Ayer fue 11-M en España.
Una amiga me propuso guardar “el” minuto de silencio por las personas asesinadas hace un año en Madrid.
Sindicatos y partidos me propusieron que fueran cinco minutos.
El obispado de Madrid hizo repicar las campanas de la Comunidad.
Los Reyes y los "principales" políticos asistían al funeral y hacían declaraciones y discursos.
Los medios de comunicación han estado toda la semana aprovechando el tema para cubrir su programación y atraer anunciantes y espectadores.
En Valencia se suspendía la "mascletá" de ese día.
Las estaciones de tren se llenaban de coronas de flores, velas, lazos,...
¡Y los familiares de las víctimas habían pedido que los dejaran en paz con su dolor y su luto! Sólo ellos se negaban a participar en toda esta parafernalia. ¡Qué casualidad! los afectados. Pero sus peticiones no sirvieron para interrumpir el circo que se había montado.
Vaya por delante mi sentimiento de pena ante barbaridades como los atentados terroristas y mi repulsa y rechazo ante cualquier violación de los derechos humanos venga de donde venga.
Pero me asusta la importancia que el culto a la muerte, a las conmemoraciones de las salvajadas, al ritual vacío aprovechando esas circunstancias, está adquiriendo en nuestro tiempo.
Me recuerda el final de “nuestra” guerra civil cuando se conmemoraba anualmente el día de los caídos por Dios y por España, pero sólo los de un bando, abriéndose aún más la brecha que separaba a nuestros padres y abuelos.
Me recuerda las celebraciones de las sociedades fascistas y/o totalitarias tratando de unir a una población en unos actos colectivos destinados a masificar y a extender el pensamiento único sin posibilidad de reflexión al margen de los eslóganes y las pancartas.
Y el papel de los medios de comunicación sólo lo encuentro explicable desde el negocio con el dolor y los sentimientos de los demás seres y la obediencia al poder establecido.
Da igual lo que digan las asociaciones de afectados. Hay que montar el tenderete mediático aún en contra de su voluntad. Ya no basta con “grandes hermanos”, han encontrado en los especiales, documentales, seguimientos informativos, entrevistas,... sobre las tragedias colectivas , aunque se trate del recuerdo de las tragedias y no de las tragedias mismas, un filón irrenunciable y socialmente aceptado. Han redescubierto la carga emocional que contienen y la atracción que ejercen sobre las personas y lo emplean a fondo. ¡Qué obscenidad!
Además, las utilizan para dar una imagen de solidaridad y de servicio a la población cuando lo que están consiguiendo realmente es aumentar sus índices de audiencia y repetirnos una y otra vez la doctrina oficial sobre le tema. Aprovechan la sensibilización de la población y sus sentimientos ante estos acontecimientos para engancharnos a su programación, para adoctrinarnos con las verdades políticamente correctas ante las que no cabe la discrepancia al imbricarlas con el dolor.
Me asusta verme saturado, rodeado permanentemente de imágenes, sonidos, textos, sollozos, canciones,... monotemáticas y repetidas sobre la muerte pasada, imágenes y contenidos que invadieron todos los espacios de los medios de comunicación a todas las horas de este 11M.
Pienso que algo de enfermo hay en ese recrearse con los hechos catastróficos lejanos en el tiempo y me asusta.
Pienso que otro mundo mejor es posible y para ello debemos superar el dolor, la tragedia, la muerte, dejar que los que ya no están descansen en paz, y soñar con ese otro mundo posible y con la vida que continúa.
Pienso que merece la pena llenar los espacios que nos envuelven con celebraciones de la vida, de la discrepancia, del respeto, de la libertad, del compartir buenos sentimientos y mirar para adelante para avanzar hacia ese otro mundo, dándole la espalda a los mercachifles de las tragedias ya pasadas, a los políticos y a las asociaciones religiosas que intentan utilizarlas para su propio beneficio.
Pienso que habría que invertir las mismas energías que se dedican a recordar los acontecimientos pasados en solucionar las tragedias presentes (hambrunas, niñas y niños soldados, violaciones, guantánamos, cubas, guerras, muertes por faltas de medicamentos, desigualdades sociales,...) y ante las que muchos de esos personajes prefieren volver la espalda.
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