Quizá el mayor problema de la visión neoliberal sea haber eliminado de su horizonte la importancia del tamaño del mercado interno para el crecimiento. El discurso basado en la apertura parecería querer centrar ese crecimiento en elmercado externo, bajo la premisa, por demás absurda, de que el mercado externo por ser más amplio que el mercado interno brinda mayores oportunidades, y que en él se generarían las economías de escala que se requieren para una inversión más intensiva. Con este discurso se trata de legitimar la presión por abrir las economías nacionales y poner al servicio del capital transnacional sus mercados, que no son sólo de consumidores, sino también de "factores" de la producción, es decir, recursos naturales que constituyen insumos y fuerza de trabajo. La ideafuerza de la globalización corporativa es que la apertura de las economías desencadena un conjunto de fuerzas que actúan a través del mercado y que contribuyen a ampliar la escala en la que los productores planean su producción y toman decisiones. Esta idea es cuidadosamente presentada como "científica" por los tecnócratas de las empresas, la academia, los gobiernos y los llamados organismos multilaterales, burocracia ésta que suele circular entre un espacio y otro, como si lo público y lo privado fueran simplemente ámbitos intercambiables para servir a los patrones globales.
En esta visión las economías que se autoexcluyen de un proceso irreversible e inevitable sólo renuncian a las oportunidades que brinda la globalización, pero no podrán impedir quedar "integradas" (atrapadas, de hecho) a un mercado global que ya no puede reconocer fronteras. No deja de resultar curioso que en este mundo "sin fronteras económicas" las estrategias de seguridad nacional se hayan constituido en el vértice articulador del conjunto de la política, la economía y las estrategias militares, que terminan sólidamente unidas. Los autoexcluidos son populistas, estatistas, intervencionistas, enemigos del libre mercado, desubicados que no han podido comprender la nueva dinámica de la economía que se erige como ley natural.
En esta concepción que tiene la presunción de no ser ideológica, los "recursos" que mejor pueden aprovechar las economías que adolecen de capital y conocimientos son sus materias primas y su mano de obra, es decir sus riquezas naturales y humanas. Los empresarios del mundo se han unido en un sólo grito: retiremos todo obstáculo para que la ciencia económica pueda imponer su lógica de distribución, sabia y eficiente. Esto, por supuesto, no se considera como ideología, sin embargo es una entera fantasía, porque aunque se lograran abrir las economías del mundo apoyados en la extorsión económica del endeudamiento y de la inversión extranjera directa (resultantes de los préstamos otorgados para aliviar la carencia de capital) y en las maniobras del FMI, el Banco Mundial y la OMC, jamás se podrá lograr esa economía en equilibrio, liberada de las crisis, de los desajustes y de las inequidades. La treta ideológica, sin embargo, sirve para facilitar el acceso del capital a los ecursos naturales y una mano de obra que se mantiene abaratada con base en el desempleo. El capital, sin embargo, está urgido de legitimidad y trata de dar sustento legal a su derecho a explotar y preservar unas ganancias que cada día resultan más absurdas e injustificables en un mundo donde lo que más rápidocrece es la pobreza y la miseria, a pesar de la celeridad con la que la ciencia aporta capacidades, que perversamente no se usan para la solución de los problemas de la humanidad sino para acelerar la acumulación del capital. Por eso, cuando los capitalistas dicen que por adelantar el capital para pagar a los trabajadores, generar la infraestructura productiva (que la más de las veces la genera en realidad el Estado con nuestros impuestos), dotar a las instalaciones fabriles de equipos, materiales e insumos para que el trabajador pueda hacer "productiva" su energía y correr el riesgo de que el proceso fracase, tienen derecho a obtener una plusvalía, tratan de soslayar un hecho ineludible: ningún material puede crear riqueza por muy bien organizado y estructurado que se encuentre, sin el concurso del trabajo. Esta verdad es tan ineludible, que hasta ellos mismos la reconocen y se desesperan por destruir a los trabajadores como clase social y constituirlos en un estamento funcional, que cumple tareas específicas como la pueden cumplir los insumos y las máquinas. En la era de la información, esta percepción se agrava, porque ahora resulta que la fuente de la riqueza es el conocimiento y éste pertenece, en una sociedad fundada sobre la propiedad privada, a quien puede pagar por él. Una vez que los dueños del capital se apropian del conocimiento, pagando sueldos dorados a los científicos que trabajan para ellos como empleados de lujo los otros "factores de la producción" pierden toda relevancia efectiva. Si esta idea del "conocimiento" no es ideológica, entonces ha de ser religiosa.
