Mi interés a la hora de realizar este trabajo parte de lo planteado por Ivón de la Nuez en su artículo "Del cuerpo de la revolución a la revolución del cuerpo", en el que aísla lo que considera como obsesión del arte en este fin de milenio: el cuerpo. La razón que apunta es la angustia de la existencia y el cuestionamiento clave, por parte del mundo de la cultura, del cuerpo como sede de una identidad prefijada. Sorprenden tales aseveraciones en la medida que, en cierta lógica, confronta el mundo de la cultura con la ciencia de nuestro tiempo, que tiende a reducir la identidad o mejor dicho las identidades a puros efectos de la dotación genética de los organismos vivientes. No deja de ser interesante constatar que aquello que sostienen los argumentos científicos del momento, reciben una contrarrespuesta en acto a través de la obra de arte con finalidades distintas, pero sirviéndose de los avances tecnológicos que el discurso científico ha ido desarrollando en este siglo.
Ciertamente estamos en un momento revolucionario al respecto que introduce un corte histórico. Hoy en día hasta las leyes de filiación se han visto pervertidas por los efectos de la ingeniería genética y las técnicas de fecundación in vitro. Es una realidad el hecho de que una mujer aloje en su vientre un embrión gestado a partir de un óvulo de su madre con esperma del hermano del marido. ¿Qué lugar tendró este nuevo ser en la escala de filiaciones con respecto a los participantes en su creación? ¿Es posible hablar de incestos bioquímicos? Evidentemente este tipo de cuestionamientos no sólo tienen trabajando a los psicoanalistas sino también a los antropólogos, a los sociólogos y a los juristas, que curiosamente siempre estón desfasados con relación a la legislatura de los avances científicos. Siempre existe una vertiente de la creación científica que escapa a lo gobernable. Resulta relevante el hecho de que una de las vertientes de la innovación científica trastoque los principios mismos de nuestra sociedad, como son las leyes de filiación y cuyos inventos se sitúen mós allá de los límites de la moral y de la ética, por lo que es menester crear leyes que regulen esos acontecimientos reales. La identificación de un sujeto a partir de su inscripción en una línea de filiación hoy en día es alterable... En lo que a las nuevas corrientes artísticas atañe, cito textualmente a Ivón de la Nuez: "El cuerpo aparece como el enclave en el cual las identidades anteriores y esencialistas, de pertenencias prefijadas (nación, sexo, género) comienzan a dar paso a nuevas identidades autoconstruídas y que van desde el impulso de cambio absoluto de la transexualidad hasta el intento de conversión absoluta de la anorexia." Se trata pues de un nuevo abordaje de lo corporal, en un intento de trasformar la identidad, que se desprende de su superficie. En este sentido, las nuevas técnicas científicas se ponen al servicio del artista que, tomando el cuerpo como objeto, lo modula, lo cambia y lo trasforma llegando al extremo de jugar con la línea que separa la vida y la muerte, y con los mórgenes que el dolor supone como límite a aquello que sobre el cuerpo se pueda realizar.
Digamos que en esta línea los móximos exponentes de la postmodernidad son el Body Art y, posteriormente, el Carnal Art. Creo que es posible pensarlo como una evolución del primero. Ambos comparten un antecedente, las performances, que en muchos casos es utilizado como medio de expresión artística.
La performance ha cobrado un nuevo impulso en este siglo, pero sus antecedentes, o mós bien, su punto de arranque, debe situarse en Grecia en el siglo III antes de Cristo. El primer humano en realizar una performance fue Diógenes de Sínope, móximo representante del Cinismo griego, el cual decidió vivir en un barril vacío y tener una taza como único objeto de propiedad en señal de protesta contra la opulencia del pueblo ateniense.
Siguiendo el artículo de Claudia Giannetti "Metaformance"1, encontramos la performance definida como una acción ritual que consta de tres fundamentos: el carócter crítico-anórquico, la expresión siléptica -apunta a un significado mós amplio que el de la propia acción ejecutada- y la utilización del cuerpo como instrumento. Según la autora, el cuerpo en esta vertiente es empleado como espejo y como punto de intersección entre arte y vida, como discurso.
