Se ha observado un considerable progreso conceptual en la consolidación de una auténtica economía ambiental al combinar la economía y la ecología onvencionales. La importancia central de las funciones vitales que tiene el ambiente natural (Odum, 1975) para el desarrollo económico y la sustentabilidad ha pasado a la economía a través de la ecología, y han comenzado a ser analizadas tanto teórica como empíricamente. Esto ha dado lugar, en parte, a la terminología de capital natural y capital fijo. Contra los supuestos de la teoría económica tradicional, los economistas ecológicos los ven a ambos como fundamentalmente complementarios. El capital natural y sus bienes y servicios derivados se consideran como precondiciones o bases del desarrollo económico. Los economistas ecológicos reconocen que no es posible para el ingenio humano crear capital fijo sin el sostén del capital natural (Daly, 1990). Sin embargo, tampoco lo es analizar la sustentabilidad centrándose solamente en el capital natural y el de factura humana. Para lograr una conceptualización más completa de las relaciones entre economía y medio ambiente se necesita una tercera imensión, que aquí se denomina capital cultural. Desde una perspectiva sistémica, los tres tipos de capital se hallan estrechamente interrelacionados y deben ser considerados en conjunto como elementos esenciales para el análisis de la sustentabilidad.
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