La destrucción de la clase trabajadora se observa en as legislaciones laborales que se impulsan como parte de las reformas de segunda generación, para las que el Banco Mundial puso el cacumen ("conocimiento") y la imaginación de sus tecnoburócratas, así como en la expropiación de los ahorros de toda la vida de los trabajadores, a través de la liquidación de los sistemas de pensiones que se ha dado en llamar "privatización de la previsión social”, presentada como rescate de las manos del ineficiente Estado del ahorro de los trabajadores. Habría que ver en qué se gastó el gobierno esos recursos que sirvieron muchas veces de caja chica. ¿No estará por allí acaso la infraestructura sin la cual la inversión privada sería impensable, o los subsidios y exenciones y devoluciones de impuestos que recibe el capital?
En este contexto de profundización de la explotación del trabajo, el régimen salarial es uno más de los instrumentos que permiten al capital generar esa riqueza fantástica que se acumula cada vez en menos manos y que no gotea ni chorrea ni se derrama al resto de la sociedad, ni siquiera en la forma de gasto social, que es constantemente amagado en aras de generar "condiciones para competir mejor en la economía global". Entre otras, destaca un presupuesto público equilibrado. Habría que preguntar como conviven con su esquizofrenia esos tecnócratas del circuito dorado universitario del Ivy League, que crean el "conocimiento" en el que se sustenta la sabiduría económica neoliberal y que trabajan para unos organismos multilaterales que no pasan de formalismos frente al gigantesco déficit fiscal estadounidense, o peor aún de aquellos sabios que recomiendan a los países pobres disciplina fiscal, pero trabajan en la formación del abultado déficit yanqui, apoyando la guerra y los mecanismos de acumulación de los que forman parte el gasto militar del imperio.
Los intentos por destruir las conquistas laborales que datan de fines del siglo XIX y que se consolidaron durante el siglo XX al calor de las luchas obreras quearrancaron el Estado del Bienestar a los gobiernos de los países industrializados, pasan por el desmantelamiento de ese Estado del Bienestar y su deslegitimación bajo el epíteto de "populista" (por eso es tan irresponsable e ignorante atacar de "populista" sin ton ni son a todo aquel que no se aviene con el neoliberalismo). Están en cuestionamiento los derechos a agremiarse, a la huelga, a no ser despedido sin una compensación económica, y el general de los ejércitos del capital transnacional, George W. Bush, amenaza con desvincular a los empresarios de las aportaciones para los fondos de pensiones o jubilación, dejando ese ahorro de largo plazo en manos de unas empresas financieras que han mostrado poca consideración hacia el dinero ajeno. Está en cuestionamiento el derecho de los trabajadores a recurrir a una instancia mediadora en la que se diriman los desacuerdos entre capital y trabajo. Está en juego, esencialmente, el derecho a la protección del trabajador, en tanto los Estados desarrollados desenvainan sus mejores espadas a la hora de preservar el acceso a los mercados para sus empresas (¿que hacen los halcones de Washington en Irak, sino asegurar el control del negocio petrolero y gasero a las transnacionales yanquis en contra de las francesas y rusas? ¿Qué hace Putin cuando da marcha atrás con la privatización de Yukos enviando a la cárcel al empresario mafioso Kodhorkosky que se apropió con ayuda de Yeltzin del negocio energético de su país, sino reposicionarse en la nueva geopolítica del petróleo? ¿No influyeron acaso las presiones de Elf en la postura de Chirac y su gobierno sobre la guerra de Irak, cuando previamente apoyó la Guerra del Golfo, o de verdad creemos que era sólo una postura moral?). Por su parte los estados subdesarrollados, apremiados por los organismos llamados multilaterales se afanan en abrir sus mercados, utilizando la contracción recetada del mercado interno como incentivo para la reorientación de la producción hacia bienes transables.
