Conciencia del momento.
Considero que en general tenemos miedo de que las cosas se cumplan. De que se cumpla lo que pensamos, lo que queremos. Este miedo nos resta valor. Nos hace vulnerables a las trampas que creamos en el proceso de hacer planes, pensar en el futuro... cosas que, en el fondo, no hacen otra cosa que crearnos un intervalo de tiempo tan largo,tan grande, que nuestra propia conciencia no es capaz de mantener el control sobre lo que va a pasar. Por esta razón entramos en pánico de una forma u otra. Nos asustamos de lo desconocido. De lo que está por surgir. Y de esta forma se instala dentro de nosotros una especie de miedo constante que llega a estar tan presente que ni nos damos cuenta. Es un miedo bien tapado, bien disfrazado, bien camuflado.
Tenemos una tendencia involuntaria a “correr” en la vida. A hacer planes encima de otros planes y olvidamos valorar y sentir lo que vivimos en el momento. Es como vivir en el futuro. Y también nos refugiamos en el pasado. Siempre estamos a nivel mental en todas las partes del tiempo, menos en el presente. Vivimos el “ya” después. Y este mecanismo des-calibrado, que tiene que ver con la percepción y la posibilidad de vivir el momento, crea continuamente un desequilibrio dentro de nosotros mismos. Mismos, que existimos gracias a nuestros pensamientos, los que definen nuestra forma de ser como seres inteligentes.
Tomar decisiones relacionadas con el mañana implica futuro de una forma u otra. Porque el futuro está creado por y de nuestras decisiones, que son resultado de los pensamientos y de las ideas. Y para que éstas se desarrollen necesitan un espacio, una pantalla para proyectarse, es decir, el futuro. Además, en el futuro creado por nosotros mismos, mientras estamos caminando, perdemos el control. Y el control sobre los hechos que tienen que surgir o que nosotros esperamos que surjan, se pierde justo porque vivimos en una naturaleza que se está modificando constantemente. Se modifica porque hay otras decisiones externas que muchas veces no coinciden con las nuestras. Se crean otras variables que entran en nuestra ecuación y que de una forma u otra, cambian las direcciones iniciales del plan de cada individuo.
Se tiene que aprender a mantener bajo control el pensamiento individual, buscar una forma de vivir el momento lo más cercano al “presente”. Es decir: vivir y disfrutar de la vida ahora. Se tiene que mantener el momento. El presente. De esta forma se puede conseguir con mucha facilidad una tranquilidad más profunda, una forma de bienestar más clara. Más concreta.
La forma mas fácil de vivir y sentir el momento es encontrar una forma de mantener claramente en la conciencia un extra pensamiento pegado a nosotros mismos que nos recuerde a menudo que la vida se tiene que vivir ahora. Día a día. Hora a hora y minuto a minuto si es posible. Es como poner un supervisor por encima de nuestro propio pensamiento. Sólo entonces podemos valorar de verdad el tiempo que tenemos a disposición, eliminando de esta forma el peso constante, casi invisible pero perceptible, del paso del tiempo.
Porque el tiempo es una forma de estrés. Una forma de crear miedo, de crearnos miedo. En el fondo, el tiempo es relativo, cada uno percibe el tiempo de su forma particular. Y justo por su relatividad, por su inestabilidad, es una fuente de estrés. Trabajar siempre con un valor cambiante cansa. Dejar de mantener el control sobre el momento presente es como dejar el mando de un avión lleno de pasajeros en las patas de un perro. Es pura deriva. Imprudencia. Así se crea una forma de caos.
Cuanto más nos alejamos de la base, más perdemos el control de nuestra nave. Tenemos unas incalculables posibilidades de fracaso, de sorpresas, buenas o malas. De situaciones inesperadas que en el fondo no hacen nada más que desequilibrar el camino, la idea y el plan inicial.
Además, para que todo este mecanismo de crear miedo - la relación con el tiempo- se ponga en marcha, no hace falta que las cosas planificadas se cumplan o no. El subconsciente humano ya está asustado por encontrarse tantas posibles “posibilidades” delante aunque no siempre el individuo es consciente de ello.
El miedo con que el tiempo nos carga es un miedo sutil. Como un hilo invisible de tela muy resistente. Es un miedo suave, constante, como un río que fluye por debajo de la tierra, sin ser conscientes de él.
Inconscientemente todos tenemos esta carga, esta presión creada por la fluidez del tiempo. La inseguridad del mañana, la frustración del pasado, el aburrimiento del presente, el lanzamiento en el mañana. Todo esto nos aleja del momento presente. Simplemente nos aleja del ser conciente del momento.
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