brasil" (éste junto con María Stella Libanio Christo), que serán presentadas en el próximo mes de marzo.

Traducción de José Luis Burguet.

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