China se ha convertido convenientemente para los corifeos del capitalismo en un ejemplo del que se toman convenientemente partes desarticuladas de una estrategia que no se termina de presentar en su conjunto para entender cómo ese país sobre poblado y atrasado repentinamente se convirtió en la mayor amenaza global para Estados Unidos. De China, el FMI y el BM nos cuentan acerca de sus políticas laborales, y aparentando cierto escándalo, sin embargo, venden eso como el eje articulador de su éxito económico. Es indudable que el Estado chino ejerce la explotación que ejerce el capital en los países capitalistas, como corresponde a una economía que se desliza al capitalismo aprovechando el atractivo que supone su mercado, especialmente después de recuperar Hong Kong. Pero se obvia convenientemente el hecho de que China ha sabido preservar la soberanía de sus políticas económicas a través de la planeación de largo plazo, otorgando un papel fundamental a la inversión pública. Así cuando el ritmo de crecimiento en sus principales mercados (Estados Unidos y Japón) se deterioró, se compensó el efecto negativo sobre las exportaciones con aumentos significativos en la inversión pública, con el propósito de que la tasa de crecimiento de su Producto Interno Bruto real en ningún caso quedara por debajo del 7% anual. En cambi9o cuando el crecimiento anual excedió el 10% anual se redujo la disponibilidad de créditos sin aumentar las tasas de interés, de manera que disminuyera el consumo superfluo y no afectar el ritmo de crecimiento de los precios. Por esa razón China tiene espectaculares tasas de crecimiento en su economía con una inflación baja y un elevado y creciente superávit externo, lo que demuestra que la propaganda contraccionista del FMI es una auténtica falacia, cuando no una estafa.
Los rentistas tercermundistas llamados empresarios que asolan nuestros países, se embelezan con el modelito de sobreexplotación salarial argumentando el peligro chino y haciendo llamados de "conciencia" para asegurar la competitividad "de la economía peruana", dicen, cuando en realidad no les importa sino las ganancias de sus empresas. El TLC que negocia el gobierno Toledo, ha sido mostrado como nefasto para la economía peruana y ajeno al interés nacional, sin embargo, un puñado de empresarios con ensueños globalizantes presiona por su firma y apura los pasos en la reforma laboral para que haya consistencia entre la tarea que la nación deposita en sus hombros (insertar al Perú en la economía global) y las condiciones en las que acometerán con ella. Afortunadamente la lucha de clase fue un terrible error en el que se formaron políticamente los marxistas, algunos de los cuales hoy recuperan la conexión con la realidad y realistamente rectifican sus convicciones y se aprestan a entenderse con la burguesía consiente y honesta. Un primer paso fue valorar objetivamente las aportaciones de la ideología, perdón, el pensamiento liberal y reivindicar al mercado y sus cualidades regulatorias que se presumen no inhibitorias de la creatividad humana (¿por qué será entonces que hay tanto afán proteccionista cuando se trata de los derechos de propiedad intelectual? Ahhh, porque el conocimiento es la fuente de la riqueza.
La agresión sobre la clase trabajadora es el peor de los mundos para las burguesías de países sin capacidad de competir en la economía global. Si los empresarios peruanos fueran sensatos y tuvieran claros sus intereses estarían haciendo lo que un sector del empresariado mexicano, brasileño e incluso argentino hacen ahora al exigir la reactivación de sus economías superando las ataduras de una estabilidad macroeconómica estéril para movilizar el mercado interno, en el que realmente puedan encontrar espacio para alcanzar la escala en la que las inversiones en tecnologías resulten rentables. La dotación de infraestructura es clave y si el sector privado se niega a tomar el riesgo, tendrá que ser el Estado quien contribuya a su formación. Mal se ha hecho en privatizar y pero aún extranjerizar sectores de servicios claves para la producción, como la banca, el transporte y las comunicaciones, porque la probabilidad de que en adelante las inversiones en estos sectores se articulen de manera que el capital nacional se vea beneficiado son cada vez más remotas.
La reactivación del mercado interno pasa por mejorar la capacidad adquisitiva de la sociedad, no sólo del privilegiado círculo de altos ingresos que en general consume importado o simplemente fuera. Esa mejoría supone incrementos en los ingresos reales, no sólo nominales, de manera que van más allá -aunque ciertamente los incluyen- de los aumentos salariales. Pero, en ningún caso podrá lograrse castigando el salario o el poder adquisitivo con recortes en el gasto público en salud, educación, vivienda y previsión social.
Fernando Sánchez Cuadros México, D. F., 1 de enero de 2005
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