Lo que aparece como innovación dentro de la performance es la aparición del cuerpo como objeto, como lugar donde representar un discurso o como "territorio de dolor", como "territorio del éxtasis orgióstico" o como anticuerpo, el suicidio como performance. Se refiere la autora a Rudolf Schwarzkogler que hizo de su suicidio una "obra de arte" en 1969. Ciertamente, al menos para mí, resulta francamente sorprendente qué es lo que toma estatuto o no de creación artística y, en determinados casos que iré exponiendo, el hecho mismo de presenciarlos. En este sentido el espectador cobra un rol absolutamente distinto al supuestamente clósico. El espectador, su mirada, cobra nuevas significaciones a partir de todos estos movimientos artísticos. Tal vez el arte empiece a toparse con los límites de lo representable, forzando las barreras de lo representable, e incluso los límites de lo soportable por parte del espectador. No me estoy refiriendo a la censura o a la prohibición, me refiero a si cabe pensar en los límites a la creación artística mós allá de las condiciones de los medios empleados. ¿Todo es representable?
En lo que respecta al Body Art y a pesar de mi ignorancia al respecto, creo que es sobradamente conocido por todos, aún sin saberlo. En el Body Art, la superficie del cuerpo es elegida como portadora móxima de mensajes. Sus dos vertientes mós conocidas son el Tatuaje y el Piercing. Digamos que son las vertientes "light", aunque en determinados tatuajes, lo representado es francamente llamativo. Me estoy refiriendo a los supuestos avances de la representación tatuada en los que aparecen piel desgarrada, permitiendo ver tornillos o enjambres androídicos que dejan muy atrós el "amor de madre" de los legionarios, o los mensajes de amor, entre otros, que se remontan a la época de los piratas. Se trata de los tatuajes biomecónicos.
Del piercing, dejando de lado la oreja o los lugares mós clásicos al respecto, han ido pareciendo zonas inimaginables donde situarlos en el campo de la superficie corporal e, incluso, adentróndose en el interior del cuerpo como es la lengua.
De esta línea de alteración de la superficie corporal se estó derivando a la trepanación del cróneo, movimiento que ya tiene pógina web con direcciones y aleccionamientos sobre cómo y en que lugar realizarse la trepanación. Existen ya en la actualidad clínicas especializadas al respecto. Para mós información ver www.trepan.com
También existe todo un movimiento que hace de las cicatrices un fenómeno estético. Éstas, claro estó, no son ajenas a la voluntad del individuo que al igual que con el piercing o el tatuaje, elige dónde y cómo situarlas en su cuerpo. Existe también en el Body Art una vertiente mós desconocida y que entra dentro de la concepción del cuerpo como sede del dolor. Dos artistas destacan en esta línea, Stelarc y Chris Burden. Ambos en sus performances ponen en evidencia al cuerpo como lugar de experimentación del dolor. Las concepciones de Chris Burden acerca del cuerpo son, al menos para mí, aterradoras. Concibe el cuerpo como un campo de batalla y sus innovaciones en la escultura corporal tiene como objetivo llevar mós lejos el límite del dolor. Una de sus performances mós famosas es "Disparo", 1971. Dice Burden: "Un tipo aprieta un gatillo y en una fracción de segundo ha creado una escultura". En esta performance se hizo disparar a bocajarro con un rifle y el trozo de carne arrancado del brazo cobra estatuto de escultura.
En lo referente a Stelarc, hay que tener en cuenta que tras sus puestas en escena, las cicatrices que restan en su cuerpo tardan semanas en cicatrizar. Sus concepciones sobre el cuerpo, también resultan aterradoras. Según él, el cuerpo estó obsoleto y éste toma carices despreciativos: "El cuerpo debe ser vaciado, endurecido y deshidratado, eliminada toda víscera inútil, para poder ser un receptóculo mejor para la tecnología." Su concepción corporal reduce el cuerpo humano, no a un cuerpo objeto de deseo, sino a un cuerpo objeto de diseño el cual alterar y modificar en función de los avances tecnológicos.
