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Censura y control de contenidos de Internet en el mundo. La Nueva Geografía y las cifras de la Sociedad de la Información

Sebastián Cáceres en Fundación Auna

Lunes 6 de junio de 2005, por ediciones simbioticas


Con el pretexto de defender la seguridad nacional o preservar la unidad o valores nacionales, muchos gobiernos han optado por impedir a sus ciudadanos un acceso libre a internet. La mayor parte de estos países se encuentran localizados en África y Asia, en especial en Oriente Medio y Asia Central, aunque también países de otros continentes, como Cuba o Ucrania, continúan ejerciendo algún tipo de control sobre los contenidos de la Red.

Son pocos los esfuerzos de apertura hechos por estos gobiernos en los últimos años y las políticas, en general, se han diseñado con el fin de intensificar las acciones de represión y censura. Se trata, normalmente, de gobiernos autoritarios, que no sólo controlan el uso de internet sino que acostumbran a tener bajo su supervisión todas las formas de medios de comunicación e información.

En los países árabes, en especial en los del Golfo, las autoridades buscan bloquear los sitios con información que pueda ser contraria a los valores islámicos o que objete la provista por los medios oficiales, controlando los ISP, de forma directa o indirecta. Los saudíes comenzaron a ofrecer servicios de Internet al público después de pasar dos años aprendiendo a proveer “información útil” –descartando multitud de temas, desde música rap ofensiva hasta críticas a la familia real–, habiéndose prohibido un total de 400.000 sitios web desde 1999. Durante el año 2001, su Gobierno endureció aún más las reglas de censura de contenidos en Internet.

En Omán, informes internacionales aseguran que la policía utiliza Omanianet para conocer las inclinaciones políticas de la gente, cuando éstas se revelan en salas de chat que debaten reformas políticas u otros temas sensibles. El único ISP de Emiratos Árabes Unidos filtra sitios seleccionados y existe la preocupación de que las empresas trabajen en colaboración con las autoridades para conocer lo que la gente dice, escribe o lee en la Red, incluso dentro de sus correos electrónicos. El control es también frecuente en Bahrein, Qatar y Kuwait y también fuera del Golfo, en Siria, Libia y Sudán. En estos últimos países, el uso se restringe, básicamente, a sitios públicos de acceso.

En varios países de la antigua Unión Soviética también es común el bloqueo y filtrado de sitios web, normalmente por causas políticas. En varios de los del Asia Central, las conexiones internacionales de internet deben pasar por servidores del Gobierno y se bloquea, en general, el acceso a sitios web disidentes o críticos con el Gobierno. En Ucrania, el Gobierno contrató, a finales de 2001, a unos 3.000 expertos informáticos, con el fin de diseñar técnicas de control efectivas.

La falta de una oferta amplia de contenidos y el temor generado por las políticas de control implantadas por estos gobiernos sólo han logrado reducir el interés de sus sociedades por las ventajas propias de la Sociedad de la Información. Como consecuencia, las regiones se incluyen hoy entre las más rezagadas del mundo con relación al uso y penetración de estas nuevas tecnologías, y sus ciudadanos se diferencian cada vez más de los de otras regiones en desarrollo, como Iberoamérica o Europa del Este.

En algunos países del Este Asiático, como Malasia o Singapur, los gobiernos han preferido, en cambio, abandonar sus políticas intervencionistas y han decidido favorecer el uso intensivo de las nuevas tecnologías. En Myanmar (Burma), la Junta Militar ha flexibilizado, a finales de 2002, algunas restricciones sobre los contenidos y se espera que el número de usuarios se multiplique por 10 en sólo dos años. Y en Vietnam, donde actualmente operan 4 ISP estatales, se incorporará en 2003 uno de carácter privado.

Un análisis aparte merece el caso de China, un país en el que los controles sobre contenidos y usuarios pueden calificarse como los más extremos, pero en el que al mismo tiempo se exhiben las cifras de crecimiento en la adopción de las TIC más altas y destacadas del mundo. En el caso de los usuarios de internet, éstos se han multiplicado por más de cuatro en sólo tres años y se espera que supere en el año 2003 a la población japonesa de internautas, actualmente la segunda del mundo. Un punto que debemos destacar es que el crecimiento se ha distribuido de modo equitativo y a principios de 2003 más de 20 provincias –además de Hong Kong– superaban ya el millón de internautas.

