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Axiomas y tragaderas

Antonio Aramayona en El Periódico de Aragón

Viernes 30 de septiembre de 2005, por ediciones simbioticas


Tiene quince años y hace unos días expresaba en una clase de Etica cuál era su mayor deseo: tener mucho más dinero del que pudiere gastar. En esos momentos, aquel muchacho estaba expresando las metas y los valores de la ideología neoliberal como si fuese lo más normal del mundo: no sólo hay que vivir muy bien y tener cubiertas con holgura todas las necesidades, sino tener dinero sin límite ni medida (de paso, los demás no existen y, si existen, que se busquen la vida como puedan).

Cada vez se dice más a menudo que nos vayamos preparando para lo peor. Cada vez oímos con más resignación que se avecinan malos tiempos. Antes, los países desarrollados presumían de haber alcanzado un determinado nivel en el "estado de bienestar". Ahora, nos advierten de que vale ante todo el "sálvese quien pueda". Y la salvación está en el dinero: vales lo que tienes; cuanto más tienes, más vales; si apenas tienes nada, eres casi una nulidad.

Un gran becerro de oro, gordo y orondo, impera hoy en el centro mismo de las sociedades "desarrolladas": el mercado, lo privado. Se da por supuesto que lo público no funciona o funciona peor, mientras que las leyes del mercado, apasionado amante de lo privado, garantizan que todo va a ir viento en popa: seguridad privada, empresas de contratación laboral privadas, fondos individuales de pensiones, servicios de limpieza privados, enseñanza privada, sanidad privada. El sistema se encarga con esmero de que asumamos tales supuestos como si se tratara de axiomas, es decir, verdades ciertas, evidentes, e incontrovertibles, sólo cuestionadas por estúpidos o por locos, y que debemos sólo deglutir y digerir. De ahí que vaya en aumento la cantidad de personas con unas tragaderas enormes.

EN ESTE REINO de taifas de lo privado, nos invitan a colocarnos el chaleco salvavidas (previo pago de su importe) y esperar que una barcaza privada (previo pago del billete) nos salve del naufragio. A quienes no pueden pagar ni chaleco ni barcaza les queda la posibilidad de resignarse y agradecer lo que alguna asociación benéfica tenga a bien darles caritativamente. Eso sí, los ideólogos del mercado reclamarán al Estado que se haga cargo de la sanidad, la educación, las pensiones y los entierros de esos miserables.

El mundo cada vez se divide más en el de los listos, guapos y ricos, y el mundo de los mediocres, perdedores y grisáceos. Estos son mayoría, pero como tienen poca iniciativa, pocas luces y mucha pereza, les resta como salida agachar la cabeza y aceptar los axiomas sociales, es decir, las leyes del mercado. Los perdedores también dispondrán de unos servicios sociales mínimos, pero la sanidad, la educación, las pensiones y los servicios sociales de calidad estarán al alcance sólo de quienes puedan pagarlos. Asimismo, deberán aceptar que tienen la culpa de todo: no saben prosperar y vivir bien. ¿Fulano gana en un año o en un mes lo que muchos otros en una vida? Bien, que aprendan de Fulano. ¿Una empresa tiene un 20% más de beneficios (una hipermillonada) que el año anterior y los salarios cada vez están más depauperados? Claro, así es el mercado. Come, traga y calla.

NO HAY QUE discutir, son axiomas. Sólo hay que tener tragaderas y rendirse a las evidencias. Antes, el progreso tendía a expandirse, a pertenecer y beneficiar al pueblo. Ahora el progreso, como todo, está sometido a las leyes del mercado, y el mercado sólo demanda seguridad y orden. Anda, abre la boca, calla y traga.

En la actualidad, por ejemplo, aparece regularmente un político desmintiendo que esté en peligro el fondo de pensiones de la SS, lo que lleva a más de uno a pensar que cuando dicen que el río no suena, quizás es porque está oyendo que lleva agua. El hecho es que ahora la gente flexibiliza y aumenta sus tragaderas y casi todo el que puede se financia un plan individual de pensiones por si se queda colgado sin un duro o con una pensión escuálida en su vejez.

Seguramente, con el pasotismo y las tragaderas existentes hoy en numerosos estratos sociales, trabajaríamos doce horas diarias, siete días a la semana, 365 días al año, sin vacaciones, bajas por enfermedad o regulación alguna. Por suerte, desde hace más de un siglo muchas personas honestas y valientes no se arredraron frente a las supuestas leyes del mercado y lucharon por que los ciudadanos, los trabajadores, tuviésemos los derechos y la situación que actualmente disfrutamos. Aunque en realidad no fueron aquellos hombres y mujeres quienes consiguieron activamente nuestros derechos. Fueron los Reyes Magos.

*Profesor de Filosofía

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