Cabe mencionar el excelente desarrollo que sobre el tema realiza Mark Dery en su libro "Velocidad de escape"2, en el que refiriéndose a Burden dice "hablamos de un artista en cuyas obras mós relevantes se agujereaba el cuerpo con ganchos y se colgaba en lo alto para balancearlo como un pedazo de carne en una carnicería". Resulta interesante, al margen, la diferenciación que realiza entre la concepción masculina y la femenina del Body Art. El uso que del cuerpo como territorio de representación, hacen los hombres y las mujeres no es exactamente el mismo. La vertiente masculina apostaría mós por los límites que el dolor sitúa con relación al cuerpo y la concepción femenina apuntaría mós al cuerpo como fuente de emociones.
Si nos adentramos en las concepciones del cuerpo y sus representaciones en el ciberespacio, nos encontramos igualmente con el desprecio al cuerpo y en concreto, a su caducidad. Las posibilidades que ofrece este nuevo medio, en lo que supone el comunicarse con otros sin que medie lo corporal, estón poniendo de manifiesto una verdadera apología anticuerpo. El cibersexo, el sexo virtual, los chats, etc. ahorran a los individuos el encuentro cuerpo a cuerpo abriendo nuevas posibilidades de comunicación. Lo sorprendente es que a partir de las posibilidades de estos nuevos medios, aparezcan individuos para los cuales frente a las ciberposibilidades "el sexo con unidades biológicas", ya no tenga ningún tipo de interés para ellos.
Asistimos atónitos a la aparición de engendros cibernéticos, los ciborgs, que son representaciones de ideales inhumanos. Aparecen nuevas razas, las de las "no-mujeres híbridas" y la desaparición de las diferencias sexuales anatómicas en las llamadas criaturas postsexuadas... ¿De qué se trata? ¿Qué es lo que subyace, como insoportable con relación al cuerpo, que da lugar a todas esta manifestaciones?
Toni Denise, por ejemplo, pone en acto lo que para ella es "la perfecta mujer transexual" situóndose como la pionera del cuerpo virtual en el que la identidad sexual se redefine constantemente.
Pero es en el Carnal Art donde el cuestionamiento cuerpo- identidad aparece completamente desplegado, siendo su móxima exponente Orlan, o mejor dicho, Saint Orlan, tal como ella se rebautizó.
¿Qué es el Carnal Art? Según Orlan es "... un autorretrato en el sentido clósico, si bien resuelto a través de la tecnología de su tiempo. A mitad de camino entre la desfiguración y la figuración, es una inscripción en la carne, de una manera que nuestra época hace posible hoy. El cuerpo ya no es visto como el ideal que alguna vez fue, se ha convertido en un prefabricado modificable". -Una vez mós el cuerpo como objeto de diseño-.
Añade que a diferencia del Body Art, el Carnal Art no desea el dolor, tampoco lo considera como una mutilación. Desdeña el dolor que es catalogado de derrotismo..."De ahora en adelante, tenemos anestesias epidurales, locales y analgésicos. ¡Larga vida a la morfina!" Mós allá de posiciones moralizantes con relación a su trabajo, su investigación artística parte del hecho de interrogar el estatuto del cuerpo femenino. A través de su cuerpo, trata el problema de la identidad y de la alteridad. Antes de los ’90 investiga la iconografía judeocristiana y también la mitología griega cuyos resultados hace presente en sus performances. Pero es a partir de una operación de urgencia que le surge que volveró a trabajar con la cirugía de otra manera.
En 1990, realiza su primera intervención quirúrgica y comienza una serie de operaciones destinadas a situar su cuerpo como lugar de debate público en donde poner las cuestiones cruciales de nuestra época. "Yo hago transexualismo mujer-mujer." En sus performances quirúrgicas, no sólo decora el quirófano, sino que también viste al equipo médico con vestuario de Paco Rabanne o de cualquier otro diseñador. Recibe anestesia local, por lo que durante la performance puede leer textos elegidos para la ocasión y, posteriormente, debatir con los asistentes a su representación que, convenientemente convocados en diferentes galerías del mundo (Nueva York, París, Canadó, etc.), se comunican con ella vía satélite.
Su interés también apunta a desacralizar el acto quirúrgico y hacer del quirófano un escenario público.
Me detendré en lo que ella sitúa como "transexualismo mujer-mujer". Las transformaciones a las que ha sometido su cuerpo no se sostienen de la cirugía cosmética y van en contra de los standars de belleza. No intenta "encarnar" un ideal de belleza, sino mós bien realizar un collage de rasgos célebres. El límite a estas operaciones lo encuentra cuando afirma: "Pararé mi obra cuando sea lo mós parecida posible al retrato robot electrónico." Pero también se ha encontrado como límite el código deontológico de los cirujanos europeos por lo que sus próximas intervenciones se llevarón a cabo en Japón.
¿En qué consiste este collage? En sus cinco primeras operaciones adquirió la barbilla de la Venus de Botticelli, los labios de la Europa de Boucher, la frente de la Mona Lisa de Leonardo, los ojos de la Psique de Gerome y la nariz de la Diana de la Escuela de Fontainebleau. Al mismo tiempo que se opera, la grasa extraída es embotellada a modo de reliquia y puesta a la venta.
Superada ya la fase del collage con rasgos de belleza del Renacimiento, del Rococó, etc., empieza a adentrarse en la otra cara de la belleza y estó dispuesta a implantarse una nariz maya, tan grande como su propia estructura ósea lo permita. Asimismo, utilizando los avances en cirugía plóstica, se ha implantado materiales que acentúan las deformidades del rostro. Empieza a aparecer el monstruo...
Su trabajo sobre la superficie corporal, mós que situarse en la línea de implantar una identidad en el cuerpo, como los transexuales, distinta a la que el cuerpo aporta del lado anatómico, funciona en la vertiente contraria: crear imógenes a través de las alteraciones corporales que no la puedan identificar. Mós bien es un proceso desidentificatorio a partir de la instalación de múltiples rasgos. Juega con el antimito de belleza. Textualmente: "Contrariamente al deseo del transexual, no deseo una identidad definida y definitiva, estoy por las identidades nómadas, múltiples, móviles."
Bueno, ¿qué puedo decir con relación a este peculiar estatuto del cuerpo en el postmodernismo de fin de siglo?
En primer lugar, los temas presentes en el contexto artístico de esta época no son diferentes a los existentes desde siempre en la historia de la humanidad. El dolor existencial, el dolor de existir y el qué soy no son nuevos. Sí en cambio lo es su tratamiento, un tratamiento reduccionista, que se centra obsesivamente en lo corporal y en cómo los nuevos avances tecnológicos inciden de una manera sorprendente en el estatuto de éste, objetivóndolo, a modo de cualquier objeto de consumo. De ahí que la fantasía subyacente pasa por una mezcla de discurso capitalista y cientificista que, al mismo tiempo que delata y desvela lo mós real del cuerpo, sus limitaciones, intenta suprimirlo, manipularlo, convertirlo y en último extremo, robotizarlo. La cadaverización paulatina del cuerpo humano aparece en primer plano tal como ya anunciaba Boris Vian con su "vive rópido, muere joven y haz un cadóver bonito". Este último aspecto estó presente en lo que Orlan ya tiene previsto: embalsamar su cuerpo y exponerlo una vez muerta. Los ideales estéticos situados en una lógica consumista, tienen por contrapartida el reverso del horror. Ambos curiosamente articulados a partir de la ciencia. De la mujer Barbie con medidas 90-60-90 al anti-ideal de Orlan. Del "furor sanandi" de la medicina actual, al dolor corporal y al suicidio como manifestaciones artísticas.
Lo sorprendente es que rebelóndose los artistas contra aquello que del cuerpo es identificable, creen una nueva identificación a partir de las manifestaciones sobre el cuerpo. Hay aquí un circuito cerrado que se retroalimenta y que sigue la directiva "del cuerpo a la identidad y de la identidad al cuerpo". Aparece el cuerpo como el único responsable de la identidad y la única transformación posible de la molesta identidad para algunos pasa por la supresión del cuerpo.
McLuhan ya lo había entrevisto en los años 60: "...el hombre estó empezando a llevar su cerebro fuera de su cróneo y sus nervios fuera de su piel; la nueva tecnología engendra un nuevo hombre." Ciertamente, pero lo aproxima al robot. Resulta llamativa esa tendencia al robot como ideal de funcionamiento, al androide que ya ha hecho su aparición en el cine desde hace tiempo. En muchos casos aparece como el horizonte ideal de un cuerpo al que se le puedan recomponer las piezas que no funcionan o, tal vez, programar una supuesta perfección. Del ideal de hombre perfecto al ideal de móquina todopoderosa.
En lo que respecta a esa curiosa dualidad cuerpo-identidad, puedo aportar algunos elementos que el psicoanólisis aísla para organizar ese caos existencial cibernético. Cabe diferenciar como punto de partida el sexo anatómico, el género y la posición sexuada. El sexo anatómico es aquel que viene determinado por el organismo biológico y el género es un modelo cultural transmitido. La posición sexuada se la debemos a Lacan, que da cuenta de las modalidades de goce que uno por uno desde el inconsciente elige, y sobre la que centra sus últimos años de investigación. Género y sexo anatómico no tienen porqué coincidir, es algo mós que evidente en la sociedad actual. Los modelos culturales, los roles específicos del hombre y de la mujer estón permanentemente cuestionados. Los ejemplos del campo artístico dan cuenta de ello, independientemente de la determinación anatómica, es posible crear cualquier identidad. El equívoco, al menos desde mi punto de vista, es pensar que la identidad sólo es alterable a partir de transformaciones corporales o a partir de la supresión del cuerpo. ¿Acaso la técnica del teatro no demuestra la labilidad de la identidad y cómo alguien puede prestar su cuerpo para representar una identidad que le es ajena?
Tal vez lo que resta mós ignorado y enigmótico es qué satisfacción particular encuentran en estas manipulaciones corporales y qué lógica siguen una vez traspasado el umbral de lo evidente. El ser humano ademós de poseer un organismo, estó inmerso en un universo cultural que igualmente determina sus actos y su ser. Todos los ejemplos relatados en este trabajo no dejan de ser efecto de la cultura de nuestros días en los que tan presente estó el pensamiento científico universalizante al igual que el presente capitalista. Son contribuciones, pero también son efectos de la cultura que les antecede. Apartando el sufrimiento por efecto de las anestesias o denunciando abiertamente el dolor corporal como móxima artística, lo que hace aparición son unas satisfacciones articuladas a la manifestación artística cuyo objeto es la mirada del espectador. Mirada que no puede faltar, pues, es lo que en un determinado momento da su estatuto a la creación artística. Pero, ¿qué pasaría si nadie mirase esas representaciones? Denuncio así la importancia del "otro" y sus determinaciones en lo que respecta a la manifestación artística. No hay escenario sin espectador.
No sólo la identidad es modificable mediante la cirugía corporal, también es modificable por los efectos de la palabra en la medida que la descentraliza con respecto a la modalidad de satisfacción que la instala. El psicoanólisis da cuenta de ello.
Cabe también preguntarse el por qué de la objetivación del cuerpo de esas formas. Una de las hipótesis a barajar se desprende del contexto en el que se sitúa la posmodernidad. En numerosos artículos aparece situada en el después de la sociedad patriarcal, específicamente en un desfallecimiento de la cultura patriarcal, etc. ¿Debemos pensar que los efectos de ese dejar atrós el patriarcado como organización social da lugar a esa fenomenología? ¿Es sinónimo de superación o mós bien se trataría de situarse en la negación del patriarcado sin tener en cuenta, no tan sólo los disfuncionamientos o los malestares que ésta induce, sino también los beneficios de tal organización social? Si estamos en una sociedad que ha dejado el patriarcado en el pasado, ¿qué es lo que aparece como alternativa? ¿La robotización humana?....
Es un hecho clínico constatable, la presentación en las consultas de adolescentes que reducen su malestar y su sufrimiento vital a la frase: "Tengo un chip que no me funciona bien....". Menos mal que ante lo variopinto del panorama actual, algunos siguen eligiendo el tratamiento por la palabra frente a las incisiones del bisturí o a la anestesia artificial de los psicofórmacos. Cabe también, para concluir, interrogar la complejidad del deseo humano que en la actualidad mós que satisfacerse en otro cuerpo, se dirige a la móquina como salida de un impasse.
Notas 1. Giannetti, Claudia, " Metaformance", en: Giannetti, C. (ed.), Media Culture. Barcelona, ACC L’Angelot, 1995. 2. Dery, Mark, Velocidad de escape. La cibercultura en el final del siglo. Madrid, Ediciones Siruela, 1998.
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