Las líneas telefónicas han experimentado un nivel de crecimiento aún más espectacular. En sólo diez años, entre 1991 y 2001, el número de líneas telefónicas –fijas y móviles– ha pasado de poco más de un millón a más de 300 millones. Actualmente es el país con mayor número de móviles y el segundo en líneas de telefonía fija. Se calcula, además, que entre 2002 y 2006, los ciudadanos chinos reemplazarán o agregarán 150 millones de nuevas líneas de telefonía fija, el triple que EE UU, transformándose en el número uno del mundo también en líneas fijas. Y no sólo ha crecido la demanda, sino también la oferta. El número de sitios web de la “China World Web” ha pasado de poco más 15.000 en 2000 a cerca de 400.000 en la actualidad. Entre 1996 y 2000, las exportaciones de productos de alta tecnología se quintuplicaron, alcanzando los 37.000 millones de dólares. Muchas de las empresas con base en Taiwán y Japón han decidido trasladar sus matrices a China, y las principales compañías de tecnología cuentan ya con centros locales de I+D. Estos fenómenos resultan aún más sorprendentes si se tiene en cuenta que hasta diciembre de 2001 el país no pertenecía a la Organización Mundial de Comercio.

Sin embargo, no todos los aspectos relacionados con la Sociedad de la Información en China son positivos. El Gobierno chino es uno de los que mayor control ejerce sobre los contenidos a los que se puede acceder, y de los que reprime con mayor dureza el uso “indebido” de los mismos. Desde 1995, año en que se permitió por primera vez el uso comercial de internet, al menos 60 leyes se han sancionado con el fin de controlar los contenidos on-line. Entre las medidas, todos los usuarios de internet deben registrarse en su comisaría, en los treinta días posteriores a la apertura de una cuenta.

Según las organizaciones de derechos humanos, más de 30.000 personas se encuentran empleadas actualmente, controlando sitios web, salas de chat y correos privados. Aunque la mayor justificación del Gobierno para la censura es evitar la proliferación de pornografía, un estudio ha encontrado que sólo el 15% de los sitios web más populares en esta categoría han sido bloqueados, en comparación con un 86% en Arabia Saudí. De acuerdo al mismo estudio, los internautas chinos no pueden acceder a unos 19.000 sitios web, con contenidos mayoritariamente disidentes o prodemocráticos.

Los principales sitios de Taiwán no son accesibles desde China, como tampoco lo son los del grupo Falungong (un movimiento espiritual que podría tener hasta 100 millones de seguidores dentro y fuera de China), ni los de los activistas tibetanos en el exilio (la actual provincia del Tíbet, ubicada al sudoeste del país, es una de las que menos internautas tiene) u otros grupos disidentes. Los sitios con combinaciones de palabras del estilo “democracia” y “China”, y los sitios informativos más importantes de EE UU, el Reino Unido y Francia tampoco son accesibles desde China.

La censura se ejerce, principalmente, utilizando filtros y software de bloqueo en las líneas que poseen los nueve principales proveedores de acceso a internet (IAP) que controlan prácticamente todas las conexiones físicas entre China y el resto del mundo. Los usuarios experimentados, sin embargo, a menudo utilizan servidores proxy (sitios web en el exterior que les permiten acceder a sitios bloqueados).

Las políticas de represión del Gobierno se complementan con arrestos (unos 30 “ciberdisidentes” se encontrarían detenidos actualmente, algunos con condenas de varios años y otros sin juicio celebrado, después de años en prisión ) y amenazas a los operadores y dueños de cibercafés. Unas 20 provincias cuentan ya con brigadas policiales, entrenadas en la persecución de internautas “subversivos”.

Frente a todas las consecuencias posibles, individuos y organizaciones disidentes con base en el exterior han comenzado a utilizar soluciones innovadoras, buscando evitar que el intercambio de información con los internautas dentro del país no arrastre consecuencias indeseadas a los mismos. Una de las herramientas más efectivas es, paradójicamente, el spam, ese tipo de correo no requerido, cuya recepción en cualquier otra parte del mundo se pretende evitar.

En cualquier caso, el Gobierno chino deberá decidir, y en un tiempo relativamente breve, el problema que subyace a la existencia de dos objetivos contradictorios entre sí: por un lado, el deseo de mantener el control sobre toda la información que entra o sale de China; y por otro, el de aprovechar todo el potencial económico de internet y los beneficios propios de la Sociedad de la